Pensé que el peregrino viaje tocaba a su fin,
que había llegado al límite de las fronteras
y de los sueños.
Pensé que la senda se extinguía bajo los pasos,
como un sueño, harto de soñar,
se dispersa con el despertar.
Pensé agotadas las provisiones de empeño
y de ilusiones,
y abordaba el momento de las despedidas
con miradas taciturnas…
Pero la voluntad rehúye las tumbas;
no acepta un final sin punto de comienzo.
¡Y fíjate cómo suceden los ciclos!
Cuando los viejos dichos languidecen en el crepúsculo,
las nuevas melodías cantan al sol de la alborada.
Donde los viejos caminos se borran,
los pies de ahora abren una vereda
bordeada de des-conocimiento y de misterio.
Mientras se desdibuja la faz de antiguas quimeras,
las nuevas arrugas dibujan el mapa
de un rostro más verdadero…
