Pintando mandalas

Un día me puse a recapitular sobre el primer recuerdo del sentimiento de amor que podía rescatar al tejido memorial, así que fui tirando del hilo hasta encontrar esa primera impronta grabada en mi alma.
Sucedió cuando tenía unos tres años y jugaba con otras niñas del barrio: a eso del anochecer vi asomar a mi padre por la esquina de la calle y eché a correr pendiente abajo a buscarle.
Él me aupó en sus hombros hasta casa.
En ese tramo quedó grabada para siempre la sensación de avanzar hacia el amor y sentirme aupada por la dicha, segura en los hombros del mundo.

Agradezco infinitamente a Teresa Costa por invitarme a retomar los pinceles en este fin de semana colmado de nuevas lecturas y colores, nuevas expresiones sobre el mismo tema de siempre: El Amor. El anhelo profundo de sentirnos seguras y acompañadas en el cambio y el movimiento, en el proceso de transformación que ha de convertirnos en hombros firmes para nuevos brotes de dicha e inocencia que surgen después de la tormenta; de sentir la alegría de una niña que corre a recibirme calle adentro, mientras asoma el amor por la esquina del lienzo.

El anhelo profundo de confiar en el otro,
de que tu más íntima inocencia se sienta a salvo en sus hombros,
a la vez que oyes su risa o sus lágrimas confiadas en los tuyos.

El anhelo profundo de sentirnos amadas así como somos,
con nuestros trazados más definidos y aquéllos más borrosos.

Un anhelo que no es sino el llamado de la dicha más honda
que sostiene a la inocencia confiada en tus hombros, Amor,
para que las manos de una niña tracen círculos en el lienzo del tiempo,
y pinten con colores un mapa de retorno a casa
que Tú dejaste grabado como una impronta en mi alma.

¡¡¡Gracias, niñas, por tantos colores que habéis pintado en mi corazón este fin de semana!!!

La genialidad creativa

Decía Mozart que el genio de la creación no es la inteligencia sino el Amor.

El amor en tu corazón es el que ofrece la genialidad creativa.

A veces la mente crea imágenes geniales desconectadas de la realidad que percibimos alrededor, como patrias en el aire que otorgan descanso a la pesadez de lo evidente. Otras veces es como si el mismo ingenio viniese a leer en situaciones triviales que, a simple vista, no tienen lecturas que ofrecer.

¿Qué puede decir un momento de sencillez y recogimiento a orillas de un río?

Descansa el cauce ligero en los recovecos estancados
para que las aguas turbias se incorporen a la corriente.
Lo explican las hojas muertas como renglones
que se deslizan lentamente
hasta que el flujo del río se las lleva consigo.
Una hoja se queda atrapada entre la espesura,
meciéndose indiferente en la quietud del atolladero.
Quizá sueña entre esas raíces con volver a ser rama
que contempla el río desde lo alto.
O tal vez se deslice corriente abajo
por este cauce coronado de paisajes conocidos,
y otros por descubrir,
imaginando el descanso en las raíces del Amor.