… llega el otoño con sus dorados paisajes, invitando al disfrute de ese sol-y-sombra que no necesita de aires acondicionados ni calefacciones en la naturalidad de nuestras rutinas recuperadas. Y qué adiós puede hacerse en esta bienvenida de estación que no sea quitarse las gafas de sol y ver las cosas sin más filtros que los que cada cual lleva en su mirada, notando de común que ya no escuece en los ojos la luz de los colores que nos circundan.
Y atrás, o al fondo, queda un verano de ritmos rápidos, de actividades a ras de suelo en los sótanos del sistema, o tras el telón de esos escenarios idílicos para las vacaciones y el descanso. Un verano que me invitó a bajar de mi nube de palabras y entrar de nuevo en ese gran puchero sistemático donde los ingredientes del ser humano se cuecen a altas temperaturas, entrechocándose en su ebullición, y en el cual, si se tolera la presión, surge también la sustancia que nutre el propósito de seguir viviendo pese a todo y con todo lo que vivir significa.