Sentido de propiedad

Lo tuyo…
Lo mío…

Da igual cómo lo nombremos.

Lo mío es tal si me hace suyo, y le hago mío.
El sentido de la propiedad es pasivo y es activo.
En su pasividad es acumulación, coleccionismo, depósito…
Y es cuidado, responsabilidad, compromiso en cada acción…

Pero, la verdad de las verdades,
es que somos nosotros mismos
en eso que hacemos nuestro.

Sueños realizables

Los sueños, si no son realizables,
son quimeras,
fantasías,
distracciones o escapes de la realidad.

Yo quiero pintar un sueño realizable
pero no encuentro los colores del día
en el fondo de mis pupilas.

Acepto pues que estoy anochecida,
y que todo está por despertar
con otros matices e intensidades.

Yo sé que vienen amaneceres con otros soles,
pero ahora resplandece la Luna
y es su luz la que escribe signos
en los cielos de la madrugada.

Luego, o acaso en este mismo renglón,
una noche despierta y una noche dormida se encuentran.

Después, o quizás entre un segundo y otro,
unos sueños compartidos se desperezan,
se dejan tocar por la realidad del día
así como la luz del sol toca la mañana
y hace visibles las cosas invisibles en la madrugada.

Dejemos pues que los sueños despierten
y nos despierten,
ellos mismos nos dicen lo que es real y realizable…

Semillas de confianza

Alguien me dijo una vez que nunca brota una flor por muchas semillas que pongas en una piedra.
La confianza respondió que sí, que puede suceder lo imposible cuando hago lo posible.

Y esto mismo sucedió la vez que lancé una semilla al vuelo,
por no dejarla en mitad del camino expuesta a ninguna suela de algún zapato.

Yo no digo que sea para tropezarse, pero las piedras están por todos lados y en una de éstas cayó mi semilla confiada.

Concienzuda yo, me fui a buscarla para ponérselo más fácil y dejarla sobre la tierra.
Lástima que ya no la encontré entre tantos peñascos.

Entonces fue cuando la Confianza me recordó:
“No te preocupes por lo que de ti no depende.
Marcha tranquila porque tu intento ya hizo la siembra
y mira cómo floreces tú entre tus piedras…”

Travesía hacia el núcleo

Rodeados de desierto al frente,
de indiferencia a ambos lados,
y de caos por detrás,
atravesemos pues el desierto.

¡Adelante, pues!

El caos y la indiferencia no nos tocarán
si no los hacemos confortables en la travesía.

Porque, a su manera,
el desierto también puede convertirse
en un caos sin definir:

Donde da igual todo,
la dirección a seguir
también es indiferente.

Y aún así, avancemos hacia el frente.

Optemos por el desierto
frente a la frialdad y el sinsentido.

Él nos recordará en algún momento
que el oasis no está hacia el norte
ni hacia el sur,
ni hacia el este,
ni hacia el oeste.

El oasis está en el centro,
y el núcleo es potencial en vacuidad.

El oasis nos encontrará a nosotros
entre un grano de arena y otro.

Inocencia

Como dos niños inocentes nos he visto.
Sin historia pegada a los ojos.
Sin pasado ni futuro que nos haga culpables
por ser quienes somos.
Como dos niños felices de encontrarse,
de jugar sin escondites,
de hablar el mismo lenguaje.
Como dos niños que no tienen nada,
y tienen todo para darse…

El preciso instante

Tardamos una barbaridad de tiempo en aprender a vivir, a sentir, a percibir el preciso instante que estamos viviendo.
Situamos nuestro enfoque, bien en los recuerdos del pasado, bien en las ilusiones o expectativas del futuro.
Y al presente lo dejamos de lado, aparcado cual si fuera un auto, conduciéndonos mentalmente por delante del propio ritmo, del propio tiempo; por encima o por debajo del combustible real, de las fuerzas con las que contamos.
El caso es que no es un problema de hacer o no hacer las cosas correctamente.
Ni siquiera es una cuestión filosófica o abstracta de vivir en la eterna pregunta combinando sus infinitas réplicas.
Es en el contexto personal de cada vida, donde encontramos ese conjunto de respuestas, que son respuestas básicas para cada cual, porque llevan consigo la clave de quién y cómo soy ante la sencillez, naturaleza y naturalidad de la vida diaria, cotidiana, corriente… y tan presente en cada preciso instante.

Fluyendo con la piedra

Después de tantos trazados en el aire,
que hacen y deshacen los contornos del sentimiento,
fluyo y refluyo en el elemento agua,
sin sujetar la mirada en esa orilla que excluye la otra:
ya sea en forma de pretensión por estar en otro lado,
o en los múltiples argumentos que elabora el rechazo.

Fluir, al menos en mi caso,
no quiere decir que me he convertido en líquido
o que todo se lo ha tragado el agua,
sino que puedo abrazar la consistencia de la piedra
sin pelearme con ella,
aprendiendo de la naturaleza que se manifestó así y ahí.

En mi caso al menos,
fluir sería también dejarme abrazar
por las dos orillas que configuran mis contornos
en constante y natural oposición…

Vacuidad

A veces quisiera dar un salto y ponerme en las cimas del ser,
donde el pensamiento y el sentimiento expresan lo mismo,
pero sé que, aunque por instantes lo consiga,
acabo en desarmonía con el ritmo del Universo.

Son los pasos y el recorrido los que dan fortaleza y consistencia
para seguir avanzando sobre la invisible línea
que me sostiene entre un lado y otro de la vacuidad…

Escritura vital

Escribo con mi vida.

No está mi pluma protegida de la redundancia
ni está el verbo ileso de la dolencia.

Escribo lo que viven las letras
y vivo lo que muestran las frases.

Imprimo el pensamiento por el puro gozo de crear,
mas no por conseguir la dicha,
no porque la plenitud esté en el contorno de las palabras.

No digo las cosas
ni hago los trazados
ni exprimo el entendimiento
para ser más de lo que soy sin adjetivos.

Escribe la vida cuando se colma de mí
y me derrama como tinta
en la superficie de cada página …

Permitiendo el vacío

Solamente puede volver a llenarse
aquello que ha sido primeramente vaciado.

Para vivir cada segunda oportunidad,
nueva, única, no repetida,
también hay que derramarse de la propia historia personal.

Solamente en el vacío oculto
reverdece la esperanza que, transparente y silenciosa,
reclama el amanecer de una vida con Agua y Sed renovadas…