Regalos de inocencia

Cuando era niña quise hacerle un regalo a mi amiga en el día de su cumpleaños. No tenía monedas en la alcancía para comprar un obsequio y sabía que era inútil pedirlas en casa, lo cual favoreció que se activara de manera natural el estado de acecho, de observar alrededor qué elementos podían considerarse como una ofrenda. Recuerdo que encontré un pequeño frasco de cristal, vacío, en un rincón del ropero y pensé que nadie notaría el trasvase de la gran botella de agua de colonia familiar a ese bonito frasco.

Cosas de niña, pensar que una hoja de papel con un dibujo que has pintado es poca cosa que ofrecerle a la amistad.
Colores, texturas y olores de niña que concluyeron en interpretaciones adultas y no lograron desdibujar la reprimenda que recibí.

Las huellas marcadas en la infancia son un mapa sensitivo que nos induce desde dentro a cambiar y mejorar la lectura de lo vivido.

Acaso fuera esa niña, que tomó algo de los demás para tener algo que regalar, la que décadas después me inspiró a hacer mi propio perfume con las flores del entorno: rosas, madreselva y jazmín. Todavía me acompaña esta esencia que me regaló la Madre Tierra y, cada vez que abro la botella de cristal donde comprimí tantos pétalos, siento que la infancia me sonríe desde un rincón del ropero, dentro de una hucha vacía, y en los colores dibujados en un papel.

Puedo sentir hoy que esa huella sensitiva de la niñez fue transformada y sigue haciendo nuevas lecturas en el anhelo inocente de ofrendar, de ofrendarnos.

Cosas de niñas, aunque ya somos adultas, es entregarte una pluma a la cual tú haces espacio en tu cartera, desprendiéndote de una grulla que llevas contigo desde hace décadas, la cual yo recibo como si fuera un precioso frasco de papel que conserva la esencia de una amistad.

Portaré el símbolo en el tiempo y el espacio, Elena, pero sé que la fragancia de ese instante de reconocimiento en el cual intercambiamos nuestros regalos ha dejado su huella para siempre en las sendas del corazón.

Libertad de ser

Caminando por el centro de Barcelona, me hablaba una amiga de esos momentos que no podemos atrapar y en los cuales nos sentimos como si estuviéramos dentro de una pompa de jabón.

Al llegar a la plaza de Catalunya volaban por el aire inmensas pompas de jabón, junto a incontables palomas cuyas plumas llevé (para regalarlas como marcapáginas) al encuentro previsto en el Cau de les Arts. Y allí, entre risas, poemas y demás intercambios, nos sentimos felices como si estuviéramos dentro de una burbuja.

Me gustan los encuentros que permiten a las personas ser felices, dejándolas ser lo que son, aunque su momento sea diferente del nuestro.

Me siento constreñida en los espacios que cohíben la felicidad porque nadie se deja ser lo que es.

Hay encuentros propicios para que la magia y la realidad se convivan; pero estamos más acostumbrados a lo común y nos resistimos a probar de lo genuíno.

Acaso el lado sufriente de nuestro paradigma
se enraíce en que nos resulta hiriente
la forma en que otros exponen sin disfraces
su libertad de ser …

El lenguaje de la Naturaleza

Por detrás de las partículas y moléculas que configuran el mundo que podemos ver y tocar, hay un mundo de luz que se ordena de otra manera a como los ojos están acostumbrados a ver.
Es un mundo lleno de magia, de una inteligencia que compone y responde a otro orden .

Hubo un tiempo en el que el ser humano poseía una relación tan profunda con la Naturaleza que incluso podía acceder a realidades paralelas que permanecen ocultas a las miradas apresuradas, dispersas y superficiales de nuestra actualidad.

El vínculo con la Naturaleza perdura en estos tiempos para quienes mantienen una íntima relación de autoconocimiento en la observación de los fenómenos naturales.

Hay un lenguaje simbólico en cada palmo de paisaje que siempre está contando cosas para tod@s, y a cada cual le cuenta lo que necesita para sí, para su momento único e irrepetible.

Habla siempre, para quien atiende, el soplo del viento, el canto del pájaro, el susurro de las hojas, el fluir de las aguas, el ciclo de las estaciones.

La Naturaleza habla a quien está atento para “escuchar”, para “leerse” en un lenguaje olvidado por el intelecto pero que el corazón sí recuerda como un sueño muy despierto al otro lado de la realidad.

«»Naturaleza Madre» extracto del libro Los Ojos de la Noche»

Seamos claros

Siente amor en el instante de cada entrega,
porque lo que das sin amor, te lo robas
y lo que entregas con amor, te lo das…
Acepta que no sabes qué números nacen
por detrás de tu contabilidad.
Esa aceptación enciende una lámpara en la oscuridad.
Y cuanto más claro ves, menos peleas con las sombras,
con más nitidez puedes darte a lo que amas…

Admiro lo que me gusta de ti, y tengo conciencia para abrazar lo que me disgusta.

La conciencia observa dónde hay que armonizar, y se expresa actuando sin imposiciones ni exigencias; va haciendo por aquí y por allá, gestionando en silencio; lo hace por amor y con amor.

Porque hacer las cosas en nombre del amor, pero sin amor, es desgastarse ajustando cuentas al universo…

Desde esta Claridad puedo ser más cuidadosa con los dones que me han sido otorgados y aportarlos al propósito de «siempre sumar», más allá de las divisiones ajenas.

Pero ya no invierto en “generosidades” que finalmente acaban en “frustraciones”.
La auténtica generosidad no genera deuda en la correspondencia.
Es una plenitud que se desborda, nunca una entrega con “intereses” implícitos…

Calma

Hay muchas, muchísimas más cosas
de las que buenamente puedo hacer hoy,
por eso estoy tomando una triple ración de calma,
porque sé que ésta es la mejor opción,
tomármelo así como ahora lo estoy tomando,
con esta taza de café a la que puse tres cucharadas de serenidad …

Náufragos del viento

La vida no es una tómbola,
pero a veces se presenta como algo parecido a una tómbola,
donde lo aleatorio, la suerte,
parece determinar en grado sumo el desenlace de acontecimientos.
Sin embargo, lo que parece es sólo una apariencia.

Es simplemente que, como seres humanos, tejemos mundos complejos.
Decimos que haremos tal cosa y realmente estamos pensando tal otra.
Lo que anhelamos en un espacio del ser, lo hacemos naufragar en otro.
Vivimos en la contradicción, y es solamente en momentos excepcionales
–esos instantes insólitos que nos gustaría convertir en costumbre–
donde pensamos, sentimos, hablamos y vivimos en completa unidad.

El caso es que no estamos completamente sujetos a ese mundo externo,
circunstancial y contradictorio,
pero en él vivimos y avanzamos a jornada completa.

Se diría pues que poco hemos avanzado en lo personal
si pretendemos sujetarnos a la incertidumbre
cuando el viento levanta el oleaje
poniendo el caos en nuestra travesía.

Cada tormenta actualiza dónde estamos situados en nuestra travesía personal,
dónde nos pilla cada naufragio,
y es un gran avance saber dónde está nuestro eje,
nuestra esencia imperturbable.

Entonces la vida ya no se presenta como una tómbola sino como una gran paradoja en la cual, avanzar, es aquietar la inquietud haciéndonos unidad con el mástil esencial de nuestra nave…

Miradas cristalizándose

El mundo es una mirada…

El mundo está mal, dice la mirada realista, hay crisis, corrupción, desigualdad, conflictos, desconfianza…
Las masas parecen enchufadas a la euforia colectiva que nos suministran aquellos que desde la sombra mueven los hilos.
Y así seguimos oscureciendo los paisajes en los que vivimos, a fuerza de perpetuar ese mirar sombrío.

Pero yo no quiero subirme a esa mirada, prefiero girar la visión y buscar, entre tanto desaliento, unos ojos entre miles de ojos, un corazón entre tanta queja y lamento.
No me interesan las estadísticas, busco una conexión auténtica que permita a mi mirada traspasar el cansancio de tanta ausencia adherida al mundo, y despierte un sentir adormecido detrás de tanta coraza pintada de desencantos.

Entonces ya no veo unos zapatos de marca sino unos pies que anduvieron caminos.
Ya no veo estrategias para engañar ni engañarse sino la inocencia de un niño que no juega a interpretar el traje del rey sino a decir la verdad desnuda, el rey no tiene traje.
Veo un corazón capaz de entregarse a pesar de haberse roto una y mil veces.
Veo la vida sacudiéndose con fuerza tantas mentiras y juicios adheridos a su espalda.

Utopía, dicen algunos, el mundo seguirá siendo igual, lo mires como lo mires, mas yo sé que estoy creando un paisaje diferente sólo por empeñarme en mirarlo de otra manera. Pues qué es el mundo sino el resultado de infinitas miradas cristalizándose en un único instante…

Un día especial

Hoy es un día más y a la vez un día marcado en el calendario personal.

Un día que puedo contemplar desde el prisma del tiempo transcurrido, pero que he preferido mirar desde esa percepción mágica que el paso de los años no puede atrapar.

Un día en el que conviven dentro de mí
la anciana y la niña,
la mujer y la amiga,
la mariposa y la oruga,
la cueva y la cima de mi particular montaña,
el sol encendido en mi corazón y la luna en todos sus ciclos alumbrando mis noches estrelladas,
ensoñadoras,
nubladas a veces,
misteriosas…

Hablando de la luna,
te quiero contar que no siempre estoy de luna llena,
que no siempre encuentro la luz para alumbrar ni alumbrarme,
que soy yo en esas fotos cristalizadas en el tiempo,
esas sonrisas asomadas al encuentro,
pero que estas imágenes sonrientes no son la totalidad de mí,
sino la culminación de procesos en los cuales convivo con las incertidumbres y desasosiegos que me visitan de vez en cuando.

Hoy es un día especial y el universo ha puesto una vela encendida para que sople un deseo.

No hay deseo que pedir en este día,
y sí un inmenso agradecimiento
por tantos regalos que recibo.

Mantengo pues la vela encendida para que alumbre
el deseo del Amor, en cada Corazón…

¡Bienvenida Primavera! 2014

Hace unas semanas que llegué a Punto de Equilibrio Garraf como llegan las golondrinas con la primavera.

El ciruelo y el almendro estaban vestidos de blanco.
El laurel sigue enfermo con un teñido oscuro en sus hojas, pero le han nacido tallos nuevos pintados con el verde intenso de la vida que se renueva pese a todo.
El invierno todavía descansaba en las ramas desnudas de las dos moreras y, sin saber cómo, ya son visibles los brotes de los frutos venideros.

Mermelada de moras.
En alguna mañana del porvenir nos sentamos a desayunar a la sombra del ciruelo y en algún intervalo silencioso paladeamos la esencia del crecimiento y el sabor de las estaciones, untados en la tostada.

Crecimiento.
Crecer.
Hacer el recorrido para que se haga visible, palpable, degustable, lo que somos en estado potencial.
Encontrar la libertad de ser plenamente lo que somos.

Y me conduce la reflexión a tomar consciencia de cómo la idea de crecimiento ha hecho un giro de 180 grados en mi percepción. La exigencia que antaño le puse al propio crecimiento, ése “quiero más”, más recursos, más conocimiento, más opciones, más de ti… ha cambiado por este “cuánto de grande es el espacio de libertad en mí”.

Al fin y al cabo, mi corazón es un pajarillo que escribe el canto del aire en las ramas del árbol, aunque a veces exclama la tristeza del encierro, de tantos obstáculos y barrotes que le obstaculizan el vuelo.

En este encuentro de «Bienvenida Primavera» he podido comprobar que, mientras quedé atrapada en las tormentas y barrizales del invierno, peleándome con las penumbras de la incertidumbre, la Madre Naturaleza seguía gestando nuevos paisajes en el giro incansable del tiempo.

Y es porque pude soltar,
reconciliarme,
aceptar,
amar pese a todo…
que este pajarillo pudo alzar su vuelo en esos instantes compartidos y escribir en otros corazones el dulce aleteo del amor…

¡¡¡Gracias de corazón a todos los corazones que acudisteis al llamado!!!
Que los nuevos brotes de cada árbol que somos encuentren su espacio de florecimiento y un canto dichoso en nuestras ramas…

«Saltos» en la percepción

Hay vivencias donde confluyen distintos aspectos de un proceso que, al encontrarse en un mismo punto, generan la fuerza necesaria para “dar el salto” e iniciar un nuevo recorrido desde otra percepción en la espiral evolutiva.

Ilustro este entendimiento con la experiencia de un viaje por tierras manchegas, un recorrido en el cual el espíritu quijotesco y su escudero han salido de las páginas literarias, y no precisamente para batallar con molinos de viento sino para respirar de una propuesta que nos hizo la Asociación Ahire en Ciudad Real:
«Amor incondicional como forma de vida».
¡Gracias, gracias, gracias, Paco, por el espacio y la convocatoria!

Y también tomó sentido el viaje para echar un nuevo leño a ese rescoldo de la amistad que prendimos en Puertollano hace un par de años. En Centro Sadhakas actualizamos el aprendizaje y los pasos que nos han conducido al reencuentro.
¡Gracias, Aitana y Miguel Angel, por mantener encendida la llama de un sueño!

Por esta vez, frente al volante, el quijote y su escudero viajan en mi mente, en la interpretación reflexiva que hago sobre el lenguaje de los símbolos y, así como sucede en las páginas de esta gran obra, no siempre se ponen los personajes de acuerdo.

Estamos rodeados de símbolos.
La Madre Naturaleza es un despliegue viviente de símbolos.
Los acontecimientos del día a día están repletos de símbolos.
El símbolo como lenguaje que nos conecta con otros niveles de entendimiento.
El símbolo como indicativo de coordenadas, de dónde estamos posicionados en nuestro proceso de aprendizaje.

En estos encuentros se me ofreció la oportunidad de exponer mi visión del Círculo. Y, como decía al comienzo, agradezco el “salto” que me ha permitido actualizar un cambio de percepción. Un darme cuenta si los zapatos de ayer le son cómodos a los pies de hoy; o acaso se han ensanchado tanto los límites de esas creencias con las que me identifiqué antaño que las medidas de mi crecimiento (de mi experiencia actual) se golpean, se resbalan, no se ajustan con esas ideas y por lo tanto suenan chirridos disonantes en cada paso, en cada movimiento.

Y aquí he podido ver la diferencia entre interpretar los símbolos desde un enfoque periférico, mental, lineal, de polaridad, de excluir para alcanzar…
y un enfoque de centro, de corazón, circular, cíclico, de abrazo que acoge lo que cada presente trae consigo, donde cada paso ofrece una imagen completa que sostiene la plenitud, el sentimiento de que no falta ni sobra nada.

Desconozco el momento justo en el que cambió mi manera de pensar el mundo. Lo único que sé es que hubo una línea pensante con dos extremos (dentro o fuera, tú o yo, forma o sustancia…) que se fue transformando en un sentir esa otra línea invisible en el aire, que se expande en su recorrido y que a la vez el fuego de la vida va curvando en eterno retorno…

No puedo acordarme ahora de todas las circunstancias en que he percibido esa fuerza que te arquea sin romperte, pero sí he podido recordar en este viaje el poder activándose cada vez que se abrazan los dos extremos de una percepción, cada vez que se disuelve un condicionante que le he puesto a la experiencia de amar…