Y entonces el Jardinero me dijo:
Mantén en la espera el terreno limpio de malezas, para que cuando asomen las flores que han sido sembradas en tu tierra, puedas olerlas y disfrutar de la belleza que el amor ha sembrado en ti.
No te impacientes y te vayas a buscar florecillas en otros campos, pues, aunque las encontraras, no serían las que recuerda el espíritu, y no reconocerías sus fragancias en la sutileza de tu ser.
Mantén en la espera el cuidado de tu tierra fecundada por el amor.
Y, si no estuvieras cuando tu jardín florezca,
si te has ido,
o lo has descuidado y sólo ves olvidos,
no le llores a la vida,
que ahí estarán las flores hasta que recuerdes o retornes a ti.
Porque los jardines que el Amor siembra en tu corazón
son eternos y no se marchitan…
