Esa mujer…

Hoy me habló la Mujer de mágicos reinos
escondidos bajo la piel de los seres humanos:
del valor de ensanchar los pulmones y respirar a fondo las diminutas riquezas que la vida deja al borde de cada segundo;
del calor de los corazones cuando hacen lumbre para calentar la indiferencia de algunos rincones del día…

Y esa Mujer, ante todo, me transmitió
la bendita sensación del espíritu que intenta recorrer, en paz, cada metro y cada paso en su afirmación por la vida, sembrando pequeñas estrellas en el camino;
algunas tan diminutas que apenas se ven, pero alumbran, sobre todo cuando más necesarias son, en la oscuridad de la noche…

La intimidad de la página

Más allá de los géneros literarios,
busco la intimidad de la página,
el susurro de la medianoche,
ése que me hace meditar en las cosas que nunca nos planteamos a la luz del día, cuando otros asuntos acaparan nuestra atención.

Más aquí de cuanto sucede afuera,
encuentro ese espacio en el cual escritor y lector intercambian sus roles;
de tal manera que, quien escribe
está leyendo desde otro nivel,
y, quien lee reescribe su forma de acoger…

Así como las lentejas…

Muchas veces el asunto de las relaciones es algo así como la preparación de unas lentejas, que a veces salen ricas y alguna vez se pegan.

Hace unas semanas, yo misma preparé este potaje para la familia, y una parte de las legumbres acabó pegada al fondo de la gran olla. Lo sustancioso del asunto es que ninguno de los comensales se levantó de la mesa, ni devolvió el plato, ni me culpabilizó, ni psicoanalizó mi estado de ánimo al cocinar, ni dejó de hablarme, ni lo interpretó como una afrenta personal…

Son fáciles las relaciones cuando las personas nos encontramos en espacios abiertos y, llegado el momento, nos retiramos.

Sin embargo, las relaciones que nos transforman son ésas que nos hacen caer por un tiempo determinado en una “gran olla” junto con otros ingredientes. El fuego de la experiencia hace la alquimia. A veces la fusión es deliciosa y nutritiva a muchos niveles, y alguna vez se pegan las lentejas.

La mirada crítica sólo ve el resultado final y cristaliza el sabor a requemado en la memoria.

El corazón mira la dedicación, la entrega, el esfuerzo sostenido, la voluntad… y se alimenta de la sustancia que resulta, por pura alquimia, dentro de esa olla donde se cuecen nuestras relaciones…

Claridad en el día a día

Hay días, días normales, días cualesquiera, que no necesitan de un pregón municipal para anunciar el júbilo de la luz solar, de su bienvenida y llegada.

Días que llegan sin cohorte de guardia ni cítaras que anuncien la visita memorable del sol.

Y es que todos los días ocurren milagros, aunque no todas las horas tengan ese significado de satisfacción personal: me refiero a esas horas y horas que nos llevan de exploradores a caminar por un bosque donde la frondosidad logra desorientarnos. Y, aunque nada es adorno en la naturaleza vegetal (ni siquiera estorban las hojas que impiden ver los caminos), en la naturaleza humana es cada cual quien decide sobre las cosas dispersas, las puras distracciones que dispersan de ver el puñado de cosas esenciales, básicas, que llenan de sentido y dan de lleno en la diana del “qué es importante y qué es accesorio de vivirnos”.

Todos los días tenemos un bosque de acontecimientos que atravesar.
Y, en esa amalgama de sucesos, importa mucho el proceso de selección personal: de qué es valioso y qué es adorno.
Esto lo saben las personas enamoradas.
Lo saben muy bien las personas que disfrutan y trasladan en sus silentes gestos el secreto del amor.
Y lo saben sobre todo las personas que, aun sufriendo el dolor y la incertidumbre, agradecen a la muerte por concederles un día cualquiera más.

Hay días, esos días, tan normales ellos, que quizá tienen una sola noticia.
Pero, bien verdad es, que una sola noticia vale por mil mensajes si clarea en un corazón con su luz natural…

Complicidad

A veces la sonrisa se esconde por detrás de la máscara,
como si no quisiera mostrar el corazón que lleva consigo.

Alguna vez, sin embargo, la sonrisa centellea cómplice,
como diciéndole a ese corazón que la mira:

¡Qué bueno que nos hemos encontrado
en el mismo escondite!

Cayendo de nuestro lado

Gracias por retirarme de tu vida
antes que yo me retire de la mía.

Gracias por darme el arrojo necesario
para caer de mi lado
cuando estoy cayendo demasiado en ti.

Caer en mí es recuperar de nuevo el eje,
la mirada centrada,
el objetivo claro,
la fuerza disponible,
la voluntad de seguir.

Caer de mi lado es dar un paso más hacia nosotros…

La acción necesaria

Me gusta verme en los ojos
¿cándidos?
-sí, los tuyos-
que se empeñan en esquivar la fealdad del mundo y extraen la mejor imagen de allá donde se fijan.

Y tú, amigo, estarás de acuerdo cuando te digo que esas fotografías preciosas son muchas, incontables, pero se duermen en el fondo del álbum memorial, como si el impacto de la mirada crítica fuese más contundente en su empeño de estar siempre en portada y de actualidad.

Basura por todas partes”, grita el
¿opinante?
-sí, ése de allá-
y en todos los rincones del parque se oye la voz de alarma, y todos hacen coro de opinión ante la queja que convocó la asamblea…

Hasta que llega una mano
¿incondicional?
-sí, la tuya-,
y su gesto silencioso deja pulcro el lugar, poniendo en su lugar el abandono de quienes se abandonan a la queja inagotable.

Apenas se escucha ni retumba el silencio de la acción necesaria.

¡Sí, amigo mío!
Me gusta ver a través de la inocencia y, cuando ésta me presta sus ojos, noto que me envuelve una sonrisa cándida, libre, despreocupada de lo que pueda ser, ocupada plenamente en lo que ahora está siendo, sin creerse demasiado el cuento del futuro ni del pasado.

Ese cuento del que opinan los contadores tantas versiones, y que siempre está arrancando las hojas y las horas del presente…

Cuando la magia sonríe

Hay una sonrisa luminosa
que afloja los músculos del mentón,
suaviza el entrecejo,
dulcifica la mirada
y detiene los pensamientos.

Es tan ligera y fugaz
que no puedes atrapar su resplandor.
A veces se deja sentir al amanecer,
cuando la primera claridad del día
perfila la montaña apagando el cielo estrellado.

Entonces te regocijas ante la visión
de la más rezagada, Venus,
que parece decirte con un guiño de destellos:
“mi destino es saludar al sol con el alba
y despedirlo en el ocaso,
pero ¡me gustaría tanto pasar un día con él!
¿Te atreverías a llevarme en tu corazón,
para que yo pudiera sentirlo en las horas del día?”.

Sucede algo mágico si aceptas el encargo,
y es que la luz de esta sonrisa mágica
comienza a brotar en tu pecho
y, durante todo el día, con nubes o despejado,
se derrama por tus labios…

Amanecer

Amanecer en cada noche oscura,
acercarse a la fuente cantarina
y a los lamentos de una piedra,
quemarse con el fuego
y despedirse de sus cenizas…

Pero ya no hay cenizas a las que decir adiós.
Hay una llama renovada que se aviva con el soplo del viento.
Hay un gran regalo hecho de esencias que siempre estuvo ahí, esperando a que desaparecieran todos los frascos de cristal donde quise guardarlas.

Y, acaso porque la luna llena
se bebió los lamentos de la noche
mientras cantaba su canción,
reflejada en la fuente de piedra,
el fuego de este nuevo amanecer calienta
pero ya no quema…

Un día cualquiera

Hoy puede ser un día cualquiera, un día incoloro,
de profundidades vacías.
O un día montañoso, de picos agudos y coronas, en el cielo, blancas.
O un día oceánico, mentolado y feroz, con suaves toques de eucalipto.
O un día de relleno, o de paredes blancas,
o de líneas horizontales de cuaderno con notas recordatorias en los márgenes.
Con lo cual, llegados a este punto, pudiera ser un día magnífico emergiendo de un hoy cualquiera.
Pero lo increíble del asunto es que así pueden ser todos los días…