Rodeados de desierto al frente,
de indiferencia a ambos lados,
y de caos por detrás,
atravesemos pues el desierto.
¡Adelante, pues!
El caos y la indiferencia no nos tocarán
si no los hacemos confortables en la travesía.
Porque, a su manera,
el desierto también puede convertirse
en un caos sin definir:
Donde da igual todo,
la dirección a seguir
también es indiferente.
Y aún así, avancemos hacia el frente.
Optemos por el desierto
frente a la frialdad y el sinsentido.
Él nos recordará en algún momento
que el oasis no está hacia el norte
ni hacia el sur,
ni hacia el este,
ni hacia el oeste.
El oasis está en el centro,
y el núcleo es potencial en vacuidad.
El oasis nos encontrará a nosotros
entre un grano de arena y otro.