La vida curvándose

A veces la vida me detiene en un paréntesis
(por delante de tantos momentos ya escritos
o como antesala de muchas páginas por vivir).

Mas, si por esta vez pongo alas a la pausa,
veo desde otra altura que el ayer y el mañana
están curvándose para proteger este tiempo
gestador de nuevos paisajes por descubrir.

De gritos y de susurros

Las palabras suenan a veces como una suave canción entonada entre susurros…

Aquello que se nos dice al oído es lo que mejor comprendemos,
sin necesidad de esfuerzo para dar atención a cuanto se nos está transmitiendo.

Desde adentro nos entendemos mejor,
sea lo que fuere que nos digamos.

En cambio, desde afuera, al otro lado de nosotros mismos,
solamente los gritos parecen atravesar las paredes de la percepción.

Por eso, a veces, cuando callan los muros que nos separan,
escucho en el silencio una suave canción entonada entre susurros…

Proyección natural

Es posible que en el futuro estén ya todas las cosas escritas, pero el presente es inédito y se decide ahora.
Las cosas, cuando son sinceras y nacen de esa fuente inagotable que significa la inspiración, la presencia, lo incondicional, tienen una incalculable proyección.
Cuando una acción, sea la que fuere, tiene corazón, su propósito viaja por el infinito y a la vez se enraíza en el inconmensurable instante que estás viviendo.
Así concibo la magia, como ese poder que puede y, sin embargo, no fuerza ni distorsiona los fenómenos naturales que se originan y se expanden.
A esto llamo magia, y en realidad es vida…

Faros en la noche

Gran parte de mis lecturas y meditaciones han venido a dedicarse al conocimiento de un mundo interior en constante cambio y siempre desconocido.

Siempre descubro teorías nuevas,
abriéndose paso en las incertidumbres de la consciencia,
al modo de faros que alumbran en la noche.

Pero acaso mis ojos, desacostumbrados a ver en la oscuridad,
tan sólo hayan conseguido tantear en las penumbras de la madrugada qué es una piedra,
y qué es una senda (cuando las piedras conducen a alguna parte)
y desde la cual pueda percibirse,
no sólo la consistencia de la realidad y sus aristas,
sino también el firmamento que me rodea
y a través del cual, como espectadora activa,
se renueva mi asombro ante la grandeza de cuanto existe…

Verdad

Y entonces la Anciana me dijo:
«Es fácil errar en las medias palabras,
en las verdades a medias,
en el «sí pero no» del disimulo…
Es difícil hallar la certeza perfecta y redonda.
Y, aun acertando,
¡cuidado con la perfección que no deja entrar a nadie más!
Una vida es un mundo.
¿Qué haces tú para cambiar el tuyo?
Es fácil opinar de este mundo que está perdiendo la cabeza con sus juegos y sus guerras, o despreciar a quienes se alimentan de las sobras que reparte la solidaridad.
Pero en otros niveles, y al mismo tiempo, todos somos jugadores, tiranos y mendigos.
Así como sabe, cada cual remienda los harapos que cubren su soberanía rendida.
Así como puede, cada cual purifica la miseria adherida a su intachable apariencia.
Porque, eso sí, en todos los niveles y para cada cual:
TRANSPARENTE ES SIEMPRE EL TEJIDO DE LA VERDAD.»

De día y de noche

Vestida de amanecer,
llamé a la puerta del crepúsculo
y entré en tu noche oscura.

Tanto me ensimismé con tu misterio,
que no me di cuenta de cómo el ocaso
llegaba con su manto de brumas.

Luego, en algún segundo sin tiempo,
recordaste el llamado de la alborada,
y te fuiste haciendo día,
cubriéndote de sol.

Con el tiempo he aprendido yo,
despierta en la noche profunda,
a vestirme de ti,
de estrellas y de luna…

Pasar página

En cada “pasar página”, hay una comprensión que siempre estuvo latente
y se revela cuando la experiencia está madura para soltarse.

Y es que lo que necesito, anhelo, busco…,
ya está escrito y contemplado,
ya ES en esencia,
aunque va tomando la forma de la lectura que hago de los hechos;
siendo así que no puedo leer la magia del cuento con las lentes del desencanto,
ni ver la abundancia con los ojos de la carencia,
ni sentir la total magnitud del amor si voy restándole por aquí y por allá con las tijeras del condicionante.

¡Cómo danzar con la vida si no escucho su música entrelíneas,
entre tantas contradicciones que cantan su argumento dentro y fuera de mi cabeza!

Y, aun así, pese a tantos imposibles,
incluso sin haber entendido el “por qué” ni el “para qué” de algunos párrafos vividos,
puedo demorarme en la misma página,
re-leyendo los signos en un mismo nivel de rechazo o de comprensión,
y puedo pasar página,
agradecida, ahora sí, por el presente (regalo)
inscrito desde siempre en cada vivencia
que se reviste de memoria o de proyección…

Seres silentes

“Todos los seres humanos sueñan con llegar a ser importantes
todos sueñan con la gloria y la fama
y con ser reconocidos por el resto de los hombres.
Y no saben que, en el silencio,
cada hombre lleva repartido el peso del mundo,
cada uno realiza su sacrificio
según su particularidad y su entorno,
y cada uno es toda la humanidad trascendiéndose
y abriéndose como una flor al cielo de las estrellas hermanas…”

Hay seres incógnitos que no dejan huellas sobre el mundo porque ellos mismos se han convertido en rastro invisible, en pisada silenciosa, en lenguaje sutil que la experiencia acalla con opiniones múltiples de cada verdad ajena.

Hay seres que no asoman en los medios de comunicación;
nadie ha escuchado hablar de ellos,
ni siquiera los familiares y amigos llegan a conocerles en la profundidad insondable de su naturaleza.

Y, sin embargo, son ellos el sueño iluminado que sostiene al día (a veces ensombrecido de disonancias), mientras se entregan sin remedios a la rutina de sus quehaceres.

Hay seres incógnitos que no dejan huella sobre el mundo porque ellos mismos se han convertido en acción silenciosa:
hacen el amor a la luz del día (también en la noche),
desde que el sol se levanta por el horizonte…

Las cosas cambian

Cambian las cosas en la medida en que cambia el lugar desde donde las percibo.

Cuando miro y siento la vida a través de un cristal sombrío, las cosas me parecen sombras. E incluso parece que la sombra y la oscuridad quieren congelarse en esa percepción, que nunca llegarán esos cambios que darán luz a lo que hoy es una sombra cristalizada en la mirada.

Por el contrario, las cosas me parecen vivas cuando siento las fuerzas del corazón. Me refiero a esas fuerzas que nacen de adentro y encuentran a su paso millones de motivos para vivir, aunque ninguno prime sobre otro pues todos son importantes y todos tienen su razón de ser.

Cuando percibo desde esa vitalidad siento la luz y veo que alrededor las cosas adquieren infinitas tonalidades, como si el impulso interno estuviera plenamente armonizado con la respuesta del exterior.
Entonces ya no lo pienso, ni analizo, ni empujo
y, sin embargo, noto que las cosas ruedan
y van a otro color.

Las cosas ruedan con tranquilidad,
en la dirección adecuada,
no existen roces ni fricciones,
ruedan como una oportunidad.
como si el entusiasmo clamara desde adentro:
¡Qué bien! ¡Me vivo mejor los mismos pasajes de siempre!

En fin, yo tan sólo digo que las cosas están cambiando por detrás de cada mirada cristalizada.
Y me afirmo en esta percepción:
las cosas siempre cambian,
y la naturaleza de las cosas vivas
es cambiar siempre a mejor…

Como decíamos ayer…

… llega el otoño con sus dorados paisajes, invitando al disfrute de ese sol-y-sombra que no necesita de aires acondicionados ni calefacciones en la naturalidad de nuestras rutinas recuperadas.

Y qué adiós puede hacerse en esta bienvenida de estación que no sea quitarse las gafas de sol y ver las cosas sin más filtros que los que cada cual lleva en su mirada, notando de común que ya no escuece en los ojos la luz de los colores que nos circundan.

Y atrás, o al fondo, queda un verano de ritmos rápidos,
de actividades a ras de suelo en los sótanos del sistema,
o tras el telón de esos escenarios idílicos para las vacaciones y el descanso.

Un verano que me invitó a bajar de mi nube de palabras y entrar de nuevo en ese gran puchero sistemático donde los ingredientes del ser humano se cuecen a otro ritmo,
a altas temperaturas,
entrechocándose en su ebullición,
y en el cual, si se tolera la presión, surge también la sustancia que nutre el propósito de seguir viviendo pese a todo
y con todo lo que vivir significa.