Poemas del día a día

Hay poemas resplandecientes y otros cansados, poemas largos, poemas con polvo… Todos ellos me enseñan paisajes de la vida, relieves del ser.

En el levante traza el sol una estrofa de radiante esperanza, y luego una sombra escribe su línea con letras de melancolía por el horizonte de un ocaso.

Los nublos dejan caer una rima de lluvia y el viento responde levantando nubes de polvo en palabras secas que quieren mojarse.

A veces el día es una poesía demasiado larga que nos deja sin aliento para saborear el último verso o el primer beso.

Hay poemas a destiempo, poemas tristes, poemas con un grito en su trazo cadencioso… Todos ellos me enseñan paisajes de la vida, relieves del ser, panoramas del día a día.

Aleteos de mariposa

No es fácil para una mariposa libar de la flor del lenguaje
después de haber bebido el néctar de la verdad
en un corazón abierto.

Las palabras se niegan a ser dedo que señale ninguna luna,
cuando estoy en la luna,
llena a rebosar como esa luna que alumbra
la realidad de los sueños

Las letras se me quedan grises, huecas, sin matices,
para expresar la plenitud que me concede
cada suprema atemporalidad.

A la vez, sentada en la circunferencia del tiempo,
bajo el mismo cielo que mece la cuna de corazones recién amanecidos,
cierro los ojos para acunar en mis pupilas la claridad
de una mirada naciente.

Y dejo abierta la visión como un ventanal donde la luz se asoma
con aleteo de mariposa
que endulza las palabras con el néctar de su vuelo.

Piedras de plumas

Un albañil quería, no le faltaba aliento,
quería, piedra tras piedra, muro tras muro,
levantar una imagen al viento,
desencadenadora en el futuro.
Quería un edifico capaz de lo más leve,
piedras de plumas, muros de aire
que construyen una imaginación al mediodía…

También de niña me gustaba la poesía, dejándome encantar por una música insonora de versos que sólo conseguí comprender (sin comprender nunca del todo) muchos años más tarde.

Cuando las palabras se viven sin corsés, libres de ataduras, como si fueran alas que desplazan paisajes imaginarios, sin explicación –mas con el sentido vivo y práctico de exclamarse–, afirman la humanidad que nos habita. Siendo también así que, a través de la poesía, el ser humano ansía habitar el mundo más allá de los sentidos…

De nieblas y de colores

El sol asoma por el horizonte
con una claridad de neblina azulada,
de perfumes oceánicos
y clamor de sueños que se van durmiendo
hasta que la siguiente noche los despierte.

En el lienzo del día,
pareciera que el pintor invisible
no tuviese otros colores
que el azul intenso del mar
y el verde vivo de los campos.

En la neblina de la mañana
están escondidos todos los colores
y matices de la luz;
puedo imaginarlos perfilando formas
mientras la niebla se levanta,
pero es la Realidad la que los hace visibles
cuando levanta el velo en mi mirada.

De día y de noche

Vestida de amanecer,
llamé a la puerta del crepúsculo
y entré en tu noche oscura.

Tanto me ensimismé con tu misterio,
que no me di cuenta de cómo el ocaso
llegaba con su manto de brumas.

Luego, en algún segundo sin tiempo,
recordaste el llamado de la alborada,
y te fuiste haciendo día,
cubriéndote de sol.

Con el tiempo he aprendido yo,
despierta en la noche profunda,
a vestirme de ti,
de estrellas y de luna…

De arenas y de olas

A veces el viento trae ráfagas
que humedecen la sequedad de mis arenas.
Y yo dejo que sean lo que son,
emociones que quieren vivirse,
tocar eso que anhelan.
Permito que las espumas dibujen
otras formas inventadas por las olas,
en este abrazo de lo potencial a lo concreto,
del sentimiento a las ideas..

«Soy un océano enamorado de una playa» –
canta la marea.

«Y yo soy la apariencia de un rostro,
el continente de una dicha,
la arena del tiempo.» –
dice el pensamiento.

Todo es el gozo de amar
en la amplitud de los espacios,
todos vibrantes, todos renovándose…» –
dice el aire humedecido.

«¡Ay! – rompe la ola con fuerza – Pero «Todo»
es esta orilla donde ahora entro para hollar
esta misma playa desde unos pies descalzos
y verme en los ojos de un rostro concreto,
sintiéndome salada en sus labios…

Toma la esencia

Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.

Para qué voy a contarte las veces que me he perdido hasta cambiar por dentro una palabra o un verbo, y elegir amar en lugar de miedo…

Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.

Para qué llevarte por esos tramos de oscurana donde el lodo se traga tus colores y te devuelve un nubarrón y una tormenta y un pincel polícromo para que pintes otro arco iris en tu cielo…

Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.

Para qué enseñarte el abismo en la noche gestadora de un nuevo día, si del temor oscuro pende siempre la estrella que te agarra y sostiene con su luz palpitante…

Toma el poema y la flor y la esencia.

Tómalos y verás extenderse las ramas
-sin dejar de ser raíz-
por descubrir otro fruto invisible
meciéndose en un soplo de viento.

Tómalos hasta que el aire se detenga
en la dulzura de una mirada,
hasta que el fruto sea deleite
en el paladar de tu alma.

Tómalos hasta que seas la savia
que estremece al árbol dormido
en la áspera corteza del tronco.

Alargando el tiempo

Si llego a saber que teníamos tan poco tiempo,
hubiera dejado de dar cuerda al reloj,
le hubiera restado horas al reproche,
a la indiferencia, al desencuentro,
y hubiese alargado las miradas, los abrazos,
haciendo, si cabe, más largos los besos,
para tener más segundos de ti en mi piel,
en mis ojos, en mi pecho…

Y, sí,
llego a saber,
al fin,
que no se trata de tiempo,
ni siquiera de cómo nos gestiona el tiempo,
sino de cuánto amor despierta
en cada instante dormido
que sueña con darle cuerda
a la eternidad…

Instantes sencillos

El paraíso existe.
Yo lo conozco.
Está en la coordenada cero de un instante sencillo,
en la cara –siempre recién lavada–
de un río tranquilo que brilla con aguas de plata
incluso en días plomizos.

El paraíso existe.
Yo lo confirmo.
Se siente en la despeinada ribera donde hacen concierto
cientos de pájaros, ajenos al bullir de los telediarios;
se nota en el fluir de las aguas pacíficas
que discurren sin urgencias haciéndose pasado
y porvenir en cada movimiento.

Tiempos sin tiempo

El tiempo es elástico,
a veces se encoge
y a veces se sale por las esquinas
del reloj y del calendario.

Existen horas en las que se crece de golpe,
como si incontables minutos palpitasen
en el tic-tac de un segundo.

Son esos pequeños instantes que abarcan una inmensidad;
minúsculos momentos, eternos y pasajeros,
en un visto y no visto
que te envuelve completamente sin dejarse atrapar.

Existen días en los que se crece rápido,
que maduran los frutos en un abrir y cerrar de ojos,
como si la lluvia cantase una canción
que sólo escucha el sol en tu corazón,
y al son de sus notas bailaran las estaciones
vividas con tiempos inéditos que aún no han nacido…