Bajarse del mundo

La noción “bajarse del mundo” tiene un significado más hondo de lo que la mente ordinaria suele considerar. No se trata de apartarse del tumulto el fin de semana, o de irse de vacaciones, o tomarse un año sabático…, porque en todos estos casos el mundo sigue ahí, presente en nuestra mirada. No consiste pues en un cambio exterior que no cambia nada: “Quien cruza los mares, cambia de clima, no de carácter” decía Horacio.

A mi parecer, uno “se baja del mundo” cuando detiene su diálogo interno, cuando cesa de bambolearse con el flujo de los acontecimientos como una hoja llevada por el viento. No hablo de un inmovilismo que nos impediría crecer, o de un detenerse que sería retroceder, sino de seguir actuando en el mundo desde la no-reacción, centrados en la Presencia como si ésta fuera el eje alrededor del cual giran todas las cosas.

Parece una contradicción lo que digo pero, ¿por qué no probarlo por un instante en lugar de cuestionarlo? Tal vez entonces, al no ser perturbados por nada, impertérritos ante los aconteceres que no podemos controlar pero que tampoco debieran controlarnos, podamos en momentos sin tiempo Ser quienes somos…

Al compás de la naturaleza

Cuando nos conectamos con espacios que se desarrollan acompasados con su propia naturaleza,
algo en nosotros mismos tiende a la armonía y la autenticidad;
un nuevo orden más natural y propio acontece en nuestro ser.

Algo se ordena y florece en nuestro interior
cuando escuchamos la canción de un río
o el trino mañanero de un pájaro,
o sentimos en nuestra imperturbabilidad la quietud de un árbol.

Entonces una voz profunda aflora en el pensamiento,
como impulsada por esa música que siempre sonó en lo más hondo
pero que nunca tuvimos tiempo de pararnos a escuchar.

Entonces uno quiere quedarse quieto, como el árbol,
y colmarse de esa nueva mirada que perfila,
aunque sólo sea por un instante,
paisajes vivos que se sobreponen
a la cansina rutina dibujada en nuestros ojos…

El dolor que despierta

Se podría decir que casi siempre es el dolor el que nos despierta.

El grito desgarrador siempre abre una grieta,
una apertura mostrándonos que en nuestra casa no había ventanas.

Duele cuando descubres que pasa la vida por tu puerta mientras te has quedado mirando sombras proyectadas en la pared de tus percepciones;
un mismo paisaje de formas distintas y apariencias renovadas
que se despliegan sistemáticamente ante los tabiques de tu encierro.

Entonces, como decía el poeta:
«abrimos un gran boquete en la pared
y nos escapamos a buscar la luz,
desnudos, locos y mudos,
sin discurso ni canción»…

Frente a la verdad del amor

(…) Las relaciones van pasando por nuestra vida, disolviéndose en el olvido para permitirnos el presente, como si las capas del tiempo no tuvieran preferencias y tratasen a todos por igual. El tiempo, sin embargo, no puede enterrar la esencia de lo vivido. No tiene fuerza suficiente para ocultar las huellas que quedaron marcadas en nuestro ser. Quien amó, nunca olvida que amó. Tal vez olvide a quién, pero en sí permanecerá para siempre, como una huella imborrable en su historia, ese sentir que le transformó en una persona mejor.

En alguna ocasión me pregunté si realmente amé, y todas mis relaciones desfilaron por la pasarela de la memoria, vistiéndose con mis miedos, dudas, desaciertos y una amplia gama de sensaciones.

Quizá lo mágico de cada relación es que nos ayuda a madurar y convivir con nuestras propias emociones, para, finalmente, dejarnos frente a la verdad del amor. Amor desnudo y tan completo al mismo tiempo. Amor sin justificaciones, ni disculpas, ni condiciones. Amor sin miedo ni atrevimiento…
Extracto del libro Girasoles al Amanecer

Girasoles al Amanecer

No dije adiós porque el alma nunca se despide.
En ella queda el saber y la confianza del reencuentro.
Tal vez en estas tierras, quizá en otros universos;
tal vez con estos ropajes,
o quizá llevemos otros cuerpos, otras formas,
otros rostros…
Yo sé que en algún lugar nos miraremos de nuevo
y sabré reconocer esos ojos,
aun sin acordarme de aquellos que me vieron antes,
aun sin saber cuántos paisajes compartimos…

Extracto del libro Girasoles al Amanecer

GIRASOLES AL AMANECER Extractos

Crecer

Un cielo negro en el que estallan fuegos artificiales como diminutos puntos luminosos anteponiéndose a la oscuridad,
o la página blanca de un diario adolescente que pierde su resplandor al llenarse de signos…

Entonces nada veía yo en ningún cielo.

Luego dejé de mirar las estrellas y dejé de escribir.
Y es que la verdad asoma siempre como algo nunca visto ni descrito, en el instante mismo en que uno comprende.

Como sucedió recientemente en una playa del pasado.
En aquella hora crepuscular vi cómo el flujo de las olas perfilaba la bahía.
Los fuegos artificiales estallaron de pronto en el cielo anunciando el comienzo de las fiestas.
El inicio de otra página.

Comprendí que la misma imagen de la adolescencia se me revelaba ahora con más nitidez.

¿Y no es acaso la visión, y no el paso de los años,
lo que nos indica si en verdad estamos creciendo?

Semillas de un Sueño

“Muéstrame las espinas
que yo miraré las rosas,
aún conservan su fragancia,
aún perdura su hermosura…
Ya sé, no hay rosas sin espinas,
mas ¡cómo duele!
tú ya sabes cómo,
un amor sin rosas…”

Amor por omisión, que se espanta ante la consistencia, que sólo vive en la fantasía, que sueña un boceto imaginario donde incorporar una realidad tangible pero ninguna se ajusta a él. Y quiebra, modifica, mutila lo auténtico porque su esquema es irrompible. Amor predestinado a morir en la realidad y, conocedor de ello, me la niega rotundamente.
Amor usurpador, que se proyecta hacia otra mente, la seduce, la posee, la conquista, y la transforma en su reflejo, para luego descubrir que no soporta mirarse en ese espejo ya que siempre huyó de su propia imagen, la misma que ha compuesto frente a sí. Amor de manos abiertas que dejan caer lo que sostienen para alcanzar lo que me es negado.
Amor invadido, que se estira y se encoge, se expande y se reduce, se agrega y se mutila, en su intento de encajar perfectamente en el molde de otra identidad, pagando un doble precio al conquistador: el del esfuerzo por amoldarse y el de la pérdida de la propia identidad. Amor que guarda celosamente lo que recibe, y me hace depender de ello porque soy incapaz de generarlo…
… Pero anoche el amor entró en mis sueños dejándome un boquete abierto al exterior, un nuevo punto de referencia hacia el que mirar. Y me salvó, porque había dejado de creer en la vida, en ti, en mí, y me levanto hoy con la esperanza y curiosidad necesarias para seguir buscando. Ahora sé que se puede abrir una grieta en el tejado y tocar una versión más elevada de lo que somos, de lo que sentimos, de lo que vemos en otros, de lo que pude percibir. Mas no podemos sentarnos tranquilamente a mirar el techo, hemos de arañarlo, romperlo, traspasarlo, si queremos acceder a ese anhelado mundo que nos está esperando…

Extracto del libro Semillas de un Sueño

SEMILLAS DE UN SUEÑO Extractos