Hay momentos que llegan con las alas puestas
y no necesitamos de escaleras para sentir,
aleteando en ellos,
el cielo,
la magia,
y ese saber directo tan inspirado e inspirador.
Hay momentos que construyen una escalera de creencias
para subir al cielo y tocar el Misterio,
con la intensidad de una emoción
o la punta de un pensamiento.
Una escalera cada vez más lejana, por cierto,
ya que del último afianzamiento de la conciencia
surge el vértigo ante el vacío
y la necesidad de otro peldaño
con interpretaciones más supremas.
Y hay unos pocos momentos
que configuran nuestras alas
girando a la inversa las cosas y las formas,
incluso las escaleras que conducen al cielo…
