Paisajes cambiantes

Las piedras llevan en sí mismas
todas las miradas cristalizadas:
el escultor las ve de una manera,
de otra el arqueólogo, el orfebre,
el chamán, el caminante…
Yo diría que el agua que va rodando los cantos
es la única que conoce sus secretos,
pero se los lleva corriente abajo…

Un estanque de aguas quietas y transparentes.
Paz y armonía en el flujo de las emociones hasta que una piedra es lanzada en la superficie cristalina rompiendo el hermoso rostro de un sentir.

La reacción primera es culpar a la piedra,
o a la mano que la lanzó,
incluso hacer culpable a la impermanencia de la belleza.

Pero si soy paciente puedo ver que, después del caos y la confusión,
la imagen estancada se transforma en otro paisaje que refleja
la hermosa faz de otro sentir…

Antes y después

El cielo se transforma en un inmenso tapiz
con pinceladas de fuego.

¡Cuánta belleza contenida
esperando amanecer en cada mirada!

¡Cuántos ocasos deseosos
de ser bautizados por nuestros ojos!

Mas, antes y después de los nombres
está el presente pintando cada ausencia.

Antes de interpretar la visión
y después de olvidar las hojas secas,
estuvo y estará el aroma de las flores…