He tomado de la montaña las piedras inertes,
pensando que, por quererlas, porque me gustaron,
tenía derecho a llevármelas conmigo.
Y por cogerlas para mí he cargado con su peso,
y me he lastimado con sus lamentos,
y me he impacientado esperando que sientan
el palpitar de un corazón,
de la vida fluyendo por ellas.
Hasta que una piedra me habló hace poco y me dijo:
“Podrás llevarte a cuestas todos los peñascos
acumulados en tu experiencia.
Y porque te golpeas una y otra vez
en esos riscos de la memoria,
no estás sintiendo cómo la esencia de lo vivido
corre como un río por tu sangre.”
Y le tuve que dar la razón a la piedra,
porque es cierto: lo auténtico no pesa ni oprime.
Lo verdadero te libera porque nunca puede atraparse…
