Hoy me habló la Mujer de mágicos reinos
escondidos bajo la piel de los seres humanos:
del valor de ensanchar los pulmones y respirar a fondo las diminutas riquezas que la vida deja al borde de cada segundo;
del calor de los corazones cuando hacen lumbre para calentar la indiferencia de algunos rincones del día…
Y esa Mujer, ante todo, me transmitió
la bendita sensación del espíritu que intenta recorrer, en paz, cada metro y cada paso en su afirmación por la vida, sembrando pequeñas estrellas en el camino;
algunas tan diminutas que apenas se ven, pero alumbran, sobre todo cuando más necesarias son, en la oscuridad de la noche…
