De nuevo nos encontramos en la Montaña de Montserrat, esta vez para dar la bienvenida a NarSham que ha cruzado el océano con el propósito de activar el Despertar del Ra-haraktys en España.
A pesar del sol resplandeciente que nos regaló el día, acabamos en el recoveco más sombrío de los múltiples espacios soleados que hubieran acogido nuestro canto. Y es que nos vivimos pruebas a muchos más niveles de lo que a simple vista pudiera parecernos:
El difícil acceso a la montaña que desajustó el tiempo acordado y desencadenó la impaciencia en unos y el estrés en otros.
El frío en el lugar de acampada tampoco ayudó a cambiar el ánimo, pero a esas horas y después de tantos inconvenientes, preferimos, antes que desandar nuestros pasos, asentarnos en esa cueva que nos protegía del viento.
Y, aunque todos acudimos al encuentro con ganas de tomar conciencia, de aprender, lo cierto es que el hambre del estómago superó al del alma.
Tengo que agradecer a NarSham que alineara el desorden energético aportando el gesto que nos acerca a la delicadeza del mundo sutil:
pidiendo el permiso a los guardianes del lugar,
abriendo el espacio a lo sagrado,
bendiciendo los alimentos…
y caldeando nuestros corazones con sus palabras.
Trato ahora de hacer una lectura de los signos, de los acontecimientos que se fueron manifestando a lo largo del encuentro.
La Montaña, la Vida.
Un lado soleado y el otro sombrío.
Caminamos buscando el sol
con la oscuridad pegada a las espaldas.
Pero a veces la vida, que es la gran maestra, pone por delante la sombra como una larga vereda en la que no hay marcha hacia atrás.
Entonces sólo queda girarse hacia el sol que te habita, esa conciencia que no depende del tiempo, ni del lugar, ni de las circunstancias, sino de una apertura total, de la confianza absoluta de que todo cuanto sucede en este momento es un pasaje más que me está mostrando quién soy por detrás de lo que creo ser.
Y es curiosamente en ése «darme cuenta»
cuando cambia el entorno
y se despliega un paisaje más soleado…
