En cada “pasar página”, hay una comprensión que siempre estuvo latente
y se revela cuando la experiencia está madura para soltarse.
Y es que lo que necesito, anhelo, busco…,
ya está escrito y contemplado,
ya ES en esencia,
aunque va tomando la forma de la lectura que hago de los hechos;
siendo así que no puedo leer la magia del cuento con las lentes del desencanto,
ni ver la abundancia con los ojos de la carencia,
ni sentir la total magnitud del amor si voy restándole por aquí y por allá con las tijeras del condicionante.
¡Cómo danzar con la vida si no escucho su música entrelíneas,
entre tantas contradicciones que cantan su argumento dentro y fuera de mi cabeza!
Y, aun así, pese a tantos imposibles,
incluso sin haber entendido el “por qué” ni el “para qué” de algunos párrafos vividos,
puedo demorarme en la misma página,
re-leyendo los signos en un mismo nivel de rechazo o de comprensión,
y puedo pasar página,
agradecida, ahora sí, por el presente (regalo)
inscrito desde siempre en cada vivencia
que se reviste de memoria o de proyección…