El otro día reflexionaba sobre la diferencia entre vivirse la búsqueda o vivirse el encuentro. Caminar sin un mapa o seguir las huellas de los maestros…
La vida es la Gran Maestra.
Al final todos acabamos confrontando creencias en esos tramos que marcan la trascendencia:
Soledad, miedo, muerte, desamor, incertidumbre, vulnerabilidad….
Un buscador disciplinado, un discípulo, se pone por voluntad propia en esos tramos y aprende y trasciende y sigue adelante.
La gran masa estamos entretenidos en crear un mundo de protecciones para evitarlos, pero en algún momento la vida nos pone delante del aprieto sin dejarnos opción a esquivarlo.
Aun así podemos elegir entre rendirnos a nuestra verdad, y en esa rendición renace un nuevo canto a la vida;
o rebelarnos, remarcando la frontera entre vida y muerte,
fortaleciendo el ego,
perpetuando el desamor en nuestras relaciones,
haciendo a la duda inteligente…
¿Está más cerca de la iluminación el canto a la vida o el canto a la muerte?
¿El canto a la expansión mental o el canto al vacío de la meditación?
Para mí la Búsqueda misma es el Encuentro.
La vida se nubla y llueve para que la luz resplandezca en el arco iris…
