¡Feliz verano!

Deseo un verano fresquito para todos.

… Y, en fin, ya sabemos que no hace falta pedir al Sol que alumbre nuestros quehaceres y descansos.

Lo que sí, si fuese demasiado
(digo el calor, o el trabajo o el recreo),
que siempre haya una fuente o una suerte,
o un sombrero de nubes con lluvia de ideas renovadoras…

Nos reencontramos con los colores del otoño.

De arenas y de olas

A veces el viento trae ráfagas
que humedecen la sequedad de mis arenas.
Y yo dejo que sean lo que son,
emociones que quieren vivirse,
tocar eso que anhelan.
Permito que las espumas dibujen
otras formas inventadas por las olas,
en este abrazo de lo potencial a lo concreto,
del sentimiento a las ideas..

«Soy un océano enamorado de una playa» –
canta la marea.

«Y yo soy la apariencia de un rostro,
el continente de una dicha,
la arena del tiempo.» –
dice el pensamiento.

Todo es el gozo de amar
en la amplitud de los espacios,
todos vibrantes, todos renovándose…» –
dice el aire humedecido.

«¡Ay! – rompe la ola con fuerza – Pero «Todo»
es esta orilla donde ahora entro para hollar
esta misma playa desde unos pies descalzos
y verme en los ojos de un rostro concreto,
sintiéndome salada en sus labios…

Amanece…

La pereza de las sábanas quiere convencerme
de que no hay motivos suficientes para madrugar.

Por pura costumbre y sin motivación aparente,
suena el griterío orquestal de los pájaros,
mientras la bola de fuego se acomoda
en primera línea del horizonte
para disfrutar del concierto.

Se levanta el sol con más prisa que yo
y antes de que lleguen a tropel los motivos,
despisto a la pereza y me dejo convencer
por esta feria de colores, luz, sonidos …

Leerte

Son momentos de magia al leerte.

Te leo desde el silencio
y me escucho en el rumor de tus paisajes.

Es lectura por los contornos de las letras
y también por las profundidades.

Te leo con amor, por decirlo con pocas palabras.

Y es amor que crea una familia de muchos nombres:
reconocimiento, admiración, empatía, afecto…

Nada que discrepar de tus enfoques.

Es mágico leerte porque no veo diferencia
entre lo que dices y leo.

O, por decirlo con otras letras,
tus páginas despiertan
lo que ya estaba escrito en mi silencio…

El quid de la cuestión

Que las suelas de mis preguntas
nunca sean más grandes
que los pies de mis pensamientos…

Hubo una época en la que busqué
y busqué en diferentes campos,
a veces contrapuestos,
la respuesta a esas preguntas esenciales,
la que resolviera el quid de la cuestión.

Y la cuestión es
que el quid sigue irresuelto,
pero un día comprendí que la Búsqueda,
(o las preguntas con muchas respuestas
pero sin la respuesta), nunca se acaba.

A veces, eso sí, se sumerge en cada instante
en el que entiendes profundamente.

Y, a veces, otras veces,
emerge la Búsqueda renovada
cuando miro el sentido a la inversa,
buscando en lo que ya tengo,
en lo ya encontrado.

O cuando veo en cada situación
la respuesta a un interrogante
que no rechina en mi cabeza
sino en la suela de mis zapatos…

Paisajes cambiantes

Las piedras llevan en sí mismas
todas las miradas cristalizadas:
el escultor las ve de una manera,
de otra el arqueólogo, el orfebre,
el chamán, el caminante…
Yo diría que el agua que va rodando los cantos
es la única que conoce sus secretos,
pero se los lleva corriente abajo…

Un estanque de aguas quietas y transparentes.
Paz y armonía en el flujo de las emociones hasta que una piedra es lanzada en la superficie cristalina rompiendo el hermoso rostro de un sentir.

La reacción primera es culpar a la piedra,
o a la mano que la lanzó,
incluso hacer culpable a la impermanencia de la belleza.

Pero si soy paciente puedo ver que, después del caos y la confusión,
la imagen estancada se transforma en otro paisaje que refleja
la hermosa faz de otro sentir…

Autoengaños

La vida no se construye en la base de ésta u otra formación,
de éste u otro oficio,
de esta geografía o aquel camino.
Se decide más bien en el soporte de la persona que decido ser,
en mi corazón, frente a mí misma.

Por eso el grado de sinceridad conmigo,
y en mí, es crucial, importantísimo;
por una razón sencilla:
porque toda persona que acepta engañarse a sí misma,
acepta también con igual o mayor medida
engañar y ser engañada por los demás.

La verdad no convive con el autoengaño,
ni camina junto a los cuentos que cuento
y acepto de los demás,
sencillamente porque una vida real
va dentro de un camino de Claridad.

Por el contrario, el autoengaño
es una geografía difusa,
una visión de corto o pequeño recorrido.

Algo así como si mis quejas, evasivas, justificaciones,
fuesen vereditas que me entretienen en lo otro,
abriéndome paso, a tientas, hacia esa quimera
que me hace pretender de todos menos de mí misma…

Imágenes proyectadas

En verdad, no me conoces.

Configuro una imagen que va conmigo
desde que salgo a la calle y saludo a los vecinos.

Y si en lugar de salir, entro en la Red,
remarco imagen sobre los muros virtuales.

Dentro y fuera,
¿cuánto tiempo del día piensas que hago imagen
y me relaciono con imágenes?

Tu atención alimenta mi imagen,
pero ¿cómo puedes apreciarme, valorarme, quererme,
si sólo ves la imagen que proyecto?

Quiero creer, sin embargo, que incluso en este laberinto de espejos puede nuestra mirada traspasar la periferia,
optar por el centro y,
viendo lo que veamos,
Vernos.

Esto es, sentir lo que somos
con natural resplandor y normal anochecida.

Entonces jugaremos al escondite como niños,
pero ya nos habremos encontrado
y será cierto que en verdad nos re-conocemos…

En el Día del Libro

Las palabras no pueden reunir, en todos los libros escritos y por escribir, el conjunto de lo que piensa, siente y vive el mundo que las escribe y recibe.

Y es que son inalcanzables para las palabras las cosas que éstas señalan.

Pero si pongo ahora un hilo a todas mis palabras escritas,
un hilo como el que hace volar una cometa
y da camino al viento,
el trazo señala la alegría
de haber alcanzado una receptividad,
un sentir,
una geografía en el corazón del lector…

¡Gracias por solicitar mis libros!

Escribir en el aire

Recuerdo hace muchos años cuando escribía cartas con el pulso de la mano, notando como si todo el sentir de mi corazón se extendiera en la tinta del bolígrafo, desparramándose en esos renglones empeñados en torcerse hacia la esquina superior del folio. Tantas emociones temblorosas que quedaron grabadas en cada correspondencia…

Me acuerdo que luego hice una plantilla con líneas rectas para ponerla debajo del papel y así le gané la batalla a las curvas, viajando las palabras con más seguridad por la superficie de la página.

Ahora que lo pienso, es como si mi naturaleza esencial no entendiera de líneas rectas, pero finalmente hubiera sido encauzada en la rectitud de la línea.

Más ilustra esto que comento cuando vino el ordenador y quedó resuelto para siempre el asunto de la exactitud en el trazado. El pulso pudo relajarse definitivamente pasando el relevo a la punta de los dedos que a su vez aprendieron a traducir en pulsaciones rítmicas el flujo de cada emoción emergente.

Después de tantos años y tantas páginas escritas, las que están publicadas y las que siguen almacenadas en los archivos del ordenador, viene en estos tiempos la naturaleza esencial (la voz que sobrevuela el papel o lo traspasa) a rescatar sus dominios, sobreponiendo la palabra viva a la palabra impresa. Toma mi garganta la pluma cuando ve un corazón receptivo, cual si fuera éste una invisible página blanca, y escribo en el aire, en el instante real de cada encuentro, palabras nacientes, temblorosas a veces, con sus curvas y relieves.

No hay estanterías, ni encuadernaciones, ni títulos, ni autógrafos para estos capítulos dinámicos, expresados en tiempo presente; pero sí hay encuentros inesperados donde puedo mostrar las frases que se empeñan en salir de la rectitud de la línea para cantarle al viento la dicha de cada reconocimiento, la alegría de haber respirado esa magia compartida que le dio a las palabras razón de ser y también libertad al ser.