Reencuentros

Sentada en el banco que hay frente a la biblioteca, donde haré la presentación del libro Los Ojos de la Noche, os veo llegar risueñas, con los brazos abiertos y el corazón en cada sonrisa.

¡Sí! ¡Cuántos pasos hemos dado en estos meses para finalmente encontrarnos en el mismo punto, con la mirada renovada!
Cada cual dio los suyos, cada una vivió su proceso particular.
Y sé que he crecido porque os veo crecidas.
Puedo ver a través de cada una de vosotras los aspectos que se han resuelto en mí.

Los ojos de la tarde miran los silencios que ya no pretenden explicar nada, sino sentir cada momento así como se va manifestando.
Habla el amor que rompe los esquemas;
el amor que encuentra su pálpito sereno dentro del esquema;
el amor que quiere cerrar un círculo de aprendizaje.
Giran los ciclos y el círculo se abre a nuevas relaciones que traen consigo otros enfoques.
Y bailan en la mirada las burbujas del cava, contoneándose las líneas de la geometría, invitándonos a celebrar…

Un nuevo guiño me hacen Los Ojos de la Noche, diciéndome algo así como:
quizá lo mágico de este libro no está tanto en lo escrito, sino en las páginas vivas que cada encuentro imprime en el corazón…

Puntos de Encuentro

Hay centros diseñados para que se dé el Encuentro desde la armonía y autenticidad inherentes al ser humano. Unos están todavía en la imaginación de quienes los sueñan, otros ya han tomado realidad, nombre y dirección en muchos puntos del mundo.

Son espacios donde la expresión de quienes los habitan (aunque sólo sea por un rato) deja en el ambiente una impronta con sabor a risas, con el bálsamo de confidencias compartidas, con un rumor a cantos que detonan sus significados en esa página que vamos escribiendo en el aire y en el corazón…

Así damos vida en el lugar, en lo concreto, a ese pálpito que nos recuerda el roce, la fragancia, los colores de un sentir olvidado en la noche de los tiempos. Y así se renueva en cada Encuentro el trazado de un Círculo que nos trasciende y del cual todos somos el centro…

De calderos y pucheros

Una treintena de mujeres nos reunimos en círculo ante el Caldero Alquímico.
Cada cual puso como ingrediente personal la esencia que ha ido acumulando en ese puchero que el día a día cocina a fuego lento…

Desde la perspectiva de que la realidad de cada cual aporta los ingredientes necesarios para que la alquimia se produzca en nuestras vidas, no era necesario recorrer 500 km para poner una intención en ese caldero mágico. Sin embargo, algo ha cambiado, no soy la misma que regreso por la misma carretera que me condujo hacia el Cañón de Río Lobos, en la provincia de Soria.

El puchero de mi realidad cuenta ahora con la sustancia de esas mujeres hermanas, con la intensidad de sus risas, sus llantos, su creatividad, sus silencios, su generosidad, sus palabras… la magia de sus corazones.

Y sé que el Corazón de la Madre Tierra sintió nuestro canto y escuchó nuestro rezo, que curó nuestras heridas profundas cuando la gran cueva nos abrió sus entrañas para parirnos de nuevo como hijas de un mismo útero, como hermanas de un mismo vientre.

Y ahora sé que la varita mágica abrió la puerta a esa dimensión donde infinitos sueños tejidos con hebras de luz esperan su turno de cruzar a este lado de la realidad. Esperan desde siempre a que cada mujer abra su propia puerta (se abra de corazón) y dé forma en el reino de lo concreto a esa expresión única y original bordada desde siempre en el tejido de su ser.

Las hogueras de San Juan

El latido de los tambores se acompasa con el crepitar de las llamas mientras el pálpito de los corazones enciende cantos en la noche, anécdotas risueñas, recuerdos silenciosos…

El fuego, anfitrión en la fiesta, recibe nuestras ofrendas y, sin que apenas nos demos cuenta, despoja nuestras almas de todo aquello que no sirve más, dejando espacio en nuestras vidas para que lo nuevo se incorpore en un renovado ciclo.

Acá un canto, allá una risa, una ausencia al otro lado.
Ausencia por unos segundos en que las llamas vivas abren su reino para convertirnos en leños candentes; Presencia en otros espacios inexplorados del Ser.

El fuego se nutre de la historia de cada árbol que le ofreció sus ramas, y devora en un instante nuestra historia personal para mostrarnos la esencia que por siempre subyace al reino de las formas…
Las cenizas alimentan la tierra que engendrará un nuevo árbol, y la esencia que hemos rescatado nutrirá nuevos brotes en nuestro crecimiento.

Mas por esta noche, ya se dio la alquimia, la simbiosis entre palabra y fuego, crepitando cada frase en una flecha que prende memorias dormidas.
Simbiosis entre canto y fuego que aviva la fuerza en el rescoldo de nuestros sentires.
Simbiosis entre silencio y fuego generando un sonido único que acoge al mismo tiempo la suma acompasada de nuestras expresiones.

Y así va resplandeciendo la madrugada de San Juan, pudiendo verse desde las alturas la danza gloriosa del un fuego rodeado por corazones encendidos…

Celebrando para agradecer

“Lo sagrado es lo real, el poder, la fuente de vida y fertilidad” – Eliade

En tiempos en los que el ser humano vivía en el ámbito de lo natural, y por lo tanto de lo sagrado, era una ceremonia sin ceremoniosidad la labor agrícola de la siega, la trilla, el aventado del trigo….

Una tradición acompañada de la fiesta campesina, en donde se agradecía a la tierra por los frutos recibidos, y al sol por hacer madurar las espigas.

Trabajo y fiesta cohabitaban en las eras con el goce de un día colmado de frutos por los que agradecer. No faltaba la música, los cantores, las comidas típicas de la estación… todo ello regado con la alegría del compartir.

La celebración de la cosecha actuaba como símbolo del tiempo, marcando los meses y las estaciones y los años: “Cuando las yeguas giran es el tiempo el que gira y es la era la que rueda sobre el tiempo”

Y aunque muchas vueltas ha dado la rueda del tiempo desde entonces, en este Encuentro hemos querido recrear ese espíritu de agradecimiento y celebración, desde quienes somos hoy, aportando a esta Fiesta el fruto de nuestra mejor expresión.

El círculo del corazón

Hemos partido en este Encuentro de ese silencio que acoge todos los sonidos, de ese espacio vacío donde caben todas las formas, de esa primera conciencia que brota de la vacuidad colmada de todas las posibilidades.

Yo mirándome frente al espejo del mundo.
Interminable habría sido este encuentro si hubiésemos tenido que confrontarnos e integrar en la estructura del Ser todas las variantes que ofrece el mundo en que vivimos, pero nos hemos centrado en ese punto de cohesión entre dos espacios de la realidad que parecen rehuirse entre sí:

La realidad percibida por los sentidos internos
y la realidad percibida por los sentidos externos.

Existimos en un lado del espejo excluyéndonos del otro.

Vivimos dentro del Círculo Sagrado del Corazón, donde todo instante es naciente, nuevo, irrepetible, como un flujo constante de ese algo inexplicable que a la vez nos colma y vacía…
O nos perpetuamos en la huella cristalizada de nuestros esquemas mentales o circunstancias vitales.

Soy la huella o soy el flujo…
Soy amor domesticado o amor en trance…

El Amor no se sostiene en negaciones.
En el Círculo del Amor siempre hay espacio para acoger e integrar a lo otro, para reconocer en mí lo que sea que vea del otro. Así se va ensanchando el sentimiento y así se van rompiendo los límites de las creencias que nos mantienen restringidos en el marco de la definición.

Vivir desde el corazón no es estar aquí o allá; es sentir, experimentar desde ese punto de unión entre lo otro y yo
(el centro del círculo está en cada uno de los puntos que configuran la circunferencia).

Es la conexión que nos da la fuerza para dar el salto y transformarnos en una nueva y más amplia percepción de nosotros mismos.

Y, he aquí que, como por arte de magia, del espejo que nos refleja en la realidad desaparecen las imágenes que ya no pueden identificarnos, y asoman nuevos paisajes que muestran en qué medida hemos cambiado.

Conectando con la Naturaleza

El propósito que ha guiado este Encuentro ha sido abrir el corazón a la vibración de los cuatro elementos
–Tierra, Aire, Agua y Fuego-,
acogiendo el regalo que cada uno de ellos nos entrega en forma de
fuerza, entendimiento y sanación.

Conectar con la Naturaleza es una oportunidad de ir descubriendo espacios inexplorados en ser…

Desde lo sagrado de ti puedes establecer una relación con lo sagrado de la Madre Tierra, pues Ella escuchará en tu silencio, en tu canto, en tu rezo y, sobre todo, en el balbuceo del primer acercamiento.

Ella oirá los anhelos más íntimos de tu corazón, sanará tus heridas profundas y te fortalecerá para que cumplas con el compromiso que tienes contigo mismo, con tus relaciones y con la Vida…

Y así fue que el río fluyó a través de nuestras venas
y nos dejó su transparencia en el sentimiento…

El aire afinó nuestros instrumentos musicales
y dejó en la humedad del ambiente notas acompasadas
con nuevos entendimientos…

La tierra acogió nuestras ofrendas
y semillas de nuevos propósitos,
mientras sentíamos su latido bajo nuestros pies…

Y pese a que las lluvias no nos permitieron prender el fuego,
finalmente nos convertimos en leños
y encendimos una llama en nuestros corazones
que seguirá ardiendo más allá de las estaciones…

El espíritu en la palabra

Cuando los sabios ancianos de la América precolombina se reunían en asamblea para compartir conocimiento, se sentaban en círculo frente al fuego y encendían la pipa de la paz que para ellos simbolizaba el poder de la palabra.
La Palabra circulaba por cada uno de los componentes de la reunión y cada cual aportaba su visión a los presentes. Lo de menos era quién hablaba, lo importante era que la voz del Espíritu se pronunciara.

El paso del tiempo no cesa de cambiar el rostro al mundo. Ni las circunstancias, ni los encuentros ni las palabras son lo que eran. En esa fijación de mirar hacia delante, hemos acogido el semblante que hoy nos ofrecen las estaciones, aunque a veces miremos hacia atrás buscando algo importante que perdimos en nuestra idea de avanzar. No es añoranza de escenarios silvestres o bucólicos, aunque bien es cierto que donde la vida florece y se expresa libremente no queda espacio para existencias estériles; la vida contagia a la vida. Tampoco es añoranza de escasez, en todo caso, de esa abundancia inaprensible de la que carecemos en la opulencia de nuestras neveras, armarios y mentes. Tal vez lo que perdimos en el camino y echamos en falta sea la sabiduría del anciano, la inocencia en la mirada, el reconocimiento del hermano; compartir desde adentro y no desde la apariencia.

¡Perdón! ¡Rectifico! Nada está perdido, en todo caso dormido, pues aquellos sabios ancianos viven en la memoria de nuestra sangre y en esta selva urbana, y el fuego está encendido donde hay un corazón despierto, y aquella Tipi de ceremonias, o el Ágora de antaño, es hoy cada centro de encuentro donde se reúnen quienes han tocado su techo de progreso y quieren crecer hacia dentro. Donde aprendernos en el día a día, compartiendo lo que sea que ahora soy, tengo y siento. Donde, entre luna y luna, va afinándose el canto del ruiseñor entre los graznidos de la lechuza.

Abuelo Fuego

A lo largo del intenso verano, el día fue menguando en su giro incesante hasta equipararse con la noche que, en la misma medida, ha ido alargando su velo estrellado sobre nuestros sueños.

Luz y oscuridad convergen ahora en un punto equidistante.
Equilibrio de los opuestos que vivimos por un día y ante el cual muchos pueblos siguen encendiendo el fuego sagrado,
poniendo al Abuelo un rezo de trasmutación:
para la Madre Tierra,
para el ser humano,
para la vida misma…

Agradecimiento por los frutos de las estaciones vividas y apertura a los cambios que la nueva estación trae consigo.

Mas, como arriba es igual que abajo y adentro es igual que afuera, la ceremonia también es vivida en el interior de cada participante que ha puesto ahí su corazón.

El Fuego del Espíritu aviva en nosotros el continuo flujo de renovación, enciende la voluntad que impulsa nuevos propósitos para una nueva estación, funde todos aquellos elementos que nos sirvieron ayer para avanzar, pero inútiles ya en este nuevo ciclo, evapora las ideas y pensamientos opresivos y nos deja la claridad resplandeciente de un cielo más limpio en el horizonte de nuestra mente.

Encuentro de Ecoaldeas

En Lucainena de las Torres – Almería
XIII Encuentro Ibérico de Ecoaldeas
en Cortijo Los Baños – Al Hamam
9 al 12 de Septiembre 2010 –

Ahora sí que puedo asegurar, por si alguien lo pregunta, que vivir la magia del corazón no es un cuento para niños ni utopía para ilusos, sino una realidad que tiene nombre de cortijo y entorno de oasis verdeando entre paisajes baldíos.

Y lo mismo atestiguarán, por si a alguien le queda duda, un centenar de gentes de distintas geografías que han compartido su arte, su conocimiento, su Medicina, conviviendo en perfecta armonía…

Al amanecer, entre huertos ecológicos, árboles frutales y olivos, han visto también los girasoles cómo el sol se levanta sobre el horizonte, girándose sobre el regalo de un nuevo día donde aprender de quienes ya desaprendieron,
donde convivir rezuma armonía en la expresión de tanta creatividad,
de tanta vitalidad, de tantos talentos…

Las manos se unen en un gigantesco círculo –la derecha entrega, la izquierda recibe– y los pies descalzos sobre la hierba hacen contacto con la Madre Tierra, sintiendo todos el mismo ritmo de un único latido….

La caracola saluda a las cuatro direcciones y el soplido del viento responde con reverencia dispersando las bendiciones del cielo…

La danza se desviste del cuerpo y bailan los corazones al compás de un sentir que no tiene nombre…

Los niños juegan a ser mayores y nos enseñan a ser más niños, más auténticos, más inocentes…

La madreselva exhala música a través de las cuerdas de la guitarra mientras el oráculo canta con voz melodiosa el mensaje que resuena con el más íntimo anhelo…

Las miradas ya no juegan a esconderse ni esquivan el contacto de ojos extraños, se atreven por fin a reír alegres en cada reconocimiento…

La comida sabe rica, incluso antes de probarla, por la sonrisa que al servirla puso la buena voluntad del voluntariado…

Escribimos nuestros deseos –“que un mundo mejor sea posible”– en cientos de telas que después se convierten en la gran bandera que el viento ondea como si pretendiera esparcir sueños por todo el planeta…

Las noches huelen a música y al humo que escapa del fuego encendido en la era,
a conversaciones que se renuevan,
a un querer saber más de éste o de aquélla:
“¿de dónde vienes, adónde vas?«
«Venía de allá buscando un lugarcito en el mundo”

En el cielo estrellado, “algo” –nadie sabe qué– estalla -¿de gozo?- generando una enorme aureola que nos guiña su ojo verdoso desde la cúpula celeste…

Y un nuevo amanecer nos despierta del sueño inconsciente,
y vivimos un día más dentro de la magia de esos sueños
que se empeñan con todo el corazón
en no adormecerse de nuevo…