“Todos los seres humanos sueñan con llegar a ser importantes
todos sueñan con la gloria y la fama
y con ser reconocidos por el resto de los hombres.
Y no saben que, en el silencio,
cada hombre lleva repartido el peso del mundo,
cada uno realiza su sacrificio
según su particularidad y su entorno,
y cada uno es toda la humanidad trascendiéndose
y abriéndose como una flor al cielo de las estrellas hermanas…”
Hay seres incógnitos que no dejan huellas sobre el mundo porque ellos mismos se han convertido en rastro invisible, en pisada silenciosa, en lenguaje sutil que la experiencia acalla con opiniones múltiples de cada verdad ajena.
Hay seres que no asoman en los medios de comunicación;
nadie ha escuchado hablar de ellos,
ni siquiera los familiares y amigos llegan a conocerles en la profundidad insondable de su naturaleza.
Y, sin embargo, son ellos el sueño iluminado que sostiene al día (a veces ensombrecido de disonancias), mientras se entregan sin remedios a la rutina de sus quehaceres.
Hay seres incógnitos que no dejan huella sobre el mundo porque ellos mismos se han convertido en acción silenciosa:
hacen el amor a la luz del día (también en la noche),
desde que el sol se levanta por el horizonte…
