Cosechas de papel

Ayer vi en la sucursal del banco a un funcionario estresado, poniendo en una caja fuerte muchos fajos de papel.

Luego pasé por una librería y vi papel y papel encuadernado, colmando escaparates y estanterías.

Después, caminando por el centro, vi a un muchacho fatigado con una mochila cargada de folletos que entregaba a los viandantes.

Finalmente, en un paraje natural, vi las ramas de los árboles danzando con el viento del atardecer; ajenos viven éstos a nuestras cosechas e intercambios de papel.
Y por un instante, el rumor de las hojas me regaló las palabras precisas y preciosas que mi alma necesitaba leer …

Calma

Hay muchas, muchísimas más cosas
de las que buenamente puedo hacer hoy,
por eso estoy tomando una triple ración de calma,
porque sé que ésta es la mejor opción,
tomármelo así como ahora lo estoy tomando,
con esta taza de café a la que puse tres cucharadas de serenidad …

Miradas cristalizándose

El mundo es una mirada…

El mundo está mal, dice la mirada realista, hay crisis, corrupción, desigualdad, conflictos, desconfianza…
Las masas parecen enchufadas a la euforia colectiva que nos suministran aquellos que desde la sombra mueven los hilos.
Y así seguimos oscureciendo los paisajes en los que vivimos, a fuerza de perpetuar ese mirar sombrío.

Pero yo no quiero subirme a esa mirada, prefiero girar la visión y buscar, entre tanto desaliento, unos ojos entre miles de ojos, un corazón entre tanta queja y lamento.
No me interesan las estadísticas, busco una conexión auténtica que permita a mi mirada traspasar el cansancio de tanta ausencia adherida al mundo, y despierte un sentir adormecido detrás de tanta coraza pintada de desencantos.

Entonces ya no veo unos zapatos de marca sino unos pies que anduvieron caminos.
Ya no veo estrategias para engañar ni engañarse sino la inocencia de un niño que no juega a interpretar el traje del rey sino a decir la verdad desnuda, el rey no tiene traje.
Veo un corazón capaz de entregarse a pesar de haberse roto una y mil veces.
Veo la vida sacudiéndose con fuerza tantas mentiras y juicios adheridos a su espalda.

Utopía, dicen algunos, el mundo seguirá siendo igual, lo mires como lo mires, mas yo sé que estoy creando un paisaje diferente sólo por empeñarme en mirarlo de otra manera. Pues qué es el mundo sino el resultado de infinitas miradas cristalizándose en un único instante…

La sonrisa del corazón

Sostener la mirada del amor, para que el amor te sostenga en su mirada.

Cada interpretación refleja la nitidez o distorsión del enfoque en la mirada que percibe la imagen.

Has visto rasgos inciertos desde tus cristales empañados,
como también has podido comprobar que un ceño fruncido se convierte en sonrisa cuando tú le sonríes desde el corazón.

Sostener la sonrisa del corazón, para que el corazón te sostenga en su dicha.

En la magia de las relaciones abundan las risas.
¡Sí! las hay de todos los tonos e intensidades,
algunas son hogareñas y otras peregrinas que hacen el recorrido para asomarse a tu rostro, deslizarse por tus labios o brillar en tus ojos.

Y tú, como hospitalario de esta sonrisa que te encontró en el camino,
la acoges o la interrogas.
La sientes o la analizas.
Tú decides en cada momento si frunces el ceño ante una sonrisa que se olvidó de reír o, aligerando el gesto, la recuerdas en tu mirar.

Recordarla en tus memorias es liberar lo que estaba oprimido
permitiendo que se expanda la dicha atrapada en cada olvido…

Y así vas sosteniendo al amor en tu mirada,
mientras la sonrisa del corazón hace su recorrido
para asomarse a las cuencas de tus ojos…

Soledad, un sol que se da

El soñador ensueña despierto y solo.
El durmiente es soñado por múltiples sustitutos
que le distraen de su soledad.

Pero la esencia está latente en cada olvido,
y quien ama su soledad se convierte en un sol-que-se-da,
cuya mirada despierta en la realidad esas imágenes
que sueña el corazón.

Sucede entonces que el día regala sincronías
donde hubo desencuentros,
resonancias donde reinaba la confusión.
Nuevos matices pintan las memorias grisáceas,
a la vez que los signos renuevan sus significados.

Y así se va tejiendo la magia de las relaciones,
a medida que las soledades se reconocen
en tantos soles-que-se-están-dando

La mirada que se hace visión

El instante en que una mirada se hace visión puede durar un segundo, una vida o una eternidad, ya que no es el tiempo el que lo mide sino la sostenibilidad.

¿Durante cuánto tiempo puedes atisbar el mundo sin una idea preconcebida, sin emociones que te alteren, sin un motivo, sin palabras, sin nada a lo que agarrarte?

Y sin embargo, es en el borde de ese precipicio, entre las estructuras consolidadas y el abismo del vacío, donde nace la mirada, tu mirada.

Es al borde de las ramas del gran árbol de la vida –allá donde las hojas tiemblan entre dos elementos, tierra y aire– donde se gesta el fruto que completa un ciclo existencial.

Entonces, siguiendo con la metáfora, toda mirada es incompleta si se adormece en la raíz, en el tronco o en las ramas -esto es, en lo fragmentado-, y se consuma cuando emerge la visión como fruto que contiene en sí mismo la esencia de todo un recorrido.

El fruto de un árbol alcanza su madurez y dulzor entre dos universos.
La mirada se hace visión cuando se atreve a enfocar al otro lado,
allí donde parece que no hay nada…

Transparencia

Se podría decir que sólo una mirada libre de juicios Ve.

El prejuicio es una acumulación de información, historia personal, rutinas, recuerdos, desencantos… y, en base a esas lentes o ese cúmulo de «pertenencias» con las que nos identificamos, reaccionamos ante cada situación.

Para la mirada transparente el mundo que se abre ante los ojos es un milagro, quizá porque no intenta procesarlo desde los filtros mentales de adhesión o rechazo, sino desde la vivencia instantánea que permite a cada manifestación ser lo que en esencia es.

Ante esa transparencia, las cosas carecen de función o utilidad,
sencillamente son.

Crecer

Un cielo negro en el que estallan fuegos artificiales como diminutos puntos luminosos anteponiéndose a la oscuridad,
o la página blanca de un diario adolescente que pierde su resplandor al llenarse de signos…

Entonces nada veía yo en ningún cielo.

Luego dejé de mirar las estrellas y dejé de escribir.
Y es que la verdad asoma siempre como algo nunca visto ni descrito, en el instante mismo en que uno comprende.

Como sucedió recientemente en una playa del pasado.
En aquella hora crepuscular vi cómo el flujo de las olas perfilaba la bahía.
Los fuegos artificiales estallaron de pronto en el cielo anunciando el comienzo de las fiestas.
El inicio de otra página.

Comprendí que la misma imagen de la adolescencia se me revelaba ahora con más nitidez.

¿Y no es acaso la visión, y no el paso de los años,
lo que nos indica si en verdad estamos creciendo?