Cuando la magia sonríe

Hay una sonrisa luminosa
que afloja los músculos del mentón,
suaviza el entrecejo,
dulcifica la mirada
y detiene los pensamientos.

Es tan ligera y fugaz
que no puedes atrapar su resplandor.
A veces se deja sentir al amanecer,
cuando la primera claridad del día
perfila la montaña apagando el cielo estrellado.

Entonces te regocijas ante la visión
de la más rezagada, Venus,
que parece decirte con un guiño de destellos:
“mi destino es saludar al sol con el alba
y despedirlo en el ocaso,
pero ¡me gustaría tanto pasar un día con él!
¿Te atreverías a llevarme en tu corazón,
para que yo pudiera sentirlo en las horas del día?”.

Sucede algo mágico si aceptas el encargo,
y es que la luz de esta sonrisa mágica
comienza a brotar en tu pecho
y, durante todo el día, con nubes o despejado,
se derrama por tus labios…