¡Ay, si los árboles hablaran…!
Y, sí, déjame creer que los árboles hablan,
que entablan un permanente diálogo
en sus refrescantes sombras.
Dicen en el crujir de sus ramas,
en el murmullo de sus hojas
movidas por el viento.
Quiero pensar que dialogan
con los silbidos de las aves
que en sus recovecos hacen nido.
Puedo sentir cómo nos dan su amor
transformando los fluidos del aire en oxígeno,
en aliento para la vida,
a la vez que nos regalan el perfume de sus flores
y la dulzura de sus frutos.
¡Tantas cosas innombrables que ellos dicen,
y nos hemos dicho a la sombra de un árbol!
Y, ahora que lo pienso,
¿no fueron acaso, todo cuanto dijimos tú y yo,
diálogos que por siempre han mantenido
el viento y las ramas?
