Espejito, espejito…

Contigo se unen los cristales rotos
de todas las veces que la ilusión se rompió en mí,
de todas las veces que no pude ver la imagen completa
de lo que somos.

En ti se unen los trozos
y puedo vernos completamente.

A decir verdad, sobrepasas con creces el marco de lo vivido
y sé que mirándome en ti descubriré aspectos de mí desconocidos.

Es que eres muy grande, Amor.
Y ¡claro! me agrandas…

Escaleras hacia el cielo

Hay momentos que llegan con las alas puestas
y no necesitamos de escaleras para sentir,
aleteando en ellos,
el cielo,
la magia,
y ese saber directo tan inspirado e inspirador.

Hay momentos que construyen una escalera de creencias
para subir al cielo y tocar el Misterio,
con la intensidad de una emoción
o la punta de un pensamiento.

Una escalera cada vez más lejana, por cierto,
ya que del último afianzamiento de la conciencia
surge el vértigo ante el vacío
y la necesidad de otro peldaño
con interpretaciones más supremas.

Y hay unos pocos momentos
que configuran nuestras alas
girando a la inversa las cosas y las formas,
incluso las escaleras que conducen al cielo…

Soltar nos libera

He tomado de la montaña las piedras inertes,
pensando que, por quererlas, porque me gustaron,
tenía derecho a llevármelas conmigo.
Y por cogerlas para mí he cargado con su peso,
y me he lastimado con sus lamentos,
y me he impacientado esperando que sientan
el palpitar de un corazón,
de la vida fluyendo por ellas.

Hasta que una piedra me habló hace poco y me dijo:

“Podrás llevarte a cuestas todos los peñascos
acumulados en tu experiencia.
Y porque te golpeas una y otra vez
en esos riscos de la memoria,
no estás sintiendo cómo la esencia de lo vivido
corre como un río por tu sangre.”

Y le tuve que dar la razón a la piedra,
porque es cierto: lo auténtico no pesa ni oprime.
Lo verdadero te libera porque nunca puede atraparse…

Como aprendices dormidos

¿Te acuerdas? Fuimos aprendices mientras trazábamos el plano de encuentros y recorridos para encontrarnos.

Leímos en la biblioteca de los libros vivos, buscando historias en unas estanterías y en otras, con la única misión de no quedarnos dormidos en las páginas ya escritas, sino despiertos en cada renglón que trazase nuestra conciencia.

Nos acompañaba la confianza de despertarnos cuando quedásemos dormidos, o atrapados en un cuento de laberintos.

Pero la confianza no basta sin la voluntad de ser confiables.
Tus brazos dormidos, no alcanzan a alcanzarme.

Y, sin embargo, en algún horizonte de nuestro sueño común, me alcanza el amanecer de tu voz:

“Lo siento, me quedé atrapado en otro cuento.
Perdóname. No he despertado con la humedad de tus lágrimas ni con el fuego de tu rabia.
No he despertado hasta que no has gritado tu último grito, el que por fin ha liberado todo el dolor de tus entrañas y ha retumbado en esta página vacía donde no hay leña para encender más iras, ni agua para regar más desilusiones…”

Leímos como aprendices en los párrafos de la vida.
Despertemos ahora, y cumplamos con la única misión de activar las líneas de conciencia…

Voluntad de reinventarse

Pensé que el peregrino viaje tocaba a su fin,
que había llegado al límite de las fronteras
y de los sueños.

Pensé que la senda se extinguía bajo los pasos,
como un sueño, harto de soñar,
se dispersa con el despertar.

Pensé agotadas las provisiones de empeño
y de ilusiones,
y abordaba el momento de las despedidas
con miradas taciturnas…

Pero la voluntad rehúye las tumbas;
no acepta un final sin punto de comienzo.

¡Y fíjate cómo suceden los ciclos!

Cuando los viejos dichos languidecen en el crepúsculo,
las nuevas melodías cantan al sol de la alborada.

Donde los viejos caminos se borran,
los pies de ahora abren una vereda
bordeada de des-conocimiento y de misterio.

Mientras se desdibuja la faz de antiguas quimeras,
las nuevas arrugas dibujan el mapa
de un rostro más verdadero…

Emociones torcidas

El rosal crece en un rincón sombrío del soportal de la casa.
Sus hojas cenicientas tocan espacios en mi ser que desconocen la luz.
Las ramas se estiran hacia la claridad,
buscando un rayo de sol que apenas las rozan.
Hay emociones que crecen torcidas,
desquiciándote y desquiciando sin medida.
Se dirigen hacia la luz atravesando incertidumbres, penumbras.
Se siente la ternura de su esfuerzo
cuando tocan los pétalos de tu alma.
Cuando, allí donde no hay una flor, hueles el aroma de las rosas…

Sueños realizables

Me ha dicho un sueño en esta madrugada,
que los sueños hay que protegerlos hasta que tienen suficiente fuerza para tomar vida y vivir,
para formar cuerpo en la realidad.

Los sueños toman perfil, consistencia y carácter, en la oscuridad,
así como una semilla en las entrañas de la tierra,
o así como el bebé que se fue gestando en el vientre materno, y al que el aire solamente toca y llena y alienta a través del primer grito, el que indica: “estoy listo para vivir”.

Cuando no ha nacido el sueño,
cuando sólo son rumores que se difunden al vaivén de los vientos,
los sueños se disipan en el aire,
aunque despierten ecos que reflejan
si son sueños creíbles o son quimeras.

Ni unos ni otros ecos dan poder a mis sueños,
es menos, me confundo con tantos supuestos y suposiciones que ocupan el lugar protegido donde un sueño en particular se fortalece,
donde se gesta la fuerza necesaria para hacerme más real…

La euforia de los sustitutos

Si no sintiera melancolía, creería que ya he llegado, que ya soy plena.

No he conocido a ningún buscador que no sienta la nostalgia de regresar a casa.

Ken Wilber lo desarrolla muy bien en su obra “Después del Edén”:
El ser humano ha creado un mundo de sustitutos que mitiguen la desazón por haber perdido su paraíso”

La desazón de este asunto no está precisamente en el disfrute de esos sustitutos
¡ojalá nos colmaran de satisfacción!
sino en esa ansiedad que generan sin saciarse,
en esa euforia de más y más sustitutos que colmen el hueco vacío.

La euforia nunca se sostiene por sí misma, se sujeta de verbos como alcanzar, tener, lograr, querer, conseguir, aspirar…
se sujeta a la impermanencia.

¡Ay! Pero me fui al otro extremo queriendo decir algo de la melancolía,
de esa música callada que suena en la intimidad y que me recuerda un “no sé qué lugar”…

Cuenca Lee

Como un pato en las aguas del río Huécar…
como un mirlo silbando al viento en las ramas desnudas de un árbol…
como una piedra en volandas de nubosos prados…

Así escribí otra página en la Feria del Libro de Cuenca…
Y así recibí a tantos soles que asomaron entre nubes y se detuvieron un rato a leer,
y dejarse ver, por estas Miradas Peregrinas…

¡Gracias, amigos conquenses, por tantos regalos que dejasteis a vuestro paso por el stand de Librería Hamburgo!

Antes y después

El cielo se transforma en un inmenso tapiz
con pinceladas de fuego.

¡Cuánta belleza contenida
esperando amanecer en cada mirada!

¡Cuántos ocasos deseosos
de ser bautizados por nuestros ojos!

Mas, antes y después de los nombres
está el presente pintando cada ausencia.

Antes de interpretar la visión
y después de olvidar las hojas secas,
estuvo y estará el aroma de las flores…