Elegir sin rechazar

La clave del asunto está en afirmar tu senda
en la constante encrucijada de caminos
sin que esto suponga un rechazo
de las otras direcciones.

Soltar es elegir sin rechazar,
puesto que de lo contrario
vas cargando en tu pensamiento,
en tus emociones,
en tu particular mochila,
el peso de lo que has dejado atrás…

Pasar página

En cada “pasar página”, hay una comprensión que siempre estuvo latente
y se revela cuando la experiencia está madura para soltarse.

Y es que lo que necesito, anhelo, busco…,
ya está escrito y contemplado,
ya ES en esencia,
aunque va tomando la forma de la lectura que hago de los hechos;
siendo así que no puedo leer la magia del cuento con las lentes del desencanto,
ni ver la abundancia con los ojos de la carencia,
ni sentir la total magnitud del amor si voy restándole por aquí y por allá con las tijeras del condicionante.

¡Cómo danzar con la vida si no escucho su música entrelíneas,
entre tantas contradicciones que cantan su argumento dentro y fuera de mi cabeza!

Y, aun así, pese a tantos imposibles,
incluso sin haber entendido el “por qué” ni el “para qué” de algunos párrafos vividos,
puedo demorarme en la misma página,
re-leyendo los signos en un mismo nivel de rechazo o de comprensión,
y puedo pasar página,
agradecida, ahora sí, por el presente (regalo)
inscrito desde siempre en cada vivencia
que se reviste de memoria o de proyección…

Autoexpresión

Las razones para expresarse pueden ser múltiples o ninguna.
Puede ser una voz que, detrás de su fortaleza,
esconde a un ser frágil,
demasiado frágil.
Por esto grita a veces, para hacerse oír,
para hacerse comprender.

Pero ¿me comprendo yo? pregunta la voz al silencio.

A partir de ahí, y llegado el momento,
la voz entiende por el solo hecho de pronunciarse,
incluso cuando nadie la escucha …

Felicidad

No hay una fórmula general para ser feliz.
La felicidad no se aprende en los manuales ni tampoco en las aulas.
Nadie es examinado para comprobar si su coeficiente de felicidad está en un treinta por ciento o en un sobresaliente.

La felicidad no se mide ni está sujeta a contratos de compra-venta y, en todo caso, depende de cada cual, de su disposición interna para sentirse satisfecho consigo mismo y con sus circunstancias.

Mirando el asunto desde otro enfoque, pensaba yo hace años que hay un camino para satisfacer las necesidades circunstanciales y otro que conduce a la felicidad.

Hoy, sin embargo, los caminos me parecen una sucesión de momentos en dirección al mar, y me reconozco feliz en todos los instantes en los cuales no siento necesidad alguna de preguntarme dónde está la meta o por dónde se llega a la Felicidad…

Inteligencia Sensitiva

Creo que fue el filósofo Wittgenstein quien dijo que los límites de nuestra realidad son los límites de nuestro lenguaje.

Quizás al intentar comprender mis sentimientos les doy más realidad y extensión de la que éstos merecen.

Acaso todo sea tan simple como dejarse sentir lo que sea que en cada momento siento y no atrapar ninguna sensación dentro del contorno de las palabras, ni siquiera dentro de los marcos de la memoria. Tan simple todo como dejar su curso a las aguas emocionales, y su paradigma a las ideas, y su campo de experiencia a las circunstancias.

Sin embargo, la Gran Inteligencia ha querido que los elementos se mezclen y se necesiten, que las aguas fluyan ligeras por una cuenca sólida, que la tierra sea fértil gracias a la lluvia, que el soplo del aire avive un fuego…
que las personas nos retroalimentemos sin anegarnos ni devorarnos…

“Los límites de la realidad son los límites del lenguaje”, afirma alguien; pero ahora ya no veo límites, sino Inteligencia Sensitiva entre esa mirada que define y esa realidad que se lo vive…

Sentido de propiedad

Lo tuyo…
Lo mío…

Da igual cómo lo nombremos.

Lo mío es tal si me hace suyo, y le hago mío.
El sentido de la propiedad es pasivo y es activo.
En su pasividad es acumulación, coleccionismo, depósito…
Y es cuidado, responsabilidad, compromiso en cada acción…

Pero, la verdad de las verdades,
es que somos nosotros mismos
en eso que hacemos nuestro.

Fluyendo con la piedra

Después de tantos trazados en el aire,
que hacen y deshacen los contornos del sentimiento,
fluyo y refluyo en el elemento agua,
sin sujetar la mirada en esa orilla que excluye la otra:
ya sea en forma de pretensión por estar en otro lado,
o en los múltiples argumentos que elabora el rechazo.

Fluir, al menos en mi caso,
no quiere decir que me he convertido en líquido
o que todo se lo ha tragado el agua,
sino que puedo abrazar la consistencia de la piedra
sin pelearme con ella,
aprendiendo de la naturaleza que se manifestó así y ahí.

En mi caso al menos,
fluir sería también dejarme abrazar
por las dos orillas que configuran mis contornos
en constante y natural oposición…

Permitiendo el vacío

Solamente puede volver a llenarse
aquello que ha sido primeramente vaciado.

Para vivir cada segunda oportunidad,
nueva, única, no repetida,
también hay que derramarse de la propia historia personal.

Solamente en el vacío oculto
reverdece la esperanza que, transparente y silenciosa,
reclama el amanecer de una vida con Agua y Sed renovadas…

No hay más que Ahora

No hay más aire que el que puedo respirar en este Ahora.

En la manera en que acojo este momento,
así estoy entregándome al Gran Instante,
con presencia o con ausencia.

Nunca falta aire
en el todo de un momento vivo:
de cada instante colmado de plenitud
que, si duele,
es porque quiero saciarme de totalidad
sin perder, sin darme.

No hay más aire que el que este Ahora entrega.
Todo cuanto busco y anhelo
está en otra parte, en otro instante.

Lo puedo asumir como una reproducción de ausencias
o lo puedo vivir como una comunión con la Presencia.

Y, después de tantos momentos de ausencia, de carencia,
elijo el instante en Presencia, en entrega.

Éste es mi presente de amor.
Así es la Presencia que mira por mis ojos,
cerrándolos a todo lo demás
para yo que te sienta
como ahora te respiro.

Escaleras hacia el cielo

Hay momentos que llegan con las alas puestas
y no necesitamos de escaleras para sentir,
aleteando en ellos,
el cielo,
la magia,
y ese saber directo tan inspirado e inspirador.

Hay momentos que construyen una escalera de creencias
para subir al cielo y tocar el Misterio,
con la intensidad de una emoción
o la punta de un pensamiento.

Una escalera cada vez más lejana, por cierto,
ya que del último afianzamiento de la conciencia
surge el vértigo ante el vacío
y la necesidad de otro peldaño
con interpretaciones más supremas.

Y hay unos pocos momentos
que configuran nuestras alas
girando a la inversa las cosas y las formas,
incluso las escaleras que conducen al cielo…