La vida no se construye en la base de ésta u otra formación,
de éste u otro oficio,
de esta geografía o aquel camino.
Se decide más bien en el soporte de la persona que decido ser,
en mi corazón, frente a mí misma.
Por eso el grado de sinceridad conmigo,
y en mí, es crucial, importantísimo;
por una razón sencilla:
porque toda persona que acepta engañarse a sí misma,
acepta también con igual o mayor medida
engañar y ser engañada por los demás.
La verdad no convive con el autoengaño,
ni camina junto a los cuentos que cuento
y acepto de los demás,
sencillamente porque una vida real
va dentro de un camino de Claridad.
Por el contrario, el autoengaño
es una geografía difusa,
una visión de corto o pequeño recorrido.
Algo así como si mis quejas, evasivas, justificaciones,
fuesen vereditas que me entretienen en lo otro,
abriéndome paso, a tientas, hacia esa quimera
que me hace pretender de todos menos de mí misma…
