La euforia de los sustitutos

Si no sintiera melancolía, creería que ya he llegado, que ya soy plena.

No he conocido a ningún buscador que no sienta la nostalgia de regresar a casa.

Ken Wilber lo desarrolla muy bien en su obra “Después del Edén”:
El ser humano ha creado un mundo de sustitutos que mitiguen la desazón por haber perdido su paraíso”

La desazón de este asunto no está precisamente en el disfrute de esos sustitutos
¡ojalá nos colmaran de satisfacción!
sino en esa ansiedad que generan sin saciarse,
en esa euforia de más y más sustitutos que colmen el hueco vacío.

La euforia nunca se sostiene por sí misma, se sujeta de verbos como alcanzar, tener, lograr, querer, conseguir, aspirar…
se sujeta a la impermanencia.

¡Ay! Pero me fui al otro extremo queriendo decir algo de la melancolía,
de esa música callada que suena en la intimidad y que me recuerda un “no sé qué lugar”…

Alternancias

Abrirme al soplo del viento
y ser por un respiro aire.
¿Sólo aire soy yo?
El viento responde con más fuerza
y soy por un momento huracán
que sacude las máscaras de la contemplación…

La meditación de esta mañana me ha conducido a esa alternancia entre vivir siendo pensada por los pensamientos del mundo, o vivir inspirada por un solo pensamiento que nace a cada momento del Ser, me hace ser, y hace de cada instante lo que es…

Como desenlace comprendo que ese intento de buscar la verdad no es más que un constante desenmascarar cada mentira que se disfraza de mí misma…

La intimidad de la página

Más allá de los géneros literarios,
busco la intimidad de la página,
el susurro de la medianoche,
ése que me hace meditar en las cosas que nunca nos planteamos a la luz del día, cuando otros asuntos acaparan nuestra atención.

Más aquí de cuanto sucede afuera,
encuentro ese espacio en el cual escritor y lector intercambian sus roles;
de tal manera que, quien escribe
está leyendo desde otro nivel,
y, quien lee reescribe su forma de acoger…

La página blanca

Me acerco a la página blanca
cual si ésta fuese un puente entre lo subjetivo y lo objetivo,
entre el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo,
entre los patrones de la realidad y el tejido de los sueños…

Me acerco como exploradora de lo latente,
de lo que no está definido en mi campo de conciencia.

En la medida en que la mirada se afina,
la visión es clara y aclara allá donde mira.

A medida que se acallan los rumores del saber,
voy estableciendo una relación viva, auténtica y honesta
con la Voz del Ser.

Conexión a tierra

¿Perderse en la vorágine de acontecimientos externos
o encontrarse en el silencio del mundo acallado,
en la soledad de quien bucea en sus profundidades?

Dos formas contrapuestas de trazar a la vida la particular expresión, y ambas incompletas mientras se anulen entre sí…

Trato de unir los opuestos, y a veces los veo abrazarse en cada intento de cerrar un círculo, de completar un recorrido de reconciliación: la circunstancia externa me viste a su imagen y semejanza, mientras que el llamado interno me reclama en el mismo desgarro de los ropajes adquiridos.

La superación es un viaje hacia las raíces, que son las mismas para todos y en todos los tiempos.

Sólo desde la conexión con la tierra nutricia
se puede crecer hacia lo alto, expandirse,
recuperando la savia perdida
para no ser rama muerta en el Árbol de la Vida.

Y ahí, en ese punto de conexión, encuentro la más profunda y elevada expresión: una sencilla sencillez en la vorágine de contrastes que ofrece el día …

Más adentro de la forma

Más adentro del cuenco de cuarzo o el tambor
hay un sonido,
y más adentro del sonido
hay un latido que nace y a la vez resuena
en diferentes espacios de la conciencia individual o colectiva.

Más adentro de las culturas, geografías
y tradiciones en que se manifiesta un pueblo
hay una Inteligencia que equilibra, perpetúa y transforma
la sustancia energética de la que están hechas todas las cosas,
y lo hace desde más adentro de la forma.

Más adentro de los “ropajes” que nos visten en el día a día,
y con los que se ha identificado nuestra persona, cultura o espacio,
hay un corazón que vibra con el mantra y con el ícaro,
con la música de las esferas y el estruendo de la tormenta,
porque reconoce el sonido de lo auténtico
y sólo la verdad le despierta y regenera…

Y más adentro de ese corazón hay una Mirada que ve y entiende,
y desde ese saber directo cohesiona los fragmentos de la realidad
que se quedaron atrapados en sí mismos,
ajenos al latido que sustenta todas las “verdades”

El círculo que une los extremos y polaridades
es tan complejo para la mente humana como sencillo para el corazón:
para mirar desde más adentro,
uno tiene que ver lo de más allá
-lo otro, al otro-,
en alguna forma de sí mismo…