El sol asoma por el horizonte
con una claridad de neblina azulada,
de perfumes oceánicos
y clamor de sueños que se van durmiendo
hasta que la siguiente noche los despierte.
En el lienzo del día,
pareciera que el pintor invisible
no tuviese otros colores
que el azul intenso del mar
y el verde vivo de los campos.
En la neblina de la mañana
están escondidos todos los colores
y matices de la luz;
puedo imaginarlos perfilando formas
mientras la niebla se levanta,
pero es la Realidad la que los hace visibles
cuando levanta el velo en mi mirada.
