Después de tantos trazados en el aire,
que hacen y deshacen los contornos del sentimiento,
fluyo y refluyo en el elemento agua,
sin sujetar la mirada en esa orilla que excluye la otra:
ya sea en forma de pretensión por estar en otro lado,
o en los múltiples argumentos que elabora el rechazo.
Fluir, al menos en mi caso,
no quiere decir que me he convertido en líquido
o que todo se lo ha tragado el agua,
sino que puedo abrazar la consistencia de la piedra
sin pelearme con ella,
aprendiendo de la naturaleza que se manifestó así y ahí.
En mi caso al menos,
fluir sería también dejarme abrazar
por las dos orillas que configuran mis contornos
en constante y natural oposición…
