Gente con ángel

A menudo pienso en cómo se han extendido mis brazos
para abrazar lo universal
y cómo a veces me quedo manca
a la hora de abrazar a quienes están aquí al lado.

Yo sé lo gratificante y fácil que es abrazar
al ángel perceptible en los demás,
pero, cuando éste no se hace tan visible,
siempre pido a los brazos del Amor
que se extiendan para tocar
ahí donde no llegan los míos…

Paciencia activa

Y entonces el Jardinero me dijo:

Mantén en la espera el terreno limpio de malezas, para que cuando asomen las flores que han sido sembradas en tu tierra, puedas olerlas y disfrutar de la belleza que el amor ha sembrado en ti.

No te impacientes y te vayas a buscar florecillas en otros campos, pues, aunque las encontraras, no serían las que recuerda el espíritu, y no reconocerías sus fragancias en la sutileza de tu ser.

Mantén en la espera el cuidado de tu tierra fecundada por el amor.

Y, si no estuvieras cuando tu jardín florezca,
si te has ido,
o lo has descuidado y sólo ves olvidos,
no le llores a la vida,
que ahí estarán las flores hasta que recuerdes o retornes a ti.

Porque los jardines que el Amor siembra en tu corazón
son eternos y no se marchitan…

Metamorfosis

Era un cautivo beso enamorado,
de una mano de nieve, que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de un ave en la agonía.
Y sucedió que un día,
aquella mano suave
de palidez de cirio,
de languidez de lirio,
de palpitar de ave,
se acercó tanto a la prisión del beso,
que ya no pudo más el pobre preso
y se escapó; mas, con voluble giro,
huyó la mano hasta el confín lejano,
y el beso que volaba tras la mano,
rompiendo el aire, se volvió suspiro.

Metamorfosis – Luis G. Urbina

Luis G. Urbina lo llama Metamorfosis en este poema donde describe a un beso cautivo enamorado de una mano que se cree libre, aunque al final acaba huyendo.

En mi poemario particular ha supuesto la transformación que hizo la mano (lo personal) para acercarse lo suficiente a ese espacio intangible al que no se le da reconocimiento, ni aceptación, ni expresión (el beso).

La metamorfosis de un prisionero beso en suspiro liberado.
La transformación, en aliento esencial, de todo eso que quedó olvidado, ajeno, oprimido…

A veces se manifiesta el amor entre lo uno sintiente ahí dentro
y lo otro visible ahí fuera;
amor hacia lo ajeno que no siempre acepta el todo en la otredad.

Otras veces no encuentras nada ahí fuera que despierte tu sentir, y miras adentro.
Con ojos de asombro ves la infinita paciencia con que el amor va reconciliando en ti un espacio y otro; descubres entonces un sentimiento prístino que ya no puede rechazar nada, pues ahí dentro nada queda fuera del sí mismo.

Y es ahora, mientras declamo el poema de Luis G. Urbina, cuando se me hace visible el amor entre un verso y otro;
entre una imagen –el beso o el amor–
y otra –la mano o la persona.

El poema es lo otro que ahora siento y acepto en la totalidad de sus estrofas.
Las imágenes son dos espacios en mí que ya no se rehuyen.
Se están amando desde siempre.

«Y era un cautivo beso…»

En presencia del amor

He descubierto que todo cuanto amamos en los demás se hace Presencia en nosotros mismos. Y, como ilustración de esto que cuento, diré que una vez me enamoré de un artista.
¡Sí! Puedo asegurar que su canto me encantó entonces. Y, aunque sigo desafinando, noto algo así como si todo mi discurso quisiera cantar, hacer música, declamar los rumores de siempre al son de un latido que los renueve.

En otra ocasión me enamoré de un elfo.
¡Sí! ¡Así como lo cuento! Y he visto cómo ha ido tomando realidad en mi vida un ser volátil, algo así como una nube liviana que no pretende cargar con el peso del mundo, sino ser lo que es, una simple nube. No siempre está ahí, claro, porque la solidez en la mirada no puede soportar la levedad del ser, ya que ésta viene a recordar cuántas cargas innecesarias he puesto en mis ojos.

Sin embargo, en el fondo de los fondos, todos quisiéramos ser ligeros, vivir sin llevar el peso del mundo en nuestros hombros, para no convertirnos en el mismo cansancio del mundo, para que si el acto de vivir ha de llevar cargas sean éstas las que la Presencia sostiene y abraza.

Dime Amor

– Amor. ¿Qué quieres de mí, Amor?
¿Debo obligarme a amar lo que no puedo aceptar de manera natural?

– No hay cosa ni espacio ni forma que el amor no ame
y que a través del amor no se convierta en cosa amable.

Pero antes de amar lo que aceptar no puedes,
has de observar a tu propia resistencia,
los motivos que pusieron en tus ojos
esos cristales empañados de juicios.

Abrazar la propia negación,
que es lo mismo que aceptar aquello que niegas.

Pues no puedes amar lo negado
negándote el fuero interno.