Luis G. Urbina lo llama Metamorfosis en este poema donde describe a un beso cautivo enamorado de una mano que se cree libre aunque al final acaba huyendo. En mi poemario particular ha supuesto la transformación que hizo la mano (lo personal) para acercarse lo suficiente a ese espacio intangible al que no se le da reconocimiento, ni aceptación, ni expresión. La metamorfosis de un prisionero beso en suspiro liberado. La transformación en aliento esencial de todo eso que quedó olvidado, ajeno, oprimido…
A veces se manifiesta el amor entre lo uno sintiente ahí dentro y lo otro visible ahí fuera; amor hacia lo ajeno que no siempre acepta el todo en la otredad. Otras veces no encuentras nada ahí fuera que despierte tu sentir, y miras adentro. Con ojos de asombro ves la infinita paciencia con que el amor va uniendo en ti un espacio y otro; descubres entonces un sentimiento prístino que ya no puede rechazar nada, pues ahí dentro nada queda fuera del sí mismo.
Y es ahora, mientras declamo el poema de Luis G. Urbina, cuando se me hace visible el amor entre un verso y otro; entre una imagen –el beso o el amor– y otra –la mano o la persona. El poema es lo otro que ahora siento y acepto en la totalidad de sus estrofas. Las imágenes son dos espacios en mí que ya no se rehuyen. Se están amando desde siempre.
Metamorfosis – Luis G. Urbina
Era un cautivo beso enamorado
de una mano de nieve, que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de un ave en la agonía.
Y sucedió que un día,
aquella mano suave
de palidez de cirio,
de languidez de lirio,
de palpitar de ave,
se acercó tanto a la prisión del beso,
que ya no pudo más el pobre preso
y se escapó; mas, con voluble giro,
huyó la mano hasta el confín lejano,
y el beso que volaba tras la mano,
rompiendo el aire, se volvió suspiro.