Toma la esencia

Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.

Para qué voy a contarte las veces que me he perdido hasta cambiar por dentro una palabra o un verbo, y elegir amar en lugar de miedo…

Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.

Para qué llevarte por esos tramos de oscurana donde el lodo se traga tus colores y te devuelve un nubarrón y una tormenta y un pincel polícromo para que pintes otro arco iris en tu cielo…

Toma el poema,
Toma la flor,
Toma el resultado.

Para qué enseñarte el abismo en la noche gestadora de un nuevo día, si del temor oscuro pende siempre la estrella que te agarra y sostiene con su luz palpitante…

Toma el poema y la flor y la esencia.

Tómalos y verás extenderse las ramas
-sin dejar de ser raíz-
por descubrir otro fruto invisible
meciéndose en un soplo de viento.

Tómalos hasta que el aire se detenga
en la dulzura de una mirada,
hasta que el fruto sea deleite
en el paladar de tu alma.

Tómalos hasta que seas la savia
que estremece al árbol dormido
en la áspera corteza del tronco.

Autoexpresión

Las razones para expresarse pueden ser múltiples o ninguna.
Puede ser una voz que, detrás de su fortaleza,
esconde a un ser frágil,
demasiado frágil.
Por esto grita a veces, para hacerse oír,
para hacerse comprender.

Pero ¿me comprendo yo? pregunta la voz al silencio.

A partir de ahí, y llegado el momento,
la voz entiende por el solo hecho de pronunciarse,
incluso cuando nadie la escucha …

Felicidad

No hay una fórmula general para ser feliz.
La felicidad no se aprende en los manuales ni tampoco en las aulas.
Nadie es examinado para comprobar si su coeficiente de felicidad está en un treinta por ciento o en un sobresaliente.

La felicidad no se mide ni está sujeta a contratos de compra-venta y, en todo caso, depende de cada cual, de su disposición interna para sentirse satisfecho consigo mismo y con sus circunstancias.

Mirando el asunto desde otro enfoque, pensaba yo hace años que hay un camino para satisfacer las necesidades circunstanciales y otro que conduce a la felicidad.

Hoy, sin embargo, los caminos me parecen una sucesión de momentos en dirección al mar, y me reconozco feliz en todos los instantes en los cuales no siento necesidad alguna de preguntarme dónde está la meta o por dónde se llega a la Felicidad…

Primavera de nuevo

¡Que sí! Que ya sabemos que todas las primaveras repiten los mismos códigos año tras año. Pero hoy se nos permite repetir que no son las mismas flores, ni los mismos trigos, ni las mismas hojas en los árboles… Ni siquiera cada uno de nosotros somos los mismos, en este viaje precipitado por las estaciones donde, sin embargo, la naturaleza se recrea en su permanente impermanencia.

Lo que sí, recrearse no es morirse,
sino moverse siempre a favor de la vida,
cuyo principal propósito es el de no extinguirse nunca.

De hecho, como en un borrón y cuenta nueva, la primavera escribe juventud y vitalidad frente a los días oscuros y fríos del invierno que a su vez propiciaron el aprendizaje de puertas para adentro. Y es que la hibernación en la cueva del alma me hizo sentir humilde frente al misterio de la existencia, tan humana y tan universal; tan evidente y visible en los entresijos de la vivencia personal, como también en el sol que enciende cada mañana la gran pantalla de la realidad donde van surgiendo signos renovados entre tantas criaturas asomándose a la vida.

¡Pero ya está aquí! Una vez más viene la primavera a recordarme de los individuales florecimientos en la respiración de cada corazón que se aventura a abrirse y exhalar en el porvenir de cada nueva esperanza, de cada destino completándose sin cansancio, dando tiempo al propio tiempo en el giro incansable de los ciclos naturales.

Ciencia y mística

Sumergida en el libro de Fritjof Capra “El Tao de la física», detengo la lectura al final de un capítulo que acerca los descubrimientos recientes de la física cuántica y los planteamientos sostenidos por los místicos orientales durante miles de años.

El científico que observa las partículas atómicas en sofisticados aparatos de medición y el místico que practica técnicas de meditación para traspasar toda concepción adherida a la mente humana, concluyen en el mismo punto aun habiendo recorrido diferentes vías. Esto es, la unidad indivisible que subyace en todas las formas y manifestaciones. Ambas vías, la física atómica moderna y la tradición oriental, ofrecen la misma visión de la realidad última como un complicado tejido, o telaraña, de relaciones entre las diversas partes de un todo unificado. Relaciones que se alternan, superponen y combinan determinando así la textura de la totalidad.

Mi tendencia natural hacia la meditación me ha acercado desde siempre al mundo de los místicos huyendo de las abstracciones científicas. Desde hace años busco a través del acallamiento de la mente un trasfondo que dé forma, sostenga y asocie hasta las contradicciones más evidentes. Sin embargo, he de reconocer que Capra ha conseguido atraparme en su exposición sobre los avances de la física subatómica.

Al principio me he visto como la observadora de esas partículas que constituyen el átomo. He vivido el proceso de identificación en sus probabilidades de existir o sus tendencias a ocurrir. Según los resultados de tales experimentos de medición, estas partículas no son nada si no es a través de su relación con el resto de componentes del microuniverso que las sostiene, y lo más curioso de todo es que el observador se incluye como un elemento más del proceso. Los científicos empiezan a cambiar la idea de observador por el de participe. En palabras de Heisenberg: “Lo que nosotros (los físicos) observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación…”

Luego, a medida que avanzo en la lectura, me he convertido en la misma partícula. Me he separado de la totalidad, descubriéndome como individualidad, para finalmente comprender que no soy nada como ente aislado, sino que son mis relaciones a todos los niveles las que dejan su huella en la trama del tejido vital.

Inteligencia Sensitiva

Creo que fue el filósofo Wittgenstein quien dijo que los límites de nuestra realidad son los límites de nuestro lenguaje.

Quizás al intentar comprender mis sentimientos les doy más realidad y extensión de la que éstos merecen.

Acaso todo sea tan simple como dejarse sentir lo que sea que en cada momento siento y no atrapar ninguna sensación dentro del contorno de las palabras, ni siquiera dentro de los marcos de la memoria. Tan simple todo como dejar su curso a las aguas emocionales, y su paradigma a las ideas, y su campo de experiencia a las circunstancias.

Sin embargo, la Gran Inteligencia ha querido que los elementos se mezclen y se necesiten, que las aguas fluyan ligeras por una cuenca sólida, que la tierra sea fértil gracias a la lluvia, que el soplo del aire avive un fuego…
que las personas nos retroalimentemos sin anegarnos ni devorarnos…

“Los límites de la realidad son los límites del lenguaje”, afirma alguien; pero ahora ya no veo límites, sino Inteligencia Sensitiva entre esa mirada que define y esa realidad que se lo vive…

Crónicas de viajes abstractos

Cuando conocí a Domingo García, allá por el 2010, lo primero que dijo fue: «Tengo los bolsillos rotos y por los agujeros se me caen las palabras».

A lo largo del tiempo pude comprobar cuán grandes eran sus bolsillos y qué ciertas sus palabras…

Ese rastro generoso que fue dejando en el camino, quedó recogido en el Blog «Crónica de Viajes Abstractos«. Esta recopilación de paisajes mentales, tan suyos y tan de todos, muestra que los pensamientos nos anteceden y siguen su viaje más allá de nosotros mismos…

Ganando altura

Vivimos como criaturas de un bosque mental,
acechando y a la vez siendo acechadas,
marcando nuestros territorios,
definiéndonos en esto o aquello o lo mejor;
negando lo otro:
lo peor es lo otro y del otro,
en una constante contraposición del ser y no ser.

Las alturas de la percepción abarcan los dos extremos de la dualidad con toda su gama de contrastes.
Y no hay motivo de conflicto cuando vemos que cada pensamiento, cada sensación, cada movimiento, ocupan su lugar en el todo que nos configura.

Esto lo ve la mirada que se alza y contempla las cosas desde más arriba.
Ganamos la altura que se sobrepone a la jaula identificadora, y una visión más amplia acoge lo que antes hemos negado, lo que antes no considerábamos como nuestro.

Son instantes de comprensión profunda, de paz expansiva donde quisiéramos anclar el enfoque de la consciencia y quedarnos ahí donde sucede la percepción sin límites: la libertad…

Es necesario

A medio gas nos quedamos a medias
en el movimiento del mundo.

Es necesario hacerse silencio,
invertir las fuerzas que desgastan,
en fortalezas que nos regeneran.

Es necesario hacerse visión
por encima las lentes que debilitan.

Es necesario soltarse de fragmentos
que se entrechocan en la contradicción.

Es necesario unificarnos, sobre todo por dentro,
porque hacerse uno es hacerse íntegro, completo.

Es necesario saber esperar el momento,
ser pacientes y no perdernos en la explosión de un instante,
sino aprender a conducir ese poder,
sea lo que sea que podemos,
hacia el propósito de trascender en lo que ya somos
y nos espera desde siempre…

Respirando en el Intento

Resulta fácil configurar palabras de ánimo en el abstracto de las frases motivadoras.

Luego resulta lo que resulta donde no llegan las palabras, a la raíz del olvido, del dolor, de la tristeza…

Es fácil decir, y es difícil a ratos sentir lo que sentimos.

Sin embargo, sea o no sea fácil,
desde la misma raíz lo intentamos:
“Ánimo, tú puedes”.
Así como si tomáramos el impulso de salir de un barranco, un hoyo, un laberinto, una madriguera,
o cualquier lugar confuso donde la luz apenas llega.

Sí, ya sé, resulta fácil decir
que en el Intento está el logro,
la salida,
el cambio;
otra cosa es sentir
cómo nace su fuerza ahí mismo,
donde vivir aprieta…