Hay pueblos y culturas que han integrado la Medicina en sus vidas, no en forma de fármacos ni hospitales, sino en una manera de vivir que concibe cada acto, cada pensamiento, cada relación, en términos de Salud o Enfermedad.
En términos de vibración energética.
En términos de Alianzas con lo otro, con el otro…
Pues dos cosas pueden suceder en el acto de relacionarse, no sólo a nivel personal sino a todos los niveles: que perpetuemos aquello que nos separa de otra entidad, ya sea un ser humano, un árbol, una cultura, un recuerdo del pasado, una creencia…
o que se dé una conexión profunda que nos acerque al reconocimiento de lo otro en mí mismo…
El libro Girasoles al amanecer es el resultado del poder sanador de la recapitulación, pero este trabajo no serviría de nada si sólo se quedara en las páginas o en el intelecto sin trascender a lo cotidiano.
Y es que, en este día a día, me encuentro con relaciones que me invitan a sanar el peso del pasado y, en la misma medida en que se aclara lo de atrás, van llegando otras que traen ligeros recuerdos del futuro.
Un proceso que en la actualidad se va acelerando a través de incontables vías que nos dan la llave necesaria para abrir la misma puerta:
“Escucharse, darse cuenta de cuánto cuento nos habita“.
Particularmente he encontrado esa clave en la Gran Alianza, esto es: cultivo a mi manera una buena relación con el Espíritu y con la Madre Tierra, a través del silencio y la palabra.
Ello no significa que puedo esquivar las pruebas que reafirman mi elección:
Elijo el Amor,
elijo la Paz,
elijo el Entendimiento…
Y es así, en cada prueba de paciencia, de humildad, de impecabilidad, de confianza… que voy sumando energía.
Y es que para Recordar el Ser que Somos se necesita energía.
Fuerza que nos saque de esos espacios anclados en la memoria del olvido.
Claridad para que esas imágenes que rechazamos, pero que nos habitan, dejen de ser sombras que pesan en alguna parte…
