La amistad pide confianza

«Atrás, en algún punto de la línea del tiempo,
hemos echado residuos en el manantial de la vida,
el único que ha de saciarnos.
Luego, delante, en alguna sed del trayecto,
bebemos el agua turbia que antes arrojamos…”

Cuando dos personas descubrimos nuestra afinidad de corazón
con esta claridad que nos aclara,
aunque sea por este medio tan porfiado y tan mágico
que es el abstracto de las palabras,
debe ser que hemos ganado la confianza
que abre sendas a la Amistad.

Somos amigos y, además, abrimos rutas expansivas
por encima de nuestras vicisitudes
y contingencias particulares.

Entonces ni siquiera la falta de contacto cotidiano
hace desaparecer lo que apareció de ti y de mí
al compartir instantes de apertura.

Es por esto que, antes de un ¡Sí! a la Amistad,
nos preguntamos cuánto de cerrados
o cuán de abiertos estamos dentro de nosotros mismos,
pero, ante todo, cuán dispuestos
a transitar con transparencia dentro de otro ser…

Semillas de confianza

Alguien me dijo una vez que nunca brota una flor por muchas semillas que pongas en una piedra.
La confianza respondió que sí, que puede suceder lo imposible cuando hago lo posible.

Y esto mismo sucedió la vez que lancé una semilla al vuelo,
por no dejarla en mitad del camino expuesta a ninguna suela de algún zapato.

Yo no digo que sea para tropezarse, pero las piedras están por todos lados y en una de éstas cayó mi semilla confiada.

Concienzuda yo, me fui a buscarla para ponérselo más fácil y dejarla sobre la tierra.
Lástima que ya no la encontré entre tantos peñascos.

Entonces fue cuando la Confianza me recordó:
“No te preocupes por lo que de ti no depende.
Marcha tranquila porque tu intento ya hizo la siembra
y mira cómo floreces tú entre tus piedras…”

Como aprendices dormidos

¿Te acuerdas? Fuimos aprendices mientras trazábamos el plano de encuentros y recorridos para encontrarnos.

Leímos en la biblioteca de los libros vivos, buscando historias en unas estanterías y en otras, con la única misión de no quedarnos dormidos en las páginas ya escritas, sino despiertos en cada renglón que trazase nuestra conciencia.

Nos acompañaba la confianza de despertarnos cuando quedásemos dormidos, o atrapados en un cuento de laberintos.

Pero la confianza no basta sin la voluntad de ser confiables.
Tus brazos dormidos, no alcanzan a alcanzarme.

Y, sin embargo, en algún horizonte de nuestro sueño común, me alcanza el amanecer de tu voz:

“Lo siento, me quedé atrapado en otro cuento.
Perdóname. No he despertado con la humedad de tus lágrimas ni con el fuego de tu rabia.
No he despertado hasta que no has gritado tu último grito, el que por fin ha liberado todo el dolor de tus entrañas y ha retumbado en esta página vacía donde no hay leña para encender más iras, ni agua para regar más desilusiones…”

Leímos como aprendices en los párrafos de la vida.
Despertemos ahora, y cumplamos con la única misión de activar las líneas de conciencia…

Como una hoja

Si dejas de danzar con el viento, la música se acalla en ti.

Si no te sueltas en esos segundos de entrega plena, desasiéndote de la práctica de las horas que siguen la misma práctica de siempre, el tiempo se olvida de darte cuerda.

Si no confías en que el viento te sostendrá en sus brazos, es que no has visto a la mujer que tiembla en una hoja.

Y si, aun así, confiada, se secan las hojas en las ramas de tu pensamiento, puedes atender a la música que toca el invierno, y bailar tu canción con la lluvia…

Ilusión por renacer

En el recorrido que hace la ilusión, ya no puedo acordarme de las veces y tramos que la desilusión anduvo los pasos.

Desaparece a menudo la ilusión y, sin embargo, sigue latiendo su pulso, su capacidad de generar el entusiasmo y la fuerza que impulsan un nuevo comienzo.

Y es que permanece la confianza latente en que, por debajo o por encima de todas las cosas que han sucedido, hay un ser en mí que siempre está naciendo, aunque no siempre encuentre acogida en estos brazos que sujetan y se apegan al ser que fui.

Esta ilusión de la que hablo, no es una ceguera rosa que pinta el camino del mismo color porque desconoce que en el camino asomarán todos los colores, y también todas las tonalidades del gris.

No es una ilusión de ilusa, la mía.

Es un sueño de confianza, de convicción profunda en que, para renacer, hay que llegar hasta el final.

Es una juventud que circula por debajo de las arrugas mientras llego a cada meta.

Ilusión también por llegar contigo, para que no quede inacabado, incompleto, indeterminado, eso que sea (que todavía no sé) que tengamos que vivirnos…

En Casa Aitana, Puertollano

Hacer lo posible en cada paso
para que el Camino nos regale lo imposible…

Así es como se ha ido manifestando la Confianza en este recorrido de Encuentros que escribieron otras páginas en el aire.

Y así, en este ciclo iniciado con la primavera, fui experimentando cada uno de los trece capítulos que constituyen Los Ojos de la Noche.

El hilo mágico de las palabras y la magia de las relaciones han bordado realidades en el tejido de la realidad.

El Círculo, como Unidad de Conciencia, ya no es un desarrollo de concepciones abstractas, sino un cúmulo de momentos vividos, compartidos junto a gentes maravillosas en cuyos corazones resonó el latido del Centro.

Finalmente los extremos se unieron en su trayectoria, y lo mágico del asunto es que sucedió en Casa Aitana, Puertollano, donde pude comprobar que el final del libro, narrado con la sustancia de los sueños, es una realidad concreta que escribe sus signos (con constancia, compromiso y mucho amor) en esa página viva que cada nuevo día despliega ante sus habitantes…

Respirando en la confianza

En estos días estuve revisando el libro Semillas de un Sueño, antes de subirlo a la plataforma digital de Bubok.

Y es curioso cómo vuelvo a vivirme algunos párrafos, aunque de otra manera.
Y me parece mágico que, haciendo las correcciones sobre la pantalla del ordenador, también fui haciéndolas en mi página interna actual, ésa donde los hechos ponen de manifiesto que:
“no me sirven las llaves de ayer
para abrir la puerta de hoy.”

Corrijo ahora también:
no hay puertas que cruzar
ante una mirada que viaja a cielo abierto
y ve la luz antes de que sus rayos
toquen la faz de los días,
los relieves de lo concreto,
traspasando las madrigueras psíquicas
donde a veces se quedan atrapadas las alegrías.

Sin llaves ni puertas, respiro la esperanza que me regala la levedad del vuelo, y se renueva en mí la Confianza de que todo está bien y estará mejor, si es que tiene cabida la mejoría.