Una treintena de mujeres nos reunimos en círculo ante el Caldero Alquímico.
Cada cual puso como ingrediente personal la esencia que ha ido acumulando en ese puchero que el día a día cocina a fuego lento…
Desde la perspectiva de que la realidad de cada cual aporta los ingredientes necesarios para que la alquimia se produzca en nuestras vidas, no era necesario recorrer 500 km para poner una intención en ese caldero mágico. Sin embargo, algo ha cambiado, no soy la misma que regreso por la misma carretera que me condujo hacia el Cañón de Río Lobos, en la provincia de Soria.
El puchero de mi realidad cuenta ahora con la sustancia de esas mujeres hermanas, con la intensidad de sus risas, sus llantos, su creatividad, sus silencios, su generosidad, sus palabras… la magia de sus corazones.
Y sé que el Corazón de la Madre Tierra sintió nuestro canto y escuchó nuestro rezo, que curó nuestras heridas profundas cuando la gran cueva nos abrió sus entrañas para parirnos de nuevo como hijas de un mismo útero, como hermanas de un mismo vientre.
Y ahora sé que la varita mágica abrió la puerta a esa dimensión donde infinitos sueños tejidos con hebras de luz esperan su turno de cruzar a este lado de la realidad. Esperan desde siempre a que cada mujer abra su propia puerta (se abra de corazón) y dé forma en el reino de lo concreto a esa expresión única y original bordada desde siempre en el tejido de su ser.
