Voluntad de reinventarse

Pensé que el peregrino viaje tocaba a su fin,
que había llegado al límite de las fronteras
y de los sueños.

Pensé que la senda se extinguía bajo los pasos,
como un sueño, harto de soñar,
se dispersa con el despertar.

Pensé agotadas las provisiones de empeño
y de ilusiones,
y abordaba el momento de las despedidas
con miradas taciturnas…

Pero la voluntad rehúye las tumbas;
no acepta un final sin punto de comienzo.

¡Y fíjate cómo suceden los ciclos!

Cuando los viejos dichos languidecen en el crepúsculo,
las nuevas melodías cantan al sol de la alborada.

Donde los viejos caminos se borran,
los pies de ahora abren una vereda
bordeada de des-conocimiento y de misterio.

Mientras se desdibuja la faz de antiguas quimeras,
las nuevas arrugas dibujan el mapa
de un rostro más verdadero…

Los pasos necesarios

He llegado a la conclusión de que me limito
cuando perfilo mis anhelos para el futuro.
La vida siempre me ha sorprendido ofreciéndome
más de lo que mi imaginación puede abarcar.

Así que he acabado por rendirme.
Me rindo ante la evidencia de que los zapatos de hoy
(las necesidades de hoy)
no encajarán en los pies del mañana.

No, no son los zapatos los que hacen el camino,
sino la voluntad actualizada en cada día
de dar los pasos necesarios para andarlo…

Regalos de la voluntad

Después de superar resistencias localizadas en un despertador que no escuché a las 6 de la mañana,
en la lluvia resbalándose por el cristal donde asomaba un domingo plomizo
y en los kilómetros de desplazamiento hasta La Seu d´Urgell, donde se ha celebrado la Fira Consciencia`t,
finalmente activé el ¡Sí! que días atrás lanzara como una flecha para estar ahí donde tanto me estaba costando llegar…

Y ¡Sí! llegué, y agradecí a lo largo de la jornada por tantos encuentros entrañables que se dieron en la comunicación, a veces verbal, a veces en un cruce de miradas que florecen en sonrisas al encontrarse…
Y es que sucede que a veces nos paramos a buscarnos y otras nos despedimos en la fugacidad del segundo que nos permite reconocernos.
Y no hay más que decir porque dos silencios se han hablado y dos miradas se han visto.

Y sucede también que a veces viene la voluntad acompañada de regalo tangible, un libro peregrino que una sonrisa pone en mis manos…

Ahí siento la magia de los símbolos, pues me veo peregrinando de aquí para allá con mis criaturas literarias y, al abrir este libro peregrino, leo sus arrugas en mi piel y las notas garabateadas de los márgenes hacen eco en mi discurso interno, mientras los subrayados acentúan esa idea original que algunas veces se me borra en el trazado de los días.

Esa voz que me dice desde adentro del corazón, y desde el párrafo de un libro que ha recorrido incontables kilómetros para llegar a mi puerto:
Tus resistencias conservan lo que tienes, pero ¡mira! mira cuántos regalos te ofrece la voluntad, el ¡Sí! que sostienes en cada paso ante lo impredecible…

El único paso

Soy un fuego, una flecha y un destino,
y soy las tres cosas al mismo tiempo.
A veces me vivo como llama encendida en el pecho,
a veces como proyección, propósito o proyecto,
a veces como culminación de una meta que le da su razón de ser al impulso primero y al recorrido.
Pero soy las tres cosas en un mismo instante.

Soñé con una montaña enorme que se alzaba como una masa densa ante mi cabeza doblada hacia atrás, atisbando sus cumbres.
El fuego de la voluntad se extinguía ante la lejanía inalcanzable de mi destino;
pesaban mis huesos como esa misma mole de piedra en cada intento por escalarla.
Pero la cima me alentaba impasible desde lo alto, diciéndome:
“solo tienes que dar un paso, el paso de ahora, el único paso…”
Sonreí a la cúspide y ya dejé de mirar hacia arriba.
Sencillamente di un paso y otro y otro.

No sabría decir a ciencia cierta cuántos pasos dieron mis pies antes de que se diera el cambio de percepción.
¡La montaña me estaba entregando su fuerza!
Yo era una misma con la montaña.
Y, sin darme cuenta, ya estaba en la cima, liviana como la cima.

Desde allí, desde las alturas, atisbé el recorrido y pude ver al fondo de la ladera a una mujer cansada con la cabeza doblada hacia atrás, mirando en mi dirección.
Desde allí le envié el mismo aliento que yo recibiera antes:
“solo tienes que dar un paso, el paso de ahora, el único paso…”
Sentí su sonrisa en mi corazón y comprendí que ella y yo éramos la misma, en un mismo instante.
Un mismo fuego, una misma flecha y un mismo destino…