Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.
Para qué voy a contarte las veces que me he perdido hasta cambiar por dentro una palabra o un verbo, y elegir amar en lugar de miedo…
Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.
Para qué llevarte por esos tramos de oscurana donde el lodo se traga tus colores y te devuelve un nubarrón y una tormenta y un pincel polícromo para que pintes otro arco iris en tu cielo…
Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.
Para qué enseñarte el abismo en la noche gestadora de un nuevo día, si del temor oscuro pende siempre la estrella que te agarra y sostiene con su luz palpitante…
Toma el poema y la flor y la esencia.
Tómalos y verás extenderse las ramas
-sin dejar de ser raíz-
por descubrir otro fruto invisible
meciéndose en un soplo de viento.
Tómalos hasta que el aire se detenga
en la dulzura de una mirada,
hasta que el fruto sea deleite
en el paladar de tu alma.
Tómalos hasta que seas la savia
que estremece al árbol dormido
en la áspera corteza del tronco.
