El aburrimiento es la versión ligera de la desidia.
Detrás del aburrimiento está el horror al vacío,
y la respuesta a ese miedo consiste en intentar llenarlo todo.
De ahí la quintaesencia del sistema occidental:
la seguridad y el entretenimiento.
Sentimos horror ante el vacío porque es aquello de lo que no podemos disponer ni dominar.
Ante el vacío sólo cabe confiar, saltar, crear, entender…
Y esto mismo es lo que nos hace esquivarlo, cada cual a su manera, y por esto mismo sólo nos sentimos seguros ante lo ya sabido:
La repetición.
Pero el coraje aprender, como el de vivir,
es el coraje de renunciar a lo ya sabido,
a lo ya vivido.
Es un salto, no un cálculo.
Ésta es la única revolución posible, la cual pasa justamente por la aceptación de que uno está aquí gratuitamente, por pura gracia, y es entonces cuando le nace a uno el sentimiento más profundo del hombre:
la gratitud.
Gratitud ni por esto ni por lo otro:
gratitud porque podrías ser ausencia, vacío,
pero eres Presente.
