Aprendiendo a relacionarnos

Es tan humano tener o crearse expectativas, como aprender que el hecho de relacionarse invalida cualquier expectativa personal.

La complejidad de las relaciones supera con creces a la enseñanza del colegio, donde sabes qué materias tiene el curso y de qué lecciones se compone cada asignatura.

El aprendizaje en la vida real, y concretamente en las relaciones humanas, es algo que escapa a cualquier programación previa.

Cuando medito en “qué aprendo realmente en el acto de relacionarme”, veo tramos que se convierten en nuevas etapas del viaje, indicando puntos de llegada que son nuevos puntos de partida, como culminación de un recorrido de conocimiento.
Y observo que cada movimiento interno, que luego se manifiesta en un compartir experiencia, supera con creces el marco particular de aspiraciones y deseos personales.

En lo vertical, experimento el aprendizaje personal como una inmersión en las profundidades y un salto hacia lo transpersonal.
Y, en la línea horizontal, vas aprendiendo realmente a comprender mejor a las personas, sobre todo cuando recuerdas que tú también pasaste por lo que están mostrando, al margen de estar de acuerdo o en desacuerdo.

De esta forma se llega a ver toda relación (incluso aquéllas que ya no son relación) sin más conflicto que el que tengas con tu propio recorrido.

Es un signo de victoria, en el aprendizaje, el simple hecho de comunicarse con sinceridad, poniendo sobre la mesa las cartas que ahora conoces, con las que cuentas. Algo parecido a: “no evadir la realidad, como premisa necesaria para evitar la invasión de lo ilusorio”.

Instantes sencillos

Nacen en mí cosas buenas,
o se me recolocan las neuronas
(las de la cabeza y las del corazón),
cuando comparto contigo instantes cotidianos
naturales, francos, sencillos.

Nace el respeto de verdad hacia tu persona,
que es la mirada verdadera, sin juicio,
de ir conociéndote mejor y más a fondo.

Nace la intuición que no necesita preguntar:
¿cómo estás? porque puede leer
en tus palabras y en tus silencios
que eres libre como tú eres,
sin trabas y con tus disparates,
sin óxidos y con tus brillos atenuados.

Libertad plena de instante presente,
libre de futuros y de pasados luchadores
por conquistar un espacio que se sobreponga
a tanta ausencia de nosotros mismos.

Nace ese espacio compartido, natural y sencillo,
donde se borran los nombres y nace lo que somos…

Conflictos

En la quietud de las aguas emocionales medito profundamente aun sin llegar a la raíz de un conflicto, sea cual sea la apariencia del drama que me sale al encuentro.

Está claro que no se trata de culpables, y si hubiera de tratar el asunto desde este prisma, no podría yo sacudirme la parte que me corresponde.

Algo sucede ahora, y sucede en todos los tiempos.
Algo perceptible con más intensidad para los seres más sensibles.
Los procesos se aceleran o ralentizan dependiendo de la esfera donde los vivo.
Siempre está cayendo un paradigma y está emergiendo otro.

Cada día es tiempo de hacer la apuesta personal:
¿Pongo mi energía en lo nuevo, en la evolución,
o la desgasto en sostener lo insostenible?

Cada desavenencia provoca una sinceridad, a veces abrumadora,
que va integrándose en todos los niveles.

Y, aunque a un nivel defienda mis máscaras a capa y espada,
en otra esfera caen éstas como frutas maduras del Árbol de la Vida…

Cristales rotos

A veces, en momentos de silencio y quietud,
se me vienen al presente imágenes
cristalizadas en el recuerdo,
como si el álbum de fotos vitales
las guardase intactas en la memoria del tiempo.

En el discurrir del tiempo,
esas personas siguieron expuestas
a las leyes de la transformación,
y sé que yo también he cambiado
si hoy puedo recordarlas sin sentirme dañada
por esos cristales que quedaron rotos…

Así como las lentejas…

Muchas veces el asunto de las relaciones es algo así como la preparación de unas lentejas, que a veces salen ricas y alguna vez se pegan.

Hace unas semanas, yo misma preparé este potaje para la familia, y una parte de las legumbres acabó pegada al fondo de la gran olla. Lo sustancioso del asunto es que ninguno de los comensales se levantó de la mesa, ni devolvió el plato, ni me culpabilizó, ni psicoanalizó mi estado de ánimo al cocinar, ni dejó de hablarme, ni lo interpretó como una afrenta personal…

Son fáciles las relaciones cuando las personas nos encontramos en espacios abiertos y, llegado el momento, nos retiramos.

Sin embargo, las relaciones que nos transforman son ésas que nos hacen caer por un tiempo determinado en una “gran olla” junto con otros ingredientes. El fuego de la experiencia hace la alquimia. A veces la fusión es deliciosa y nutritiva a muchos niveles, y alguna vez se pegan las lentejas.

La mirada crítica sólo ve el resultado final y cristaliza el sabor a requemado en la memoria.

El corazón mira la dedicación, la entrega, el esfuerzo sostenido, la voluntad… y se alimenta de la sustancia que resulta, por pura alquimia, dentro de esa olla donde se cuecen nuestras relaciones…

Cayendo de nuestro lado

Gracias por retirarme de tu vida
antes que yo me retire de la mía.

Gracias por darme el arrojo necesario
para caer de mi lado
cuando estoy cayendo demasiado en ti.

Caer en mí es recuperar de nuevo el eje,
la mirada centrada,
el objetivo claro,
la fuerza disponible,
la voluntad de seguir.

Caer de mi lado es dar un paso más hacia nosotros…

¿De qué depende?

“Ser feliz no depende de nadie”

Y ahí andamos, tratando de anclar frases positivas en todas nuestras células y en todos nuestros espacios, sobre todo en los que pisa nuestra realidad.

Ya sabemos desde el intelecto.
Ya vamos viendo.
Pero a veces se resisten las emociones, sobre todo las espesas, las que gritan su hambre de carnaza miserable que las mantenga vivas, y su grito nos araña las entrañas.

En ese reclamo vienen los recuerdos a la mente, las frustraciones, los desengaños, los desencuentros.
Y le ponemos un nombre a nuestra desazón, y un rostro, y unos ojos que nunca nos vieron realmente, porque siempre miraron su propio brillo o su propia sombra en el espejo que nuestros ojos ofreció al mirarlos.

Es entonces cuando despierta y ruge en nuestro interior la fiera de la desazón y la ansiedad, adormecida e indolente en la letanía de las frases positivas que no alimentan el sufrimiento.

Entonces es cuando digo: “Ser infeliz tampoco depende de nadie”.
Yo alimento la dicha y también el desasosiego.
Y cuando me quedo sin fuerzas para la una (la dicha)
y para lo otro (el desasosiego),
viene el recuerdo de nuestra amistad, el propósito común de ser felices, de ser plenos, de acudir a esa cita que tenemos con el amor auténtico; el que no depende de nadie, el que no pone ninguna puerta delante donde haya que llamar, porque ya nos está llamando desde adentro…

Por debajo de lo que somos

Hacemos una escalera hacia nuestros cielos.
Subiendo sobre ti,
y tú sobre mí,
escalamos nuestras cimas.
¿En qué momento se hacen falsos los peldaños?
Resbaladizos.
¿En qué mirarnos, se quiebran y resbalamos?
La fractura.
Nos rompemos cuando el impulso de elevarnos juntos,
de crecer en el nosotros,
por encima de ti y de mí,
se detiene y acomoda un palmo más arriba del otro,
Y desde ahí caemos y caemos,
muy por debajo de lo que somos…

Madre Tierra

En el ejercicio de relacionarme con la Madre Tierra se ha ido configurando la Medicina de las Relaciones, basándome en el desarrollo de mi propia relación con la naturaleza.

Las relaciones naturales no dejan cabida al conflicto.
La vida toma de la vida y crece la vida.

Desde el prisma humano se podría considerar muerte, o conflicto, lo que la vida ha transformado en más vida, pero cuando siento lo que desprende un paraje virgen y natural, intuitivamente comprendo que, pese a que vida y muerte, adhesión y rechazo, danzan al unísono en el hábitat, el resultado siempre es una sensación de vitalidad, de fuerza, de salud, de equilibrio.

La Madre Tierra nos enseña a relacionarnos desde esa armonía, desde ese intercambio energético que genera más energía, traduciéndose en más conciencia para la naturaleza humana. Y también nos indica, en la manera de acercarnos a Ella, cómo es nuestra actitud de relacionamiento a todos los niveles. A veces la vemos útil y utilizamos sus recursos, así como establecemos relaciones de interés en nuestras vidas. Otras veces la amamos y disfrutamos a ratos de su abrazo y de la belleza de sus paisajes, como esas relaciones sin compromiso que tanto abundan en estos tiempos. La mayoría de las veces ni siquiera nos acercamos ni la sentimos, aunque nos gusta mirar las espectaculares fotos de National Geographic que circulan en Internet… Sea cual fuere la manera en que la vivimos, lo cierto es que la Madre Tierra sigue cumpliendo con su compromiso, sosteniéndose y sosteniéndonos en sus ciclos.

La Madre Tierra sigue creando vida mientras aprendo a no contaminarla ni contaminar mis relaciones personales… a no derrochar los recursos que me ofrece para no ir generando deudas colaterales… a descubrirme en cada una de sus estaciones, notando la intensidad de mis primaveras interiores, la abundancia de mis veranos, la serenidad en mis otoños… Y aunque los fríos me encogen mostrándome la fragilidad del ser humano domesticado, comprendo finalmente que es la dureza de mis inviernos la que fortalece el compromiso de mi relación con la vida, con los demás y conmigo misma…

Tertulia en Radio «Al son de la vida» dedicada a la Madre Tierra, donde fui invitada como contertuliana:

Frente a la verdad del amor

(…) Las relaciones van pasando por nuestra vida, disolviéndose en el olvido para permitirnos el presente, como si las capas del tiempo no tuvieran preferencias y tratasen a todos por igual. El tiempo, sin embargo, no puede enterrar la esencia de lo vivido. No tiene fuerza suficiente para ocultar las huellas que quedaron marcadas en nuestro ser. Quien amó, nunca olvida que amó. Tal vez olvide a quién, pero en sí permanecerá para siempre, como una huella imborrable en su historia, ese sentir que le transformó en una persona mejor.

En alguna ocasión me pregunté si realmente amé, y todas mis relaciones desfilaron por la pasarela de la memoria, vistiéndose con mis miedos, dudas, desaciertos y una amplia gama de sensaciones.

Quizá lo mágico de cada relación es que nos ayuda a madurar y convivir con nuestras propias emociones, para, finalmente, dejarnos frente a la verdad del amor. Amor desnudo y tan completo al mismo tiempo. Amor sin justificaciones, ni disculpas, ni condiciones. Amor sin miedo ni atrevimiento…
Extracto del libro Girasoles al Amanecer