Piedras de plumas

Un albañil quería, no le faltaba aliento,
quería, piedra tras piedra, muro tras muro,
levantar una imagen al viento,
desencadenadora en el futuro.
Quería un edifico capaz de lo más leve,
piedras de plumas, muros de aire
que construyen una imaginación al mediodía…

También de niña me gustaba la poesía, dejándome encantar por una música insonora de versos que sólo conseguí comprender (sin comprender nunca del todo) muchos años más tarde.

Cuando las palabras se viven sin corsés, libres de ataduras, como si fueran alas que desplazan paisajes imaginarios, sin explicación –mas con el sentido vivo y práctico de exclamarse–, afirman la humanidad que nos habita. Siendo también así que, a través de la poesía, el ser humano ansía habitar el mundo más allá de los sentidos…