¿Se trata de unirnos a través del miedo que se nos está inyectando mediáticamente y con tantas medidas de protección impuestas,
o se trata de unirnos a través del Amor hacia la vida, reclamando el derecho a nuestra libertad?
Sinceramente siento que ya estamos todos dentro de este inmenso “microondas” que, desde niveles que no podemos controlar individualmente, controla nuestras mentes y nos lleva al caos de creer que el asunto está en aislarnos de lo que sucede. Siento que estamos desprotegidos de quienes supuestamente nos protegen.
Observo que este gran momento habla de nuestro nivel de domesticación a través del miedo y, a la vez, también está despertando el instinto más salvaje de muchas humanidades.
Salvaje, no en el sentido de arrasar ni asaltar, sino en el sentido de recordar que esta «selva humana» tiene espacio para todas las criaturas y todas las formas que la Naturaleza expresa.
Salvaje en cuanto a que ninguna especie de la cadena biológica atenta contra la vida de otros seres vivos si no es por alimentarse o defenderse.
Salvaje en cuanto a que cada criatura desarrolla su propio instinto de supervivencia ante las amenazas que siempre están al acecho.
Recuperamos nuestro instinto más salvaje, en el contexto de actualidad que nos actualiza, quienes intentamos salvarnos de la gran tela de araña que la manipulación ha tejido en nuestras mentes con hilos de supuesta protección.
Salvajes son quienes se salvan a sí mismos;
salvajes quienes despertamos de la hipnosis colectiva que teledirige a la humanidad hacia un mundo en el que, para seguir habitándolo, se necesita un nivel muy alto de olvido de nuestra naturaleza esencial.
Y no es que yo quiera ni pueda salvar a nadie de ese destino enfermizo y agonizante, pero sé que mi voluntad está unida a las voluntades que apuestan por la vida, destejiendo, desde la investigación verdadera, la tela de araña que nos atrapa en el aislamiento de «las distancias de seguridad».
También sé que cada cual está en su proceso personal, atendiendo a su particular momento, o que no le ha nacido de más adentro del olvido el grito salvaje que dice:
¡BASTA!
Es tiempo de crear un lugar puro y protegido dentro de uno mismo, pues no habrá lugares seguros para la salud si ya hasta el aire que respiramos está contaminado de ondas insalubres que alteran nuestro equilibrio físico y mental.
Es por tanto este grito mío una exclamación del más puro instinto de supervivencia y, sin pretensión alguna de afrentar a nadie, valga el intento de templar con la palabra el fuego rebelde, si logra un solo «despertar» de esta pesadilla colectiva.
