Líneas pensantes

Desconozco el momento justo en el que cambia la manera de pensar el mundo.
Mas, si me pongo a observar, veo una línea pensante con dos extremos inseparables:
final-comienzo, tú-yo, dentro-fuera, sustancia-forma…

La polaridad se va transformando al percibir esa otra línea trazada por la Presencia, invisible, sensitiva, que se expande gloriosa en su recorrido, curvándose su anverso en eterno retorno…

Me olvido de todas las circunstancias en que he percibido la fuerza del temple, la que me arquea sin romperme, pues ahora viene un hermoso instante a recordarme el poder que se activa cada vez que se abrazan los dos extremos irreconciliables de una percepción,
cada vez que observo lo que sucede sin entrar en juicios, así como es,
cada vez que se disuelve un condicionante
que le he puesto a la experiencia de amar…

El centro es el sitio

Cuando era niña iba con mis padres por estas fechas a recoger aceitunas. Recuerdo una ladera sombría que, orientada hacia el norte, el sol no tocaba hasta bien avanzado el día. Mis ojos miraban con impaciencia cómo los rayos dorados iban deslizándose por la vertiente de enfrente -avanzaban tan despacio-, y mis manos heladas querían empujar al sol para que llegase cuanto antes a mi cuerpo…

Acaso por impaciencia o quizá por falta de resistencia ante los fríos de la vida, he dejado mi sitio muchas veces para ir a buscar el sol del corazón en otras laderas del mundo. Además del norte, diría que incluso perdí la brújula con tantos desplazamientos. Aprendí, sin embargo, que no yerra la orientación si ve el centro en cada uno de los puntos que configuran la circunferencia o periferia circunstancial.

Y es que el centro es el sitio donde quedarse o avanzar, porque ahí siempre alumbra el Sol…

Pensamientos de agua

Caminando por la cuenca de un río seco, vino un sombrero de nubes a contarme el diálogo entre el agua gaseosa y la cañada:

– Busco una vertiente donde morir como nube y nacer como río
–dice la una –.
Un cauce que me contenga sin empantanarme, que le dé sentido, propósito y dirección al flujo jubiloso de ser lo que soy: Sentimiento.

– He muerto como río desde que no fluyen tus aguas por esta quebrada
– responde el otro–.
Pero, como ves, voy aprendiendo a ser Camino. Aprendiendo a sentirte en los pasos que me transitan…

Los pasos necesarios

He llegado a la conclusión de que me limito
cuando perfilo mis anhelos para el futuro.
La vida siempre me ha sorprendido ofreciéndome
más de lo que mi imaginación puede abarcar.

Así que he acabado por rendirme.
Me rindo ante la evidencia de que los zapatos de hoy
(las necesidades de hoy)
no encajarán en los pies del mañana.

No, no son los zapatos los que hacen el camino,
sino la voluntad actualizada en cada día
de dar los pasos necesarios para andarlo…

Primer amor

Un día me puse a recapitular sobre el primer recuerdo del sentimiento de amor que podía rescatar al tejido memorial, así que fui tirando del hilo hasta encontrar esa primera impronta grabada en mi alma.

Sucedió cuando tenía unos tres años y jugaba con otras niñas del barrio. A eso del anochecer vi asomar a mi padre por la esquina de nuestra calle, así que eché a correr cuesta abajo a buscarle, y entonces él me aupó en sus hombros hasta llegar a casa. En ese tramo quedó grabada para siempre la sensación de avanzar hacia el amor y sentirme aupada por la dicha del encuentro, segura en los hombros del mundo.

A veces, todavía hoy, puedo sentir la alegría de una niña que corre a recibirle calle adentro, y sucede siempre que asoma cada primer amor por las esquinas del tiempo…

Frases flecha

En realidad, cuando nos encuentra la Palabra,
no es tan importante la temática a tratar,
sino darle acogida a una información energética
que cada cual interpretará en su propio entendimiento.

Hay frases que adormecen,
otras que generan discrepancias
y están aquéllas que son como flechas lanzadas
al otro hemisferio del cerebro.

Son éstas últimas las que despiertan algo que allí dormía,
y algo se estremece en tu interior
cuando de pronto entiendes,
de pronto lo ves,
de pronto toma sentido un sinsentido de la vida…

Percepción de distancia

En la distancia siempre hay proyección propia,
y siempre hay distancia entre dos seres que no se manifiestan desde el reconocimiento, desde esos espacios comunes que recogen e impulsan lo auténtico y genuino que llevamos dentro.

En la distancia creemos que el otro es así,
o de la otra manera,
sin darnos cuenta de que estamos cuestionando percepciones mentales, cuadros en el museo de los recuerdos propios, que el otro ha detonado.
Y siempre hay distancia si falta la comunicación íntima, las ganas de actualizarnos, de renovarnos en ese estiramiento de ti hacia mí, de mí hacia ti.

En la distancia siempre estamos solos,
con nuestros propios fantasmas que nos acompañan.
Y siempre hay distancia, aunque estés aquí al lado, si necesitas interpretarme, analizarme, ubicarme en tu marco de percepciones.

Siempre estamos lejos si en el impacto de la cercanía no se nos han caído todas las psicologías y nos abrazamos con la mirada, con la sonrisa, con la alegría de cada re-encuentro que nos re-nueva.

Acompasamiento

Amarte en esta soledad del yo
o buscarte en los espacios comunes del nosotros.
Me acerco a ti y saludo al nosotros
que está presente en cada acercamiento,
pese a que tú y yo lo ocupamos todo…

Y al final todo concluye en el comienzo:
en que tú y yo estamos encontrados en la esencia
aunque no acabemos de encontrarnos en las formas.

Esto es que algunas formas tuyas y mías
hacen chirridos cuando se rozan.

Pero, si tú afinas las notas y yo afino las palabras,
puede surgir una preciosa canción de nuestro encuentro.

Un canto acompasado que podría empezar diciendo:
«Desde siempre te espero
porque he de amarte para siempre…»

El viaje de la Conciencia

La conciencia hace un viaje en el tren de la vida.
Asoman paisajes a las ventanas de la percepción.
A veces pasas por un túnel y nada se ve.
Pero el tren sigue avanzando.
A veces viajas de día, inmerso en las imágenes del exterior o hablando con las personas que comparten tu vagón.
A veces viajas de noche y se apagan los paisajes que antes reclamaran tu atención.
Entonces cierras los ojos a lo externo y otro mundo se despliega en tu visión interna.
Un mundo que obedece a otras leyes, cuyo fundamento no es la solidez de la materia ni la veracidad de tus creencias.
Un mundo que sostienes en tu sentir.

En la superficie del sentimiento, las emociones configuran imágenes.
Si tienes miedos, los ojos del miedo recrean la escena donde contemplarse.
Si tienes anhelos, tus aspiraciones fijan la mirada en eso que falta.
Si tienes preguntas, interpretas las respuestas con la circunstancia que te estás viviendo.
Y cuando no ves la respuesta, las cosas pierden su sentido.

Pero el sentido de las cosas es que cada interpretación que haces tiene su razón de ser en el contexto que le da vida.

En la superficie del sentir todo es cambiante, por eso, después, con el tiempo, vuelves a pasar por los mismos paisajes y miran en ti otros ojos, desde más altura,
o confundidos quizá porque el cristal de tus percepciones quedó empañado a fuerza de decepciones.

¿Quién mira detrás del cristal?
¿Quién interpreta el viaje?

Todo cambia y siempre eres tú.
Tú quien miras y tú quien interpretas.
Y por amor a la vida, eres en eso que ves, y eres en eso que interpretas.

La interpretación más completa es la del Amor, la de la Paz.
Pero no el amor de ¡ay, cuánto te necesito!
Y tampoco la paz de “con esto no puedo y ahí se queda y sigo adelante.”

Porque, cuando miras con amor, no hay dejadez, ni abandono ni ansiedad ni condiciones.
Todo está unido en la paz, por eso no hay contra qué chocarse.

El pensamiento y el sentimiento se convierten en Visión.
Lo ves todo de una vez.
Sientes que sabes sin saber cómo lo sabes.
Es el conocimiento hecho luz.

Y, sin embargo, la claridad te dice en este momento que, mientras tu tren llega a su destino, los pensamientos e interpretaciones tienen su razón de ser, igual que las nubes.

Aunque el pensar no sea el Conocimiento,
igual que las nubes no son el cielo.

¿De qué depende?

“Ser feliz no depende de nadie”

Y ahí andamos, tratando de anclar frases positivas en todas nuestras células y en todos nuestros espacios, sobre todo en los que pisa nuestra realidad.

Ya sabemos desde el intelecto.
Ya vamos viendo.
Pero a veces se resisten las emociones, sobre todo las espesas, las que gritan su hambre de carnaza miserable que las mantenga vivas, y su grito nos araña las entrañas.

En ese reclamo vienen los recuerdos a la mente, las frustraciones, los desengaños, los desencuentros.
Y le ponemos un nombre a nuestra desazón, y un rostro, y unos ojos que nunca nos vieron realmente, porque siempre miraron su propio brillo o su propia sombra en el espejo que nuestros ojos ofreció al mirarlos.

Es entonces cuando despierta y ruge en nuestro interior la fiera de la desazón y la ansiedad, adormecida e indolente en la letanía de las frases positivas que no alimentan el sufrimiento.

Entonces es cuando digo: “Ser infeliz tampoco depende de nadie”.
Yo alimento la dicha y también el desasosiego.
Y cuando me quedo sin fuerzas para la una (la dicha)
y para lo otro (el desasosiego),
viene el recuerdo de nuestra amistad, el propósito común de ser felices, de ser plenos, de acudir a esa cita que tenemos con el amor auténtico; el que no depende de nadie, el que no pone ninguna puerta delante donde haya que llamar, porque ya nos está llamando desde adentro…