Tan cierto como el Amor

Todas las letras responden a un único lenguaje, el lenguaje del amor, cuando es el amor quien dicta las palabras. Pero, el amor, más que las palabras, es la vivencia que llevamos dentro impulsando con fuerza inagotable por convertirse en otra primera vez que rompe moldes caducados, a plenitud de presente, sin necesidad de congeladores mentales.

Es la fuerza natural del amor que navega sin hundirse por los confines de otra persona que no sea una misma, siempre “auto-misma” dentro de la misma canción: “yo-mi-me-conmigo”. Es probar ese salto del uno al dos, tan corto y pequeño como parece, pero que sigue siendo un gran salto, acaso tan grande como el que nos hizo saltar del cero al uno, de la nada a la vida.

Un poco que pone la propia naturaleza en vivir la experiencia y otro poco que pone la fuerza del amor. Se aúnan ambas fuerzas y dan como resultado un “en amor darse”, un poco más y un poco mejor cada día. Un poco más hacia fuera de los escondrijos y los rincones reservados para amar, desnudos cada vez más de los eufemismos de no querernos ver como somos en realidad.

El amor, todos queremos el amor. Todos vamos detrás del amor, como vamos detrás de la felicidad, buscando la línea de autobús o la línea ferroviaria y los horarios del amor y de la felicidad. Y ya de paso, el éxito, la aceptación, la abundancia… Queremos el todo completo porque, vivido por partes, pareciera que nos cayésemos por los huecos de lo que falta.

Por eso el amor es un extenderse hacia delante y es un adentrarse hacia la raíz de nuestras motivaciones. Y es un cultivar la paz como trasfondo que sostiene nuestros extravíos y caídas, como sustancia que llena el vacío. Algo tan simple (y tan complicado) como estar en armonía con el momento y entorno que nos toca vivir, sin abrir nuevas fisuras porque nuestros semejantes están de acuerdo con lo que su momento les pide que vivan.

El amor, tan verdadero como el aire,
tan cierto como la luz de la noche y la del día…

Sueños reales

Sé que no es fácil tocar los sueños,
pero me resisto a pisar tanto suelo
con la punta de mis dedos.

Sí, ya sé, es difícil que me toque el boleto de lo real.

Aun así, si en algún momento improbable,
cuando menos lo espere,
me tocase un sueño con sus manos,
deseo que los límites del realismo
o el tupido velo de las dudas,
no puedan sujetarme ni cegarme
para tomar lo que me pertenece,
sencillamente por haberlo soñado…

Lo que ahora es

Es verdad, son verdad las muchas cosas buenas de la vida y las muchas cosas genuinas de nosotros mismos. También es realidad ese otro laberinto de vías y encrucijadas y entresijos externos, del cual podemos sustraernos pero no irnos, sino con-vivirnos en la mejor forma que podemos y sabemos hacerlo.
Y es cierto que, observando la energía y el tiempo y el esfuerzo de cada paso por el día a día, veo que la con-vivencia hace acrobacias entre tantos contrastes que nos desplazan y sujetan en los extremos de la identificación, y ese afianzamiento en lo Único que Ahora Es, donde, ligeros de todo lo demás, podemos soltarnos, descansar, y vivir-Nos…

Tiempos sin tiempo

El tiempo es elástico,
a veces se encoge
y a veces se sale por las esquinas
del reloj y del calendario.

Existen horas en las que se crece de golpe,
como si incontables minutos palpitasen
en el tic-tac de un segundo.

Son esos pequeños instantes que abarcan una inmensidad;
minúsculos momentos, eternos y pasajeros,
en un visto y no visto
que te envuelve completamente sin dejarse atrapar.

Existen días en los que se crece rápido,
que maduran los frutos en un abrir y cerrar de ojos,
como si la lluvia cantase una canción
que sólo escucha el sol en tu corazón,
y al son de sus notas bailaran las estaciones
vividas con tiempos inéditos que aún no han nacido…

Comienzos hacia el Ser

Ya no es ilusión por lo que deseas que sea,
y cuando las cosas no son así
te caes una y otra vez en la desilusión…
Ahora se trata de presenciar lo que Es
y sostenerse en ese principio,
se presente como se presenten las cosas.
Y así, como comienzo,
discernir los noES de los síERES…

Hablando de principios,
no existe un solo comienzo sino muchos y diferentes,
todos ellos participando del gran film o del único fin.

Cuando las fotos negativas van eliminándose de la proyección
y las positivas van haciendo más y mejor acto de presencia,
es cuando puedo decir que van existiendo nuevos principios,
que son como manantiales que fluyen de la montaña y van sumando el caudal de un poderoso río de vida, que va sintiéndose más libre, más pleno, según las aguas van juntándose y recuperando su identidad más genuina …

Ilusión por renacer

En el recorrido que hace la ilusión, ya no puedo acordarme de las veces y tramos que la desilusión anduvo los pasos.

Desaparece a menudo la ilusión y, sin embargo, sigue latiendo su pulso, su capacidad de generar el entusiasmo y la fuerza que impulsan un nuevo comienzo.

Y es que permanece la confianza latente en que, por debajo o por encima de todas las cosas que han sucedido, hay un ser en mí que siempre está naciendo, aunque no siempre encuentre acogida en estos brazos que sujetan y se apegan al ser que fui.

Esta ilusión de la que hablo, no es una ceguera rosa que pinta el camino del mismo color porque desconoce que en el camino asomarán todos los colores, y también todas las tonalidades del gris.

No es una ilusión de ilusa, la mía.

Es un sueño de confianza, de convicción profunda en que, para renacer, hay que llegar hasta el final.

Es una juventud que circula por debajo de las arrugas mientras llego a cada meta.

Ilusión también por llegar contigo, para que no quede inacabado, incompleto, indeterminado, eso que sea (que todavía no sé) que tengamos que vivirnos…

Mediodía del verano

En julio el melón echa dulzor, color y sabor …
(dice el refranero)

En el núcleo del verano, arde julio, intenso, caluroso, con las merecidas vacaciones por vivir, o ya disfrutadas por quienes hacen caso omiso a los refranes y calendarios, y gustan de degustar el frescor de un melón antes que su dulzura.

Ya está aquí julio, con su mediodía soporífero, cuando el sol se deja caer en los poros de la piel, y pesan los pasos en las aceras urbanas, y pesan los párpados, entornándose en cada mirada como cortinas que amortiguaran el exceso de luz…

Ya podemos saborear las noches estivales, de verbena, de paseos a la fresca orilla de un río, o de un bulevar marítimo, cuando los pasos se aligeran de pesadez en pausada lentitud, como si se deslizaran en la humedad de la brisa, mientras los ojos se abren, sin cortinas ya, a un cielo estrellado que mira impasible por encima de las trémulas luces de neón…

Alternancias

Abrirme al soplo del viento
y ser por un respiro aire.
¿Sólo aire soy yo?
El viento responde con más fuerza
y soy por un momento huracán
que sacude las máscaras de la contemplación…

La meditación de esta mañana me ha conducido a esa alternancia entre vivir siendo pensada por los pensamientos del mundo, o vivir inspirada por un solo pensamiento que nace a cada momento del Ser, me hace ser, y hace de cada instante lo que es…

Como desenlace comprendo que ese intento de buscar la verdad no es más que un constante desenmascarar cada mentira que se disfraza de mí misma…

Saber sin saberlo

Yo no diré que conozco el Amor.
Prefiero hablar sólo de lo que sé,
que es decir algo y es decir nada.

O decir palabras que se miran
y se abrazan en infinitas soledades.

O decir miradas que ansían derramarse
en otra piel, otros labios, otro cuerpo.

Por eso prefiero decir sintiendo,
sin notar distancias entre tu boca y la mía,
entre tu voz y la mía,
entre tu cuerpo y el mío.

Será que, sin saberlo, nací contigo
y te olvidé pasando el tiempo.

Yo no diré que te conozco ¡oh Amor!
Pero ahora que te encuentro,
me digo así, en silencio,
con mis ojos en tus ojos,
que no quiero perderte ni olvidarte.

Y grabo tu piel en mi pecho,
y el calor de tu abrazo,
y contigo salgo a la calle
y me repito que el mundo es otro,
que ya no es el mismo,
porque recobré la memoria de tu carne…

Cristales rotos

A veces, en momentos de silencio y quietud,
se me vienen al presente imágenes
cristalizadas en el recuerdo,
como si el álbum de fotos vitales
las guardase intactas en la memoria del tiempo.

En el discurrir del tiempo,
esas personas siguieron expuestas
a las leyes de la transformación,
y sé que yo también he cambiado
si hoy puedo recordarlas sin sentirme dañada
por esos cristales que quedaron rotos…