Las hogueras de San Juan

El latido de los tambores se acompasa con el crepitar de las llamas mientras el pálpito de los corazones enciende cantos en la noche, anécdotas risueñas, recuerdos silenciosos…

El fuego, anfitrión en la fiesta, recibe nuestras ofrendas y, sin que apenas nos demos cuenta, despoja nuestras almas de todo aquello que no sirve más, dejando espacio en nuestras vidas para que lo nuevo se incorpore en un renovado ciclo.

Acá un canto, allá una risa, una ausencia al otro lado.
Ausencia por unos segundos en que las llamas vivas abren su reino para convertirnos en leños candentes; Presencia en otros espacios inexplorados del Ser.

El fuego se nutre de la historia de cada árbol que le ofreció sus ramas, y devora en un instante nuestra historia personal para mostrarnos la esencia que por siempre subyace al reino de las formas…
Las cenizas alimentan la tierra que engendrará un nuevo árbol, y la esencia que hemos rescatado nutrirá nuevos brotes en nuestro crecimiento.

Mas por esta noche, ya se dio la alquimia, la simbiosis entre palabra y fuego, crepitando cada frase en una flecha que prende memorias dormidas.
Simbiosis entre canto y fuego que aviva la fuerza en el rescoldo de nuestros sentires.
Simbiosis entre silencio y fuego generando un sonido único que acoge al mismo tiempo la suma acompasada de nuestras expresiones.

Y así va resplandeciendo la madrugada de San Juan, pudiendo verse desde las alturas la danza gloriosa del un fuego rodeado por corazones encendidos…

Celebrando para agradecer

“Lo sagrado es lo real, el poder, la fuente de vida y fertilidad” – Eliade

En tiempos en los que el ser humano vivía en el ámbito de lo natural, y por lo tanto de lo sagrado, era una ceremonia sin ceremoniosidad la labor agrícola de la siega, la trilla, el aventado del trigo….

Una tradición acompañada de la fiesta campesina, en donde se agradecía a la tierra por los frutos recibidos, y al sol por hacer madurar las espigas.

Trabajo y fiesta cohabitaban en las eras con el goce de un día colmado de frutos por los que agradecer. No faltaba la música, los cantores, las comidas típicas de la estación… todo ello regado con la alegría del compartir.

La celebración de la cosecha actuaba como símbolo del tiempo, marcando los meses y las estaciones y los años: “Cuando las yeguas giran es el tiempo el que gira y es la era la que rueda sobre el tiempo”

Y aunque muchas vueltas ha dado la rueda del tiempo desde entonces, en este Encuentro hemos querido recrear ese espíritu de agradecimiento y celebración, desde quienes somos hoy, aportando a esta Fiesta el fruto de nuestra mejor expresión.

El círculo del corazón

Hemos partido en este Encuentro de ese silencio que acoge todos los sonidos, de ese espacio vacío donde caben todas las formas, de esa primera conciencia que brota de la vacuidad colmada de todas las posibilidades.

Yo mirándome frente al espejo del mundo.
Interminable habría sido este encuentro si hubiésemos tenido que confrontarnos e integrar en la estructura del Ser todas las variantes que ofrece el mundo en que vivimos, pero nos hemos centrado en ese punto de cohesión entre dos espacios de la realidad que parecen rehuirse entre sí:

La realidad percibida por los sentidos internos
y la realidad percibida por los sentidos externos.

Existimos en un lado del espejo excluyéndonos del otro.

Vivimos dentro del Círculo Sagrado del Corazón, donde todo instante es naciente, nuevo, irrepetible, como un flujo constante de ese algo inexplicable que a la vez nos colma y vacía…
O nos perpetuamos en la huella cristalizada de nuestros esquemas mentales o circunstancias vitales.

Soy la huella o soy el flujo…
Soy amor domesticado o amor en trance…

El Amor no se sostiene en negaciones.
En el Círculo del Amor siempre hay espacio para acoger e integrar a lo otro, para reconocer en mí lo que sea que vea del otro. Así se va ensanchando el sentimiento y así se van rompiendo los límites de las creencias que nos mantienen restringidos en el marco de la definición.

Vivir desde el corazón no es estar aquí o allá; es sentir, experimentar desde ese punto de unión entre lo otro y yo
(el centro del círculo está en cada uno de los puntos que configuran la circunferencia).

Es la conexión que nos da la fuerza para dar el salto y transformarnos en una nueva y más amplia percepción de nosotros mismos.

Y, he aquí que, como por arte de magia, del espejo que nos refleja en la realidad desaparecen las imágenes que ya no pueden identificarnos, y asoman nuevos paisajes que muestran en qué medida hemos cambiado.

Reminiscencias de un pálpito

Hace tres años que llevo el mismo libro pegado a mis manos, y ha crecido tanto en el proceso de presentárselo a tantas gentes, en tantos lugares, que se me derraman por la garganta las páginas que no quedaron impresas entre su cubierta.

Aquellos primeros discursos escritos previamente, aquel temblor en la voz, aquella timidez escénica, fueron dejando paso a un flujo de información que recorre los mismos pasajes y, sin embargo, sigue viendo y transmitiendo planteamientos diferentes.

El corazón abierto, la comunicación espontánea y una total conexión con esa voz inspiradora que va dictando mensajes inauditos en el aire…

En realidad, no es tan importante la temática a tratar sino darle acogida a una información energética que cada cual interpreta en su propio proceso.

Hay frases que adormecen, otras que generan discrepancias y están aquéllas que son como flechas lanzadas al otro hemisferio del cerebro.
Son éstas últimas las que despiertan algo que allí dormía,
y algo se estremece en tu interior cuando de pronto entiendes,
de pronto lo ves,
de pronto toma sentido el sinsentido de la vida.

Acompasémonos entonces en un mismo ritmo
y refresquemos la memoria de un olvido.
El Gran Olvido que nos ausenta …
Alcancemos juntos las reminiscencias de un pálpito,
ése en el que tu corazón y el mío latían como uno solo,
acompasados en el corazón del universo.
El Gran Latido que nos sustenta …

La Montaña de Montserrat

Hace cinco años, por estas mismas fechas, caminaba en solitario por Montserrat. En mi diálogo interno, le pedía a la montaña que me mostrase un mapa, una mirada a vista de pájaro que me indicase el lugar donde había desembocado mi recorrido vital.

Anduve un rato despreocupada ya de este asunto, hasta que de pronto se abrió el paisaje a través del gran ventanal de piedra, una inmensa apertura que me permitió divisar el horizonte a lo lejos: Campos y campos vestidos con los colores de la tierra fértil y de la primavera. Miré luego hacia el fondo, bajo mis pies, cómo la densa vegetación apenas permitía que los rayos del sol se adentrasen en su espesura. Me giré alzando la cabeza y mi visión no pudo abarcar los límites de aquellas gigantescas piedras sosteniéndose en las alturas.

¡Bien! La montaña me respondía mostrándome el mapa que antes le había pedido. A modo de síntesis me estaba diciendo: “saliste de la espesura, tu visión es más amplia, pero te queda un largo recorrido para reconocerte en tus alturas”

Hoy, después de cinco años, se me ofrece la ocasión de caminar en compañía, en muy buena compañía, por esas sendas recónditas de la montaña, que tiempo atrás no pudo alcanzar mi vista en toda su amplitud. Y sin que yo haga preguntas, porque todos los interrogantes se me fueron cayendo en el trayecto que me condujo a este día, se abre en el paisaje el mismo ventanal de piedra que antaño me respondiera.

El vértigo ha sustituido hoy a la sensación de incertidumbre que sintiera ayer. ¡¡¡Cuánta dicha en estos parajes inexplorados que no puedo traducir en palabras!!!

Al compartir esta reflexión con mis compañeros de viaje me pregunta Martí:
¿Quiere decir que ahora vives desde más arriba, Angela?…
Y le respondo: “No, quiere decir que caminé en estos años y que mi percepción ha cambiado, pues miro el mismo paisaje desde otro lugar en mí…

La idea de protección

Dicen que la rosa es la flor preferida de la Madre Tierra.

En el aleteo de nuestros sentimientos notamos que finalmente se abre inocente el corazón como la frágil plenitud de una rosa. En esa apertura no hay ya interrogantes que resolver pues belleza y perfume son la respuesta a un proceso natural de transformación.

Fue el tallo el que preguntó antes: ¿cómo protejo a la flor de las energías negativas y oscuras? Y solventó el asunto cubriéndose de espinas. Y cumplió en parte con su cometido, ahuyentando a quienes no gustan del contacto con el punzón. Pero no pudo proteger a la rosa de unas tijeras en manos enguantadas, ni de la tormenta, ni del paso del tiempo que la marchita.

La necesidad de protección está arraigada en nuestro instinto más primario, pero la idea de protegerse es perpetuada en nuestras concepciones mentales, en nuestros juicios sobre el bien y el mal, creando muros, armamentos y enfermedades en el mundo que habitamos y nos habita.

No podemos entrar con esa losa en el espacio del corazón, al igual que las espinas no tienen cabida entre los pétalos de la rosa. Pues así como la flor se marchitará, también el corazón dejará de latir un día, pero, si en su apertura deja en el aire la fragancia del amor, su esencia vivirá por siempre en los jardines de la vida.

Conectando con la Naturaleza

El propósito que ha guiado este Encuentro ha sido abrir el corazón a la vibración de los cuatro elementos
–Tierra, Aire, Agua y Fuego-,
acogiendo el regalo que cada uno de ellos nos entrega en forma de
fuerza, entendimiento y sanación.

Conectar con la Naturaleza es una oportunidad de ir descubriendo espacios inexplorados en ser…

Desde lo sagrado de ti puedes establecer una relación con lo sagrado de la Madre Tierra, pues Ella escuchará en tu silencio, en tu canto, en tu rezo y, sobre todo, en el balbuceo del primer acercamiento.

Ella oirá los anhelos más íntimos de tu corazón, sanará tus heridas profundas y te fortalecerá para que cumplas con el compromiso que tienes contigo mismo, con tus relaciones y con la Vida…

Y así fue que el río fluyó a través de nuestras venas
y nos dejó su transparencia en el sentimiento…

El aire afinó nuestros instrumentos musicales
y dejó en la humedad del ambiente notas acompasadas
con nuevos entendimientos…

La tierra acogió nuestras ofrendas
y semillas de nuevos propósitos,
mientras sentíamos su latido bajo nuestros pies…

Y pese a que las lluvias no nos permitieron prender el fuego,
finalmente nos convertimos en leños
y encendimos una llama en nuestros corazones
que seguirá ardiendo más allá de las estaciones…

Al otro lado de la percepción

Busco en este tramo del camino un punto de cohesión entre dos espacios de la realidad que parecen rehuirse entre sí: La realidad percibida por los sentidos externos y la realidad percibida por los sentidos internos.

He conocido a muchas personas, yo misma, que vivimos en un lado de la percepción excluyéndonos del otro.

El presente no excluye, no se sostiene en negaciones, su afirmación es Presencia.

En el flujo del amor siempre hay espacio para acoger a lo otro, al otro. Así se va ensanchando el sentimiento y así se van rompiendo los límites de las creencias que nos mantienen restringidos en el marco de lo definido.

Hace rato que me he rendido ante el Misterio.
Esta rendición, en mi caso, significa que no puedo atrapar ni controlar el potencial de lo indefinido.
Sólo puedo abrirme a su flujo y permitir que poco a poco sea éste el que me vaya moldeando en sus designios.
Al fin y al cabo, todo cuanto oigo y creo saber son ropajes que me coloca el mundo y el tiempo que se viven en mí, y optar a ser vestida por el Gran Misterio es atreverse a ir desnudándose de toda creencia, e ir comprendiendo que el mismo acto de desapego lleva consigo un tejido de inocencia.

Entonces, no es que haya nadie al otro lado para arroparme con un nuevo atuendo, sino que en cada instante en el que experimento una transformación, y soy consciente de ello, la Presencia se me manifiesta como ese punto de conexión entre esos dos espacios de la realidad que siempre se están rehuyendo…

Dime Amor

– Amor. ¿Qué quieres de mí, Amor?
¿Debo obligarme a amar lo que no puedo aceptar de manera natural?

– No hay cosa ni espacio ni forma que el amor no ame
y que a través del amor no se convierta en cosa amable.

Pero antes de amar lo que aceptar no puedes,
has de observar a tu propia resistencia,
los motivos que pusieron en tus ojos
esos cristales empañados de juicios.

Abrazar la propia negación,
que es lo mismo que aceptar aquello que niegas.

Pues no puedes amar lo negado
negándote el fuero interno.

La Medicina de las Relaciones

Hay pueblos y culturas que han integrado la Medicina en sus vidas, no en forma de fármacos ni hospitales, sino en una manera de vivir que concibe cada acto, cada pensamiento, cada relación, en términos de Salud o Enfermedad.
En términos de vibración energética.
En términos de Alianzas con lo otro, con el otro…

Pues dos cosas pueden suceder en el acto de relacionarse, no sólo a nivel personal sino a todos los niveles: que perpetuemos aquello que nos separa de otra entidad, ya sea un ser humano, un árbol, una cultura, un recuerdo del pasado, una creencia…
o que se dé una conexión profunda que nos acerque al reconocimiento de lo otro en mí mismo…

El libro Girasoles al amanecer es el resultado del poder sanador de la recapitulación, pero este trabajo no serviría de nada si sólo se quedara en las páginas o en el intelecto sin trascender a lo cotidiano.

Y es que, en este día a día, me encuentro con relaciones que me invitan a sanar el peso del pasado y, en la misma medida en que se aclara lo de atrás, van llegando otras que traen ligeros recuerdos del futuro.

Un proceso que en la actualidad se va acelerando a través de incontables vías que nos dan la llave necesaria para abrir la misma puerta:
“Escucharse, darse cuenta de cuánto cuento nos habita“.

Particularmente he encontrado esa clave en la Gran Alianza, esto es: cultivo a mi manera una buena relación con el Espíritu y con la Madre Tierra, a través del silencio y la palabra.
Ello no significa que puedo esquivar las pruebas que reafirman mi elección:
Elijo el Amor,
elijo la Paz,
elijo el Entendimiento…
Y es así, en cada prueba de paciencia, de humildad, de impecabilidad, de confianza… que voy sumando energía.

Y es que para Recordar el Ser que Somos se necesita energía.
Fuerza que nos saque de esos espacios anclados en la memoria del olvido.
Claridad para que esas imágenes que rechazamos, pero que nos habitan, dejen de ser sombras que pesan en alguna parte…