Páginas vivas

Después de leer tantas páginas, y de escribir otras cuantas,
llega un momento en el cual empiezas a leer en la vivencia,
y es ésta la que va entretejiendo tu propia novela,
y los límites de tu realidad ya no son las fronteras de tu comprensión,
sino que confías en un paisaje que, aun difuminado,
va tomando forma en los rincones inexplorados del ser,
allí donde no alcanza el entendimiento pero anida tu sentir más hondo.
Es entonces cuando las páginas del libro que ahora escribes
ya no son de papel, sino de aire fresco en el ocaso,
de mentes abiertas a la luz renovada que asoma por el horizonte,
de corazones que le cantan su verdad al día y a la noche…

Miradas Peregrinas

Esta hora repetida no me ha dado fórmulas para resolver el siguiente minuto, mucho menos para ser voceadas en el tiempo. Nadie puede cruzar mi puente para esquivar el miedo de afrontar el suyo propio. Nadie puede tomar mis alas cuando el vuelo le alcance en el camino. Nadie tiene por qué sentir la caída al vacío en sus sueños, o cuando los pies toquen el último tramo de cada travesía, si es que hay un fin para los pasos.

¿Quién soy para vocear sobre vértigos, tormentas y vuelos gloriosos que quizá sólo yo he sentido en esta hora que le sobró a la madrugada?

Tantos espacios conquistados en el giro de la experiencia, tantas lecturas de lo vivido, cual si todo fuese una constante recapitulación de lo mismo.

Hasta que de pronto asoma el anhelo renovado de una ilusión, de exponerse a corazón abierto en esos minutos que no caben en un reloj, a la vez que asoma el miedo de quedar expuestos sin una hora donde citarnos. El corazón quiere y pide hacer su travesía hacia un horizonte que acoja su latido, pero ahora ya sabemos de tormentas y tempestades, y sabemos de todas las horas que le faltan a un recorrido para ser completo, y de tantas vueltas que sobran para repetir más de lo mismo…

Y aún así, pese a todo lo aprendido, volvemos una y otra vez a exponernos a la ilusión de no viajar solos, de soñar con unos ojos que nos miran y nos ven al otro lado. Pues siempre asoma un guiño entre una nube y otra, un sol radiante amanece en cada corazón que quiere vivirse su hora…

Extracto del libro Miradas Peregrinas

MIRADAS PEREGRINAS Extracto

Los Ojos de la Noche

La primavera es siempre un renacimiento.
Renace la visión en estas páginas nocturnas que,
como flores gestadas bajo la nieve,
han querido abrirse al día con la primavera.

Renace el balbuceo de los comienzos
y el temblor en los trazados imprecisos,
pero finalmente las palabras alzan su vuelo
y dejan un rumor renovado
en el pensamiento que abre sus jaulas.

(…) Ahora quieres ver el mapa, saber cómo manejarte en un espacio intangible donde no tienes referencias. Tú y la nada. Tú eres esta nada. Mientras no aceptes el vacío sigues reproduciendo en tu mente los mismos modelos experimentados, las mismas memorias, aun con sus múltiples variantes. Proyectas el mismo recorrido en lo sutil porque no concibes el movimiento transformador más que en el afianzamiento de tu lógica. En tu afán de horizontes perpetúas los caminos. Senderos hollados que obedecen a las leyes de la materia, otros lineales definidos por la razón ordenadora, y otros más sensitivos que se nutren de la sustancia intangible de los sueños. Sin embargo, ahora te hallas ante un camino que ya no es camino, ni trazado, que es un espacio abierto y libre sin orillas que lo definan, al menos de momento.

En los campos sutiles también están todos los senderos y puentes y escaladas que tu mirada quiera recrear, pero, ¿y si ahora descubrieras tu vuelo? Descubrirlo sería Recordar que ya has cruzado el puente entre la orilla del tiempo y la del Instante. Lo has hecho cada vez que has permitido que naciera una voz inédita de tu silencio, cada vez que ha brillado el sol de tu corazón sin que tus memorias se interpusieran haciéndole sombra, cada vez que, pese a la seguridad de una certeza, has confiado en el pálpito de una intuición. Así es, cielo, tus alas se han ido formando sin que te dieras cuenta, y en algún sitio ha de aguardarte la risa que se expande cada vez que entiendes, cada vez que Recuerdas.

Extracto del libro Los Ojos de la Noche

EXTRACTOS DE «LOS OJOS DE LA NOCHE»

Girasoles al Amanecer

No dije adiós porque el alma nunca se despide.
En ella queda el saber y la confianza del reencuentro.
Tal vez en estas tierras, quizá en otros universos;
tal vez con estos ropajes,
o quizá llevemos otros cuerpos, otras formas,
otros rostros…
Yo sé que en algún lugar nos miraremos de nuevo
y sabré reconocer esos ojos,
aun sin acordarme de aquellos que me vieron antes,
aun sin saber cuántos paisajes compartimos…

Extracto del libro Girasoles al Amanecer

GIRASOLES AL AMANECER Extractos

Semillas de un Sueño

“Muéstrame las espinas
que yo miraré las rosas,
aún conservan su fragancia,
aún perdura su hermosura…
Ya sé, no hay rosas sin espinas,
mas ¡cómo duele!
tú ya sabes cómo,
un amor sin rosas…”

Amor por omisión, que se espanta ante la consistencia, que sólo vive en la fantasía, que sueña un boceto imaginario donde incorporar una realidad tangible pero ninguna se ajusta a él. Y quiebra, modifica, mutila lo auténtico porque su esquema es irrompible. Amor predestinado a morir en la realidad y, conocedor de ello, me la niega rotundamente.
Amor usurpador, que se proyecta hacia otra mente, la seduce, la posee, la conquista, y la transforma en su reflejo, para luego descubrir que no soporta mirarse en ese espejo ya que siempre huyó de su propia imagen, la misma que ha compuesto frente a sí. Amor de manos abiertas que dejan caer lo que sostienen para alcanzar lo que me es negado.
Amor invadido, que se estira y se encoge, se expande y se reduce, se agrega y se mutila, en su intento de encajar perfectamente en el molde de otra identidad, pagando un doble precio al conquistador: el del esfuerzo por amoldarse y el de la pérdida de la propia identidad. Amor que guarda celosamente lo que recibe, y me hace depender de ello porque soy incapaz de generarlo…
… Pero anoche el amor entró en mis sueños dejándome un boquete abierto al exterior, un nuevo punto de referencia hacia el que mirar. Y me salvó, porque había dejado de creer en la vida, en ti, en mí, y me levanto hoy con la esperanza y curiosidad necesarias para seguir buscando. Ahora sé que se puede abrir una grieta en el tejado y tocar una versión más elevada de lo que somos, de lo que sentimos, de lo que vemos en otros, de lo que pude percibir. Mas no podemos sentarnos tranquilamente a mirar el techo, hemos de arañarlo, romperlo, traspasarlo, si queremos acceder a ese anhelado mundo que nos está esperando…

Extracto del libro Semillas de un Sueño

SEMILLAS DE UN SUEÑO Extractos