Comienzos hacia el Ser

Ya no es ilusión por lo que deseas que sea,
y cuando las cosas no son así
te caes una y otra vez en la desilusión…
Ahora se trata de presenciar lo que Es
y sostenerse en ese principio,
se presente como se presenten las cosas.
Y así, como comienzo,
discernir los noES de los síERES…

Hablando de principios,
no existe un solo comienzo sino muchos y diferentes,
todos ellos participando del gran film o del único fin.

Cuando las fotos negativas van eliminándose de la proyección
y las positivas van haciendo más y mejor acto de presencia,
es cuando puedo decir que van existiendo nuevos principios,
que son como manantiales que fluyen de la montaña y van sumando el caudal de un poderoso río de vida, que va sintiéndose más libre, más pleno, según las aguas van juntándose y recuperando su identidad más genuina …

Alternancias

Abrirme al soplo del viento
y ser por un respiro aire.
¿Sólo aire soy yo?
El viento responde con más fuerza
y soy por un momento huracán
que sacude las máscaras de la contemplación…

La meditación de esta mañana me ha conducido a esa alternancia entre vivir siendo pensada por los pensamientos del mundo, o vivir inspirada por un solo pensamiento que nace a cada momento del Ser, me hace ser, y hace de cada instante lo que es…

Como desenlace comprendo que ese intento de buscar la verdad no es más que un constante desenmascarar cada mentira que se disfraza de mí misma…

Náufragos del viento

La vida no es una tómbola,
pero a veces se presenta como algo parecido a una tómbola,
donde lo aleatorio, la suerte,
parece determinar en grado sumo el desenlace de acontecimientos.
Sin embargo, lo que parece es sólo una apariencia.

Es simplemente que, como seres humanos, tejemos mundos complejos.
Decimos que haremos tal cosa y realmente estamos pensando tal otra.
Lo que anhelamos en un espacio del ser, lo hacemos naufragar en otro.
Vivimos en la contradicción, y es solamente en momentos excepcionales
–esos instantes insólitos que nos gustaría convertir en costumbre–
donde pensamos, sentimos, hablamos y vivimos en completa unidad.

El caso es que no estamos completamente sujetos a ese mundo externo,
circunstancial y contradictorio,
pero en él vivimos y avanzamos a jornada completa.

Se diría pues que poco hemos avanzado en lo personal
si pretendemos sujetarnos a la incertidumbre
cuando el viento levanta el oleaje
poniendo el caos en nuestra travesía.

Cada tormenta actualiza dónde estamos situados en nuestra travesía personal,
dónde nos pilla cada naufragio,
y es un gran avance saber dónde está nuestro eje,
nuestra esencia imperturbable.

Entonces la vida ya no se presenta como una tómbola sino como una gran paradoja en la cual, avanzar, es aquietar la inquietud haciéndonos unidad con el mástil esencial de nuestra nave…

Ropajes del Ser

Luces estas ideas, confeccionas otras;
te vistes de estos adjetivos o de complementos que son más positivos.
Pero tú eres por detrás de todas esas identificaciones.
Ninguna puede definirte por completo. Lo único que le dices al universo es cómo te ves, o cómo quieres que se te vea.
Escondes lo que no te gusta detrás de tus ropajes.
Pero has de saber que en tu desnudez no hay un milímetro de silencio que sea feo.
Es tu mirada la que tiene que romper el molde represivo que le ha impuesto al desarrollo de tu ser, y permitir que éste se exprese así como es.
No hay fealdad en lo que es natural.
Acepta ya tu autenticidad y no utilices los términos para esconderte.
¿Voluptuosidad?
¿Ceremoniosidad?
¿Por qué te vas a enjaular en conceptos?
Ah, claro, como eres espiritual sólo cantas tus verdades en según qué contextos.
Pero el canto del espíritu es un canto de alegría que no necesita de los prolegómenos que hacéis los estudiosos del espíritu.
Es una celebración en la que todos tus cuerpos celebran.
Allá una mirada cómplice,
allá un apetito saciado,
allá una emoción expresada,
allá un pensamiento inspirado,
allá una risa cantarina,
allá un silencio recogido…
Allá tú, permitiendo que todo eso sea en ti,
sin olvidarte que tú Eres quien presencia todo eso que sucede.

Un canto de agradecimiento

En este encuentro de hoy empieza un nuevo capítulo donde la palabra resurge con renovado impulso.
El silencio es siempre fecundo pues genera nuevos entendimientos:
quietos y mudos primero, parecieran resistirse a nacer en la conciencia, así como debajo de la nieve se va gestando la primavera que aflorará después.
Todo sucede a su debido tiempo.

Y, como en todo comienzo, agradecer.
Doy las gracias.
Agradezco.
¿A quién?
A la vida que me ha dado tanto.
No sonará así tan bonito como lo cantaba Violeta Parra, mas si pongo el corazón en la palabra, por fuerza se ha de sentir la gracia,
las gracias que lleva consigo el agradecimiento.

Hay procesos que culminan en prosperidad, belleza, dicha, sabiduría…,
y aun a sabiendas de que hoy no puedo agradecer por la consumación de tantos dones,
doy las gracias por el proceso mismo de aprender, paso a paso, las lecciones que me van enseñando a sumar en la carencia, a pulir asperezas, a desvestirme de la dolencia, a leer la confianza inscrita en el no saber.

Hay fuerzas que culminan en talentos, creaciones, éxitos…,
mas hoy agradezco por todas las situaciones que me dejaron sin fortaleza
–que, ilusa de mí, creí en mí y no a través de mí–
para que entendiese que la humildad es la más poderosa de las potencias
cuando se ha desmoronado toda ilusión de poder.

“Yo puedo” es una ilusión mental
-susurra la humildad al oído de la arrogancia-
pues yo soy el resultado de todas mis relaciones.

Entonces, si el sentido último de relacionarse es dar contexto y realidad al Ser,
agradezco,
doy las gracias hoy,
por todas aquéllas relaciones que han configurado el ser que soy,
no como idea abstracta o ilusoria,
sino como experiencia, vivencia y alegría de compartir.

Bajarse del mundo

La noción “bajarse del mundo” tiene un significado más hondo de lo que la mente ordinaria suele considerar. No se trata de apartarse del tumulto el fin de semana, o de irse de vacaciones, o tomarse un año sabático…, porque en todos estos casos el mundo sigue ahí, presente en nuestra mirada. No consiste pues en un cambio exterior que no cambia nada: “Quien cruza los mares, cambia de clima, no de carácter” decía Horacio.

A mi parecer, uno “se baja del mundo” cuando detiene su diálogo interno, cuando cesa de bambolearse con el flujo de los acontecimientos como una hoja llevada por el viento. No hablo de un inmovilismo que nos impediría crecer, o de un detenerse que sería retroceder, sino de seguir actuando en el mundo desde la no-reacción, centrados en la Presencia como si ésta fuera el eje alrededor del cual giran todas las cosas.

Parece una contradicción lo que digo pero, ¿por qué no probarlo por un instante en lugar de cuestionarlo? Tal vez entonces, al no ser perturbados por nada, impertérritos ante los aconteceres que no podemos controlar pero que tampoco debieran controlarnos, podamos en momentos sin tiempo Ser quienes somos…