Primavera de nuevo

¡Que sí! Que ya sabemos que todas las primaveras repiten los mismos códigos año tras año. Pero hoy se nos permite repetir que no son las mismas flores, ni los mismos trigos, ni las mismas hojas en los árboles… Ni siquiera cada uno de nosotros somos los mismos, en este viaje precipitado por las estaciones donde, sin embargo, la naturaleza se recrea en su permanente impermanencia.

Lo que sí, recrearse no es morirse,
sino moverse siempre a favor de la vida,
cuyo principal propósito es el de no extinguirse nunca.

De hecho, como en un borrón y cuenta nueva, la primavera escribe juventud y vitalidad frente a los días oscuros y fríos del invierno que a su vez propiciaron el aprendizaje de puertas para adentro. Y es que la hibernación en la cueva del alma me hizo sentir humilde frente al misterio de la existencia, tan humana y tan universal; tan evidente y visible en los entresijos de la vivencia personal, como también en el sol que enciende cada mañana la gran pantalla de la realidad donde van surgiendo signos renovados entre tantas criaturas asomándose a la vida.

¡Pero ya está aquí! Una vez más viene la primavera a recordarme de los individuales florecimientos en la respiración de cada corazón que se aventura a abrirse y exhalar en el porvenir de cada nueva esperanza, de cada destino completándose sin cansancio, dando tiempo al propio tiempo en el giro incansable de los ciclos naturales.

El lenguaje de la Naturaleza

Por detrás de las partículas y moléculas que configuran el mundo que podemos ver y tocar, hay un mundo de luz que se ordena de otra manera a como los ojos están acostumbrados a ver.
Es un mundo lleno de magia, de una inteligencia que compone y responde a otro orden .

Hubo un tiempo en el que el ser humano poseía una relación tan profunda con la Naturaleza que incluso podía acceder a realidades paralelas que permanecen ocultas a las miradas apresuradas, dispersas y superficiales de nuestra actualidad.

El vínculo con la Naturaleza perdura en estos tiempos para quienes mantienen una íntima relación de autoconocimiento en la observación de los fenómenos naturales.

Hay un lenguaje simbólico en cada palmo de paisaje que siempre está contando cosas para tod@s, y a cada cual le cuenta lo que necesita para sí, para su momento único e irrepetible.

Habla siempre, para quien atiende, el soplo del viento, el canto del pájaro, el susurro de las hojas, el fluir de las aguas, el ciclo de las estaciones.

La Naturaleza habla a quien está atento para “escuchar”, para “leerse” en un lenguaje olvidado por el intelecto pero que el corazón sí recuerda como un sueño muy despierto al otro lado de la realidad.

«»Naturaleza Madre» extracto del libro Los Ojos de la Noche»

Madre Naturaleza

La vida se entrega a sí misma en la misma vida
para que sigamos alimentándonos de vida.

Esto se ve en todas las criaturas que asoman y se transforman en la piel de la Madre Naturaleza: cuanto más conectadas están con su esencia más buscan el alimento vivo que las nutra de vida; no acechan lo que ya está muerto y, si algunas lo hacen, es porque son carroñeras.

La vida se alimenta de la vida, pero acostumbras cada día a nutrirte de materia inerte, de tiempos caducados, de un devenir gestado en la indiferencia, en el miedo o en la huida del presente.

Está muerta la vela que ha consumido toda su mecha y, de nuevo a oscuras, te enfadas con la cera derretida o agradeces por la luz que alumbró lo que no estaba visible en ti.
Está muerto el pasado y la vida pone nuevas velas en el camino, nuevas señales, nuevas relaciones.

Lo que te vives en tu cueva oscura es una oportunidad única de agradecer por un espacio que nunca existió y ahora está vivo en tu consciencia.
Agradecimiento por la claridad que nace de ti cuando se apaga el resplandor en tus ojos, cuando entiendes que la luz de la vela consumida en el pasado sigue encendida en tu mirada presente y alumbra ahora el rostro de un nuevo paisaje.
Gratitud al recordar cómo el latido de la vida sustenta la forma de un sueño que se gesta en las entrañas de la materia y resuena en tu propio vientre.

¡Siente, siente el pálpito de la Madre!
Siente el amor infinito que te sigue gestando en un tiempo sin tiempo, en un espacio sin fin.

La vida es una piedra inerte y dormida si no la nutres de un sueño que asoma y se transforma en ti…

Desatando miedos

¿Atar al perro o desatar al miedo?

En la naturaleza nada vive atado, a no ser que venga el ser humano con sus cuerdas.
Las criaturas que habitan los entornos naturales perpetúan el instinto de supervivencia, de acecho que se sabe acechado, ya que en la cadena ecológica siempre hay un acecho más grande que se cierne sobre el acechador.

El miedo es un instinto natural que al ser atado ladra con agresividad o se pone a la defensiva.
Tan irracional es el miedo como razonables son todos los intentos que ponemos en dominarlo, acorralarlo y controlarlo.

Pero estemos atentos, al acecho, para que en este ejercicio no acabemos atando la gracia de la espontaneidad, el asombro de lo imprevisible, la belleza de lo auténtico…
Para no perdernos la dicha de sentirnos libres de tantos y tantos miedos amordazados…

Conectando con la Naturaleza

El propósito que ha guiado este Encuentro ha sido abrir el corazón a la vibración de los cuatro elementos
–Tierra, Aire, Agua y Fuego-,
acogiendo el regalo que cada uno de ellos nos entrega en forma de
fuerza, entendimiento y sanación.

Conectar con la Naturaleza es una oportunidad de ir descubriendo espacios inexplorados en ser…

Desde lo sagrado de ti puedes establecer una relación con lo sagrado de la Madre Tierra, pues Ella escuchará en tu silencio, en tu canto, en tu rezo y, sobre todo, en el balbuceo del primer acercamiento.

Ella oirá los anhelos más íntimos de tu corazón, sanará tus heridas profundas y te fortalecerá para que cumplas con el compromiso que tienes contigo mismo, con tus relaciones y con la Vida…

Y así fue que el río fluyó a través de nuestras venas
y nos dejó su transparencia en el sentimiento…

El aire afinó nuestros instrumentos musicales
y dejó en la humedad del ambiente notas acompasadas
con nuevos entendimientos…

La tierra acogió nuestras ofrendas
y semillas de nuevos propósitos,
mientras sentíamos su latido bajo nuestros pies…

Y pese a que las lluvias no nos permitieron prender el fuego,
finalmente nos convertimos en leños
y encendimos una llama en nuestros corazones
que seguirá ardiendo más allá de las estaciones…

Madre Tierra

En el ejercicio de relacionarme con la Madre Tierra se ha ido configurando la Medicina de las Relaciones, basándome en el desarrollo de mi propia relación con la naturaleza.

Las relaciones naturales no dejan cabida al conflicto.
La vida toma de la vida y crece la vida.

Desde el prisma humano se podría considerar muerte, o conflicto, lo que la vida ha transformado en más vida, pero cuando siento lo que desprende un paraje virgen y natural, intuitivamente comprendo que, pese a que vida y muerte, adhesión y rechazo, danzan al unísono en el hábitat, el resultado siempre es una sensación de vitalidad, de fuerza, de salud, de equilibrio.

La Madre Tierra nos enseña a relacionarnos desde esa armonía, desde ese intercambio energético que genera más energía, traduciéndose en más conciencia para la naturaleza humana. Y también nos indica, en la manera de acercarnos a Ella, cómo es nuestra actitud de relacionamiento a todos los niveles. A veces la vemos útil y utilizamos sus recursos, así como establecemos relaciones de interés en nuestras vidas. Otras veces la amamos y disfrutamos a ratos de su abrazo y de la belleza de sus paisajes, como esas relaciones sin compromiso que tanto abundan en estos tiempos. La mayoría de las veces ni siquiera nos acercamos ni la sentimos, aunque nos gusta mirar las espectaculares fotos de National Geographic que circulan en Internet… Sea cual fuere la manera en que la vivimos, lo cierto es que la Madre Tierra sigue cumpliendo con su compromiso, sosteniéndose y sosteniéndonos en sus ciclos.

La Madre Tierra sigue creando vida mientras aprendo a no contaminarla ni contaminar mis relaciones personales… a no derrochar los recursos que me ofrece para no ir generando deudas colaterales… a descubrirme en cada una de sus estaciones, notando la intensidad de mis primaveras interiores, la abundancia de mis veranos, la serenidad en mis otoños… Y aunque los fríos me encogen mostrándome la fragilidad del ser humano domesticado, comprendo finalmente que es la dureza de mis inviernos la que fortalece el compromiso de mi relación con la vida, con los demás y conmigo misma…

Tertulia en Radio «Al son de la vida» dedicada a la Madre Tierra, donde fui invitada como contertuliana:

Al compás de la naturaleza

Cuando nos conectamos con espacios que se desarrollan acompasados con su propia naturaleza,
algo en nosotros mismos tiende a la armonía y la autenticidad;
un nuevo orden más natural y propio acontece en nuestro ser.

Algo se ordena y florece en nuestro interior
cuando escuchamos la canción de un río
o el trino mañanero de un pájaro,
o sentimos en nuestra imperturbabilidad la quietud de un árbol.

Entonces una voz profunda aflora en el pensamiento,
como impulsada por esa música que siempre sonó en lo más hondo
pero que nunca tuvimos tiempo de pararnos a escuchar.

Entonces uno quiere quedarse quieto, como el árbol,
y colmarse de esa nueva mirada que perfila,
aunque sólo sea por un instante,
paisajes vivos que se sobreponen
a la cansina rutina dibujada en nuestros ojos…