Creo que fue el filósofo Wittgenstein quien dijo que los límites de nuestra realidad son los límites de nuestro lenguaje.
Quizás al intentar comprender mis sentimientos les doy más realidad y extensión de la que éstos merecen.
Acaso todo sea tan simple como dejarse sentir lo que sea que en cada momento siento y no atrapar ninguna sensación dentro del contorno de las palabras, ni siquiera dentro de los marcos de la memoria. Tan simple todo como dejar su curso a las aguas emocionales, y su paradigma a las ideas, y su campo de experiencia a las circunstancias.
Sin embargo, la Gran Inteligencia ha querido que los elementos se mezclen y se necesiten, que las aguas fluyan ligeras por una cuenca sólida, que la tierra sea fértil gracias a la lluvia, que el soplo del aire avive un fuego…
que las personas nos retroalimentemos sin anegarnos ni devorarnos…
“Los límites de la realidad son los límites del lenguaje”, afirma alguien; pero ahora ya no veo límites, sino Inteligencia Sensitiva entre esa mirada que define y esa realidad que se lo vive…
