Estamos hechos de luces y sombras…
Últimamente le doy vueltas a una idea que no sé si sabré desarrollar con esa claridad meridiana con que vi la imagen:
“El sol en su cenit”.
A menudo me peleo con mi propia sombra,
un absurdo, lo sé,
ya que la sombra no tiene entidad en sí misma.
Agazapada a la espalda del ser,
a veces al lado, otras delante,
oscurece los pensamientos,
verborrea con mis palabras,
sabotea la voluntad.
Otras veces hacemos las paces,
cuando, por ejemplo, el fruto del árbol
se manifiesta como una sombra fresquita
en una calurosa caminata.
El mismo árbol me enseña que la sombra en sí
no es mala ni buena,
existe, entre otras cosas, para indicarme
que no me hallo en esa alineación
donde las sombras desaparecen,
para que vea con claridad
que todavía no está mi sol en su cenit.
