Verdad

Cuando la verdad llegue a mi vida y se pare en el resquicio de mi casa, esperando el chirrido que abre las pesadas cerraduras de los postigos y puertas, oirá rumores agrietados en el sopor de los rincones, con presunción de que otra voz acude siempre al llamado.

Cuando la verdad llame de nuevo con sus gastados nudillos, abriré, y verá que en mi existencia no tiene cabida un saludo de bienvenida mientras que un adiós siga amodorrado en el viejo sofá de una habitación a oscuras, soñando con la luz que brilla en las rendijas.

Y pasarán los días, pero seguirán detenidos hasta que una palabra se ponga en pie con pura rebeldía, invitando a que la verdad entre y se escuche, por fin, entre las paredes de mi vida.

Verdad

Y entonces la Anciana me dijo:
«Es fácil errar en las medias palabras,
en las verdades a medias,
en el «sí pero no» del disimulo…
Es difícil hallar la certeza perfecta y redonda.
Y, aun acertando,
¡cuidado con la perfección que no deja entrar a nadie más!
Una vida es un mundo.
¿Qué haces tú para cambiar el tuyo?
Es fácil opinar de este mundo que está perdiendo la cabeza con sus juegos y sus guerras, o despreciar a quienes se alimentan de las sobras que reparte la solidaridad.
Pero en otros niveles, y al mismo tiempo, todos somos jugadores, tiranos y mendigos.
Así como sabe, cada cual remienda los harapos que cubren su soberanía rendida.
Así como puede, cada cual purifica la miseria adherida a su intachable apariencia.
Porque, eso sí, en todos los niveles y para cada cual:
TRANSPARENTE ES SIEMPRE EL TEJIDO DE LA VERDAD.»

Autoengaños

La vida no se construye en la base de ésta u otra formación,
de éste u otro oficio,
de esta geografía o aquel camino.
Se decide más bien en el soporte de la persona que decido ser,
en mi corazón, frente a mí misma.

Por eso el grado de sinceridad conmigo,
y en mí, es crucial, importantísimo;
por una razón sencilla:
porque toda persona que acepta engañarse a sí misma,
acepta también con igual o mayor medida
engañar y ser engañada por los demás.

La verdad no convive con el autoengaño,
ni camina junto a los cuentos que cuento
y acepto de los demás,
sencillamente porque una vida real
va dentro de un camino de Claridad.

Por el contrario, el autoengaño
es una geografía difusa,
una visión de corto o pequeño recorrido.

Algo así como si mis quejas, evasivas, justificaciones,
fuesen vereditas que me entretienen en lo otro,
abriéndome paso, a tientas, hacia esa quimera
que me hace pretender de todos menos de mí misma…

Imágenes proyectadas

En verdad, no me conoces.

Configuro una imagen que va conmigo
desde que salgo a la calle y saludo a los vecinos.

Y si en lugar de salir, entro en la Red,
remarco imagen sobre los muros virtuales.

Dentro y fuera,
¿cuánto tiempo del día piensas que hago imagen
y me relaciono con imágenes?

Tu atención alimenta mi imagen,
pero ¿cómo puedes apreciarme, valorarme, quererme,
si sólo ves la imagen que proyecto?

Quiero creer, sin embargo, que incluso en este laberinto de espejos puede nuestra mirada traspasar la periferia,
optar por el centro y,
viendo lo que veamos,
Vernos.

Esto es, sentir lo que somos
con natural resplandor y normal anochecida.

Entonces jugaremos al escondite como niños,
pero ya nos habremos encontrado
y será cierto que en verdad nos re-conocemos…

Lo que ahora es

Es verdad, son verdad las muchas cosas buenas de la vida y las muchas cosas genuinas de nosotros mismos. También es realidad ese otro laberinto de vías y encrucijadas y entresijos externos, del cual podemos sustraernos pero no irnos, sino con-vivirnos en la mejor forma que podemos y sabemos hacerlo.
Y es cierto que, observando la energía y el tiempo y el esfuerzo de cada paso por el día a día, veo que la con-vivencia hace acrobacias entre tantos contrastes que nos desplazan y sujetan en los extremos de la identificación, y ese afianzamiento en lo Único que Ahora Es, donde, ligeros de todo lo demás, podemos soltarnos, descansar, y vivir-Nos…

Me interesa tu verdad

Dice Oriah, Soñador de la Montaña:

No me interesa saber de qué vives,
quiero saber qué te conmueve y si te atreves a soñar con encontrarte con los anhelos de tu corazón.

No me interesa saber qué edad tienes,
quiero saber si te arriesgas a parecer un loco, por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa qué planetas están en cuadratura con tu luna.
Quiero saber si has tocado el centro de tu propia tristeza, si has sido abierto por las traiciones de la vida o te has cerrado ante los dolores venideros.
Quiero saber si puedes sentarte junto a tu pena, o la mía, sin intentar ocultarla, disimularla o acomodarla.
Quiero saber si puedes estar con alegría, la mía o la tuya. Si puedes danzar desenfrenadamente y permitir que el éxtasis te inunde hasta la punta de los dedos, de tus manos y tus pies, sin que nos adviertas de cuidarnos, de ser realistas, o de recordar las limitaciones de ser humanos.

No me interesa si la historia que me cuentas es verdad.
Quiero saber si puedes desilusionar a otro por ser veraz contigo mismo, si puedes soportar la acusación de traición sin traicionar tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser leal y por ende confiable.
Quiero saber si puedes ver la belleza aún en aquellos días en que parece ausente y si puedes ver tu presencia divina en la fuente de tu vida.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo o el mío, y aún así pararte al borde de un lago y, con un grito de plata, decirle ¡¡SI!! a la luna llena.

No me interesa saber dónde vives o cuánto dinero tienes.
Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de angustia y desesperación, dolido y magullado hasta los huesos, y hacer lo que has de hacer por tus hijos.

No me interesa quién eres ni cómo llegaste hasta aquí.
Quiero saber si te pararás en medio del fuego conmigo, sin echar un pie atrás.
Quiero saber si puedes estar sólo contigo mismo y si de veras disfrutas de tu propia compañía en los momentos vacíos.

No me interesa dónde o qué o con quién has estudiado.
Quiero saber qué te afirma desde adentro cuando todo se derrumba a tu alrededor…

Frente a la verdad del amor

(…) Las relaciones van pasando por nuestra vida, disolviéndose en el olvido para permitirnos el presente, como si las capas del tiempo no tuvieran preferencias y tratasen a todos por igual. El tiempo, sin embargo, no puede enterrar la esencia de lo vivido. No tiene fuerza suficiente para ocultar las huellas que quedaron marcadas en nuestro ser. Quien amó, nunca olvida que amó. Tal vez olvide a quién, pero en sí permanecerá para siempre, como una huella imborrable en su historia, ese sentir que le transformó en una persona mejor.

En alguna ocasión me pregunté si realmente amé, y todas mis relaciones desfilaron por la pasarela de la memoria, vistiéndose con mis miedos, dudas, desaciertos y una amplia gama de sensaciones.

Quizá lo mágico de cada relación es que nos ayuda a madurar y convivir con nuestras propias emociones, para, finalmente, dejarnos frente a la verdad del amor. Amor desnudo y tan completo al mismo tiempo. Amor sin justificaciones, ni disculpas, ni condiciones. Amor sin miedo ni atrevimiento…
Extracto del libro Girasoles al Amanecer